| "Yo
prometo a todo el que rece el Santo Rosario diariamente y comulgue los primeros
sábados de mes, asistirle en la hora de la muerte." (El Escorial. Stma. Virgen, 5-03-82) |
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"Todos
los que acudís a este lugar, hijos míos, recibiréis
gracias muy especiales en la vida y en la muerte." (El Escorial. El Señor, 1-1-2000) |
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en Prado Nuevo de El Escorial. (Madrid)
LA
VIRGEN:
Hija mía, aquí estoy otra
vez más, para acompañaros, para fortaleceros y para protegeros,
hijos míos. Os vengo a pedir: oración, sacrificio
y penitencia; lo que los hombres hoy han olvidado. El mundo está
sin Dios y por eso camina hacia la perdición; pero los hombres están
ciegos y no ven que los hombres se han desmoralizado y se han deshumanizado,
hija mía, y quieren vivir cada uno su libertad y cada uno gobernarse
sin que nadie lo gobierne. Pero los hombres siguen obstinados en no verlo.
Repito otra vez más: que los hombres sin Dios no son humanos, porque
el hombre tiene un alma dentro del cuerpo, y el alma pertenece a Dios, pero
los hombres no se preocupan del alma. Por eso os pido a vosotros: orad.
¿Y cómo los hombres no quieren que me manifieste?, si cada día
los hombres están más olvidados de Dios, de los Sacramentos,
del Sacramento del Matrimonio; la mayoría de los hombres no quieren
el Sacramento del Matrimonio. El hombre está como las fieras y no quiere
que nadie lo socorra espiritualmente. Por eso pido una vez más: oración,
sacrificio y penitencia. Amad mucho a la Iglesia. Visitad a mi Hijo en el
Sagrario; ¡a veces está tan triste! Frecuentad los Sacramentos,
hijos míos, acercaos a la Eucaristía., amad al Santo Padre y
orad por él. No os abandonéis en la oración, hijos míos.
Haced buenas obras, porque muchos movimientos. . . Sólo mueven los
labios, pero no se acuerdan de mover el corazón, y el hombre, si no
mueve el corazón, no le sirve para nada el movimiento de los labios.
EL SEÑOR:
Sí, hija mía, hay que pedir mucho. Nada te angustie, hija
mía, ni las persecuciones ni las calumnias. Yo puse esta Obra en tus
manos, para que me glorifiques y para que todos los que pertenecen a ella
me glorifiquen; porque el mundo me glorifica poco; porque nadie quiere vivir
el Evangelio; lo ven crudo; por eso hay muchos que son infieles, porque quieren
estar, como los fariseos, en los primeros puestos,
con apariencias, pero sin vivir el Evangelio. Te pido, hija mía, que
corrijas; porque corregir es amar y hacer reconocer a muchas almas sus heridas,
porque no quieren reconocerlas. Sólo cuando se intenta desinfectar
la herida, para que no mueran, porque hay heridas mortales, y les escuece,
es cuando se dan cuenta; pero su orgullo y su soberbia, hija mía, no
les dejan reconocer, y por eso no quieren ser corregidos.
Yo quiero que todo el que pertenezca a esta Obra me ame y me glorifique, ame
a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo, que
es de lo que el hombre se ha olvidado; pero algunos quieren ser glorificados,
no glorificarme. Sólo uno es vuestro Señor: vuestro Dios. Pero
también hay algunos, hija mía, que se entregan a la medida de
sus fuerzas y me alaban y me glorifican; se dejan corregir, porque aquellos
que hacen mi voluntad, aquéllos son los que más me agradan.
Pero aquellos que piensan en sí mismos, en los suyos, sin acordarse
del que les tiende una mano; para ayudarlo, protegerlo. . . El
amor, hijos míos, es la moneda más grande para ganar el Cielo
y para ir a la Patria Celestial. Un alma helada no sirve para nada
por mucho que mueva los labios; es un témpano de hielo, que si no ama,
de nada me sirven sus obras, hija mía. El hombre está creado
para amar: para amar a su Creador y a sus creaturas; por eso quiero que os
entreguéis en cuerpo y alma a los pobres y a los necesitados. Y, ¡ay,
de aquellos que sólo piensan en ellos y en los suyos; y aquellos que
no ejercitan el corazón y mueven los labios, aquellos fariseos que
no socorren al pobre!
Los que pertenecéis a esta Obra entregaos en cuerpo y alma; ayudad,
para que se extienda por todos los rincones del mundo. No queráis estar
en los primeros puestos donde todo el mundo os vea; escondeos cuando hagáis
las obras, y que nadie os dé palmaditas ni que escuchéis halagos.
Eso os gusta a algunos mucho, hijos míos, y esas palabras están
vacías de Dios, llenas de mundo, de orgullo y de vanidad. Matad vuestro
orgullo, sed humildes y aprovechad tantas y tantas gracias como estáis
recibiendo, hijos míos. Yo os prometo que todo el
que colabore con los pobres y necesitados tendrá un lugar en la Eternidad.
Y el que ama a Dios con todo su corazón, con todas sus fuerzas y con
sus cinco sentidos, ama al prójimo. Por eso los hombres
fallan en el amor, porque no aman a Dios como hay que amarlo. Cuando Dios
los pone a prueba, rechazan la cruz y no quieren que nadie les hable ni de
cruz ni de obediencia, porque quieren hacer su voluntad: la libertad de los
hijos de las tinieblas; porque la libertad que Dios da al hombre es para ser
amante de Dios y del prójimo. Por eso, otra vez más,
pido que vuestras obras estén unidas al amor de Dios; y tendréis
el Paraíso ganado. Ésa es la moneda que Yo doy a cambio del
amor hacia los necesitados.
Nada te angustie, hija mía; sé humilde y fortalécete
cada día más en nuestros Corazones.
LA VIRGEN:
Acudid a este lugar, hijos míos, que seréis bendecidos
y marcados con una cruz.
Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para los pobres
pecadores.
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo
y con el Espíritu Santo.
"Haced apostolado por todas las partes del mundo,
hijos míos,
extended los mensajes, hijos míos.
¡Cuántos se ríen de mis mensajes!
Llevadlos por todos los rincones de la tierra.
(Stma. Virgen: 1-10-1983)
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