MENSAJE DEL DIA 4 DE JULIO DE 1998, PRIMER SABADO DE MES, EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Ya estoy aquí, hija mía, como Madre de todos los pecadores.

EL SEÑOR:

¡Cuánto gozo siente mi Corazón cuando un pecador se convierte y, cuando andando en la muerte por el pecado, ha buscado la vida por la Gracia! Por eso, quiero que a mi Madre se la venere y se le dé culto, porque los hombres no la ponen en el lugar que le corresponde. Mi Madre se merece algo más; Ella es la llena de Gracia, el instrumento que mi Padre escogió, para participar en el misterio de la Encarnación. Si veneran a María, los hombres conocerán más a Jesús y lo honrarán más, pues el que rechace a María rechaza a Jesús. Mi Padre la ensalzó a los Cielos y la hizo participar de todos los misterios. La dio por Madre a los hombres, fue Corredentora con Cristo y ¿cómo los hombres dicen que María no puede aparecerse?, es Madre de los hombres, y una madre no puede olvidar a sus hijos.

LA VIRGEN:

Hija mía, Yo me consagré toda a Dios mi Creador, toda mi vida, con estas palabras: "He aquí la esclava del Señor, hágase en Mí según tu palabra". Y ahí consagré toda mi vida y presenté a mi Hijo a los hombres y lo entregué para su redención. Hijos míos, ¿cómo puedo olvidar a los pecadores si Dios me ha nombrado Madre de ellos? Acudid, hijos míos, a protegeros bajo mi manto, que Yo aliviaré vuestros dolores y vuestras penas y os consolaré.

Acudid a este lugar, que estoy distribuyendo muchas Gracias, para los pobres pecadores. Todo el que acuda será bendecido y recibirá muchas Gracias, para su salvación.

Amaos unos a otros, hijos míos. Amad a la Iglesia, amad al Santo Padre, el Vicario de Cristo al que mi Corazón ama y ha protegido de muchos males.

Os repito, hijos míos, como Madre de la Iglesia: acercaos a los sacramentos y a la Eucaristía, no la dejéis, hijos míos, esa es vuestra fortaleza. Amaos unos a otros como Cristo os amó, hijos míos; no olvidéis su Pasión, que su Pasión está olvidada. Fue el amor que tuvo a los hombres, su Pasión y su muerte.

Levantad todos los objetos, hijos míos; todos serán bendecidos, con bendiciones especiales para el "día de las tinieblas".

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

(EJEMPLAR GRATUITO)

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