MENSAJE DEL DíA 2 DE MARZO DE 1991, PRIMER SABADO DE MES
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
LA VIRGEN:
Hija mía, así quiero que mueras tú, dia a día, agonizando. Coge la cruz, hija mía. Cárgatela sobre los hombros.
(Amparo emite quejidos en los que desmuestra gran sufrimiento)
LA VIRGEN:
Ayuda a mi Hijo, hija mía, a llevar la cruz.
(Amparo durante 14 minutos gime diciendo varias veces: "¡Dios mio!". Cae al suelo siete veces, mientras camina de rodillas con la cruz a cuestas; expresa sin palabras que el peso que lleva es insoportable. Se oye el ruido de la cruz arrastrándose por el suelo. Al concluir estos momentos, Amparo está completamente agotada).
LA VIRGEN:
Besa el suelo, hija mía.
Es necesario, hija mía, que los hombres reparen las ofensas que hacen a la divina Majestad. ¿Ves, hija mía, cómo los hombres han convertido la tierra en escenario de crímenes? Dicen los hombres, hija mía, que luchan por la paz. Luchan por el poder, hija mía. Mira, hija mía, la sangre que ha caído de tantos y tantos inocentes, hija mía. Mi Hijo manda a los ángeles recoger toda esta sangre para purificar a la humanidad tan desagradecida, hija mía. Los hombres no es-cuchan la voz de Dios y sus corazones están endurecidos, hija mía. Los gobernantes no piensan nada más que en subir al poder y hablan falsamente del nombre de Dios. Sus creencias son falsas, hija mía; es la astucia del enemigo para destruir las almas. Sus corazones están endurecidos a la gracia y como fieras furiosas se destruyen unos a otros. Mira mi pobre Corazón, hija mía, sangra por todos mis hijos.
Vuelve a besar el suelo, hija mía, para reparar tantas y tantas ofensas.
Los hombres, hija mía, se han olvidado de las Leyes de Dios y aplican ellos sus leyes a su antojo y como les conviene. Mira mis mejillas, hija mía, cómo caen las lágrimas.
(Amparo solloza desconsoladamente)
LA VIRGEN:
Mi Corazón está traspasado por una lanza, hija mía. La juventud se pierde, hija mía, en un camino sin retorno. Ora con la cabeza en el suelo, hija mia.
(Amparo sigue llorando con la cabeza en el suelo).
LA VIRGEN:
Hija mía, este camino no tiene retorno; ellos lo escogen, hija mía. Primero sienten el gozo y luego sienten el dolor, hija mía, físico, en el cuerpo. Por eso, hija mía, te pido que es necesario ágonizar con Cristo para redimir a tantas y tantas criaturas que Satanás los introduce en su mundo. Son débiles, hija mía, y se aprovecha de su debilidad para trastornarlos y destruirlos. Pide por sus almas, hija mía, porque Satanás podrá con su cuerpo, pero no podrá con sus pobres almas.
Yo soy Madre del Amor, Madre de la Misericordia; y todo el que invoque mi Nombre en mis brazos maternales los conduciré a mi Hijo. Por eso sufre mi Corazón, hija mía, porque los hombres están cada día peor y más aferrados a la materia, al gozo. Satanás se cree victorioso, pero no podrá con sus almas, hija mía.. El gozo del cuerpo será purificado con el dolor. Por eso exige mi Hijo que se repare tantas y tantas ofensas como se cometen en la humanidad; esta pobre humanidad amenazada de muerte por el pecado.
Yo soy la Madre de todos los pecadores, hija mía. Ora, hija mia, por esta pobre humanidad. (Pausa) . Invoca al Padre, hija mia.
AMPARO:
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan de cada dia, perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en tentación y líbranos de todo mal.
LA VIRGEN:
Acudid a Mi, hijos mios, acudid a Mi que soy la Madre de los angustiados, de los marginados, de los pecadores. Soy Madre de Amor y Misericordia. Mi Hijo en Caná, en las bodas de Caná, hija mía, ya quiso que hiciese esa familia apostólica. Ahí empezó la primera familia, hija mía. Por eso las palabras de mi Hijo: "Mujer..." era como Madre de los pecadores, como Madre de la humanidad. Ahí mi Hijo quería olvidar los lazos de carne para formar esa familia; allí fue donde mi Hijo me nombró la segunda Eva, donde El, el segundo Adán, hija mía. Desde ahí ya recorrí todo el camino de la vida pública de Cristo hasta llegar a la cruz, hija mía, donde las palabras de mi Hijo fueron: "Ahí tienes a tu Madre", "Mujer, ahí tienes a tu hijo". A Mi me dio por Madre de toda la humanidad.
Por eso os pido, hijos míos, acudid a Mí, que mi Hijo me ha dado gracias para todos los pecadores, para aplicarlas sobre todas las almas, sobre todos mis hijos, hija mía. Mi pobre Corazón sufre por todos, por buenos y malos. (Amparo no deja de llorar a lo largo de todo este mensaje)
Pide a los hombres que se humillen, hija mía, que la humildad los purificará. Yo los amo a todos y quiero que todos se salven, hija mía.
Ayudadme, hijos míos, a reparar tantos y tantos pecados y para hacer que los hombres cumplan las Leyes de Dios. Acudid a este lugar, que todos los que acudáis a este lugar seréis bendecidos y protegidos y transportados a la tierra prometida. Todos recibiréis gracias.
Y tú, hija mía, tu misión es sufrir y reparar. Tu tiempo se acorta y tu eternidad será larga. Desgástate por los pobres pecadores. Las almas víctimas tienen que dar su vida por los demás, hija mía. Oración y penitencia quiero, sacrificios y renuncias al mundo, hija mía. Los hombres están materializados y no piensan nada más que en sí mismos. Grandes castigos van a caer sobre la humanidad. Pensad que estáis en el último tiempo de la mitad del tiempo. No os durmáis, hijos míos, estad preparados para que cuando llamen a vuestra puerta salgáis con la lámpara encendida. Cumplid el Evangelio y extended el Evangelio por todos los rincones de la tierra. Los hombres necesitan de la palabra de Dios. Sed humildes, hijos míos, y amaos unos a otros.
Voy a dar una bendición especial para todas las almas. Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con una bendición especial para la conversión de los pecadores.
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.
Moved el corazón cuando mováis los labios, hijos míos. La fe sin obra está muerta.
Tú, hija mía, refúgiate en mi Corazón; mi Corazón te protegerá. Pero tu misión es sufrir, hija mía.
La paz os dejo.
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