MENSAJE DEL 2 DE ABRIL DE 1988 (PRIMER SÁBADO DE MES)
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
Habiendo rezado Luz Amparo y sus acompañantes en Prado Nuevo de El Escorial, los quince misterios del santo Rosario, terminado el quinto misterio de dolor. contempla a la Virgen Dolorosa y transmite el siguiente mensaje:
LA VIRGEN:
Hija mía, la situación del mundo es grave. Los altos puestos de la Iglesia están demorando mucho decir a las almas el gran peligro que encierra El mundo. Es necesario, hija mía, que se haga una llamada urgente a toda la humanidad a penitencia y oración. Así quedará el mundo, hija mía. (Pausa durante la cual ve al mundo anegado en lava incandescente y agua).
Vas a empezar besando el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados como hay en la humanidad. No avisan a los hombres el peligro que acecha a esta humanidad sin Dios. Hay un falso movimiento en las almas. hija mía. van a la iglesia para ocupar los primeros puestos y para que sean admiradas por los hombres, pero no cumplen con la Iglesia como Cristo instituyó sus leyes. Mira, hija mía, cómo ponen a mi Hijo los pecados de tos hombres. (Pausa y llanto de Amparo al ver a Jesús llagado y desfigurado por el pecado).
Vuelve a besar el suelo en reparación de las ofensas que se hacen al Inmaculado Corazón de María.
Y vosotros, almas consagradas, dedicaos a vuestro ministerio y olvidaos de las concupiscencias de la carne. Sois escogidos por Dios; sed piedras vivas y explicad el Evangelio en su esencia, tal como es.
Y vosotros, laicos, ayudad a los pastores y enseñad todos unidos la riqueza que hay en la Iglesia. Explicad que hay manantiales divinos para alimentar a los hombres. Que todos vengan a estas fuentes inagotables. Y juntos todos, hijos míos, a la piedra angular; a esa piedra preciosa que Cristo puso en la tierra para salvar a la humanidad; y todos unidos, hijos míos, formad un sólo rebaño con un sólo pastor. El rebaño de Cristo no puede estar dividido, hijos míos. Amad mucho a la Iglesia; y todos aquéllos que estéis sedientos acudid a este manantial inagotable. Nunca se agotará este manantial; son tres bocas las que sustentan a este manantial: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Acudid todos, hijos míos, y aprended de Jesús. Cumplid con las leyes que El ha instituido para la salvación de los hombres. Todo el que venga y coma el Pan celestial y beba de este manantial tendrá vida eterna, hijos míos, y participará un día en este banquete celestial con los bienaventurados, ángeles y arcángeles; querubines y serafines.
Pero ¡ay, de aquéllos hipócritas fariseos que ocupan los primeros puestos para que los vean! Más les valiera no haber nacido, hija mía, porque mira lo que tiene reservado Dios para ellos. (Gime asustada viendo una niebla muy densa y oscura en la profundidad de un túnel sin salida).
Velad y orad, hijos míos, para no caer en tentación. Muchos el día del Juicio, hijos míos, muchos vendrán, pero no serán escogidos.
El Angel, hija mía, de la Justicia divina está sellando las frentes de los escogidos. Y el ángel de la maldad, de la mentira también sella las frentes y las manos.
¡Cuidado, hijos míos!, vais a ser sellados aquellos que no habéis sido. (Pausa). ¡Haced honor a este sello. hijos míos! es muy importante este sello en vuestras frentes; corresponded a él con oración y sacrificio. Amad nuestros Corazones.
Los tiempos son graves, hija mía, ¡La apostasía es muy grande en el mundo. Los cristianos son cristianos de apariencia, pero no son practicantes a las leyes de Dios.
Amaos unos a otros, hijos míos, y llevad el Evangelio por todos los rincones de la tierra.
Y tú. hija mía, sé humilde, muy humilde; con humildad se conseguirá el cielo.
Rezad todos los días el santo Rosario con devoción, hijos míos. Es la hora de María. María reinará sobre toda la humanidad, hijos míos. Así lo quiere Dios, que mi Inmaculado Corazón reine. Pero cuidado, hijos míos el rey de la mentía quiere ganar la batalla y cree que está a punto de ganarla la. No os dejéis engañar, hijos míos, por ese rey de maldad y de perversidad.
Acudid a este lugar, hijos míos. Todos los que acudáis a este lugar recibiréis gracias especiales y muchos seréis sellados con este sello especial, el sello de los escogidos. (En una pausa muy larga contempla tristemente derrumbarse gran parte de la ciudad de Roma).
Mira, hija mía, si está próximo. (Ve desaparecer de diversas maneras personajes actuales). Por eso te pido: sé víctima de reparación por todos los pecadores del mundo.
Y vosotros, aquéllos que os llamáis de Dios, dejad el mundo y dedicaos a las almas. Mis hijos queridos, ¡qué poco amáis nuestros Corazones! Olvidaos del mundo, hijos míos, y ocupaos de vuestros ministerios. En las almas hay mucha falta de fe, hijos míos. Trabajad, orad, haced penitencia; veréis cómo estaréis firmes en el camino del Evangelio.
Vuelve a besar el suelo, hija mía, en reparación de las ofensas que se hacen a nuestros Corazones.
Es preciso sufrir, hija mía, para conquistar almas para el rebaño de Cristo.
Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos. (Pausa)
Todos han sido bendecidos con bendiciones especiales para la salvación de sus almas.
Os bendigo, hijos míos.
La paz os dejo, hijos míos.
Adiós.