MENSAJE DEL DIA 5 DE ABRIL DE 1986
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
A eso de las 6,20 de la madrugada, Luz-Amparo, prudentemente acompañada, en virtud del aviso recibido de la Santisima Virgen, baja de su casa al fresnedal de Prado Nuevo. Rezan los misterios gloriosos del santo Rosario y a continuacion comienzan los gozosos. Y es en el cuarto misterio gozoso cuando la Santísima Virgen hace su aparición vestida de blanco. Luz-Amparo entra en éxtasis y transmite el mensaje que recibe de la celestial Señora y que es tomada en cinta magnetofónica.
Pese a la lluvia torrencial que en Prado Nuevo — "Prado Santo", dicen muchos— caía durante el Rosario de la tarde, a las 17 horas, la concurrencia de peregrinos era extraordinariamente numerosa; se afirma que como nunca. A esta multitud que, con devota serenidad, bajo el chaparrón expresa su filial amor a la que es Madre de Dios y Madre nuestra, los altavoces transmiten el mensaje de la mañana cuyo texto se expone a continuación:
"Hija mía, aunque mi corazón sigue con mucho dolor, hoy no vengo vestida de dolor. Vengo vestida de blanco porque hay muchas almas que todos estos días, hija mía, se han ofrecido víctimas de holocausto por la salvación de los pecadores (Pausa); han correspondido mucho a la oración y al sacrificio. En agradecimiento a sus oraciones, hija mía, vengo vestida de blanco. (Pausa.)
La sociedad, hija mía, sigue, sigue ofendiendo gravemente a la divina Majestad de Dios. Y grandes calamidades van a seguir cayendo sobre la humanidad.
Cuidado, hijos míos, que los espíritus de las tinieblas rondan el mundo para apoderarse de las almas. Estos espíritus con su malicia se introducen dentro de aquellos corazones que todavía están calientes en la oración y en el sacrificio. Se introducen para hacerlos bloques de hielo y para que la oración la abandonen y sus almas queden tibias y aletargadas, hija mia.
No os abandonéis en la oración, hijos míos. El espíritu de Satán está entre la humanidad. Quiere hacerse dueño de esos corazones; hacerse dueño de los corazones, de las almas que están entregadas a Mí, hija mía. (Pausa.)
En el globo terrestre, hija mía, las malas lecturas abundarán; dirán terribles cosas y calumnias atroces contra las cosas santas; y aquellos que verdaderamente están entregados a Dios, al oír estas cosas, dudarán de su existencia. No hagáis caso, hijos míos, porque los poderosos quieren destruir las cosas santas y que reine en el mundo el ateísmo y el espiritismo poco a poco, hija mía. Y querrán hacer desaparecer toda palabra de Dios.
Cuidado, hijos míos, que Satán tiene mucha astucia. El rey de las tinieblas ha hecho un pacto con varias naciones; y estas naciones, hija mía, serán la ruina de la humanidad. Sólo con oración y con sacrificio se podrá evitar un gran castigo, hija mía. Satán enturbia las almas de los hogares. Los matrimonios, por cosas sin importancia, arman grandes guerras. Se apodera de sus almas con la pereza. Muchos, hija mía, serán sellados con el sello de Satán. Pero aquellas almas que vengan a Mí, Yo las llevaré a mi Hijo, y mi Hijo las llevará al Padre.
Mi Hijo no hace justicia sobre el globo terrestre si no es obligado por las almas. Primero derrama gracias, amor, misericordia. Y, si estas almas rechazan esas gracias y ese amor, mi Hijo, con la espada de la justicia, hará justicia sobre la tierra. (Pausa.)
AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS, HIJOS MIOS. NO SEAIS MATERIALISTAS. NO SEAIS PEREZOSOS, HIJOS MIOS. NO OS ABANDONEIS EN LA ORACION.
Siguen las discordias entre los seres humanos. En los hogares, hijos míos, no hay amor entre vosotros.
AMAOS COMO CRISTO OS AMA, HIJOS MIOS. MIRAD SI OS AMA CRISTO, QUE TODAS ESTAS GRACIAS LAS DERRAMA SOBRE EL MUNDO. (Amparo llora.) ABARCAN A TODA LA HUMANIDAD. NO MIRA NI RAZA NI COLOR. TODOS SON HIJOS MIOS
Y SOBRE TODOS DERRAMA LAS GRACIAS.
También pedid mucho por los guías de la Iglesia, porque Satán introducirá en los seminarios y en los conventos a espíritus del mal encarnados, para destruir las órdenes religiosas. (Pausa.) Satán con su astucia, hija mía, quiere hacerse dueño. Pero venid a vuestra Madre, que vuestra Madre es el camino seguro para ir a Cristo.
NO OS DEJEIS SELLAR POR SATANAS. DEJAOS SELLAR POR EL ANGEL DEL BIEN CON LA SENAL DE LOS ESCOGIDOS, HIJOS MIOS. No os abandonéis en la oración. Si os abandonáis en la oración, vuestras almas quedarán tibias y aletargadas; y es un modo de Satán poderse aprovechar de ellas. (Pausa.) Pedid gracias, hijos míos, que, si vuestras oraciones salen de dentro de vuestro corazón, todo lo que pidáis se os concederá, hijos mios.
El anticristo, hija mía, se apoderará de Roma. Hay muchos secuaces del anticristo; y él quiere sentarse en la Sede. Pedid mucho por mi Hijo, mi Vicario. Es muy perseguido, hijos míos; y el anticristo está cerca para hacerle sufrir, hija mm. (Pausa.) Uníos a él en oración y ofreced vuestras oraciones por él. NUESTROS CORAZONES LE AMAN. (Pausa.)
Oración y sacrificio, hijos míos. Haced mucha oración para que vuestra Madre pueda venir vestida de blanco y se quite la ropa de dolor. (Pausa.) Muchos no rezáis el Rosario todos los días. OS HABEIS ABANDONADO, HIJOS MIOS. Os lo pido: ˇREZAD EL ROSARIO EN FAMILIA TODOS LOS DIAS! (Pausa.) Educad a vuestros hijos en un hogar cristiano. No debe de faltar la Palabra de vuestro Cristo ni de vuestra Madre María Santísima, Pura, Dolorosa, hijos míos. (Pausa.) ˇMI CORAZON OS AMA TANTO...!
Dios Padre ama tanto a la raza humana, que no ha querido extinguirla. Le da oportunidad, oportunidad para salvarse. (Pausa.)
Besa el suelo, hija mía, por los pobres pecadores. (Amparo se inclina y besa el suelo.)
Sé muy humilde, hija mía, muy humilde. A todos mis hijos, a todos les pido humildad.
Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con gracias especiales, hijos míos. (Pausa.) Todos han sido bendecidos.
Penitencia, hijos míos, penitencia y oración. Pedid por las almas consagradas, porque quiero pastores de almas; pastores santos, que ayuden a mi Iglesia a salvar almas.
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.
Adiós, hijos míos. ˇAdiós!
La multitud clama: «ˇAdiós, Madre!»
La VOZ DE DIOS (Vox Dei) clama: «Os amonesté a tiempo repetidas veces y no me escuchasteis, os llamé y no me respondisteis» (Jeremías 7, 13.)
Ojalá escuchéis hoy su VOZ: «No endurezcáis el corazón» (Salmo 94, 7-8).