MENSAJE DEL DÍA 6 DE ABRIL DE 1985

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

«Hija mía, aquí tienes la cita.

Tú me pediste venir, pero ¡como me lo han prohibido...! Me han dicho que me abstenga; para mí es prohibirme. ¿Tú qué dices?, porque yo lo paso muy mal, yo quiero venir a este lugar, pero ayúdame Tú, para ver lo que haces. ¡Ay, Madre mía, Tú que lo puedes todo!

Nadie, hija mía, nadie podrá destruir los planes divinos.

¡Ay!, pero a mí me están destruyendo con no venir aquí a este lugar.

Ven todos los días, hija mía; aquí te espero.

¡Ay, Madre mía, qué Grandeza! ¡Soy tan soberbia, que quisiera venir todos los días, y hablar contigo! Hay veces que estoy muy triste.

Obedece, hija mía, únete a ellos en la obediencia. No has hecho votos, pero para Mí es muy importante.

¡Ay qué Grande eres, Madre mía! ¡Ay!, hazme lo que quieras porque soy soberbia; si quieres, humíllame.

Mira, hija mía, todos estos que ves, con el Rosario en la mano, han sido mártires de mi oración.

¡Ay!, todos vestidos de blanco. ¡Cuántos Rosarios...! ¡Ay qué Grande eres!

Te sigo pidiendo, seguid rezando, hijos míos, seguid haciendo sacrificios.

También pido, hija mía, que pidas, QUE SE MORTIFIQUEN LOS SENTIDOS Y QUE AMEN A DIOS, SU CREADOR, CON TODO SU CORAZÓN, CON TODAS SUS FUERZAS.

Únete, hija mía, al Vaticano, pide por el Vicario de Cristo, no te salgas hija mía, ni escuches aquellos que vayan en contra del Vaticano.

Ámanos mucho, hija mía; te sigo repitiendo: crucifícate por las almas consagradas. Obedece, hija mía, la obediencia es tan importante...

;Ay qué gozo! ¡Ay qué alegría siente mi corazón! ¡Ay qué Grande eres, Madre mía! Ayúdame a soportarlo todo. Ayúdame, Madre mía, quiero ser fiel y obediente, humilde, es muy duro, Madre mía.

Pide por los sacerdotes hija mía, pide, pero no los critiquéis; pide que se llenen de Dios, y que el Espíritu Santo los ilumine para que lleven la sal de la Tierra por todos los rincones del mundo y para que lleven almas al cielo.

Tú sabes, Madre mía, que yo os quiero mucho a los dos, con todo mi corazón, con todas mis fuerzas. (Estas palabras las acentúa mucho.) ¡Os amo tanto, Señor! He empezado tarde a amaros, pero os amo con todo mi corazón, y quiero dar mi vida por Vosotros. ¡Ay, Madre mía! Tú dices que hay muchas maneras de ser mártir, pero yo quiero ser mártir. ¡Ay, Madre mía!

Todos los primeros sábados tengo una cita contigo, hija mía. Yo escogí este lugar, no lo escogiste tú, por eso yo te pediré a qué hora puedes venir a este lugar para poder comunicarme contigo. Yo escojo mis lugares, nadie me los escoge.

¡Ay, Madre mía, qué Grande eres!

Dad ejemplo, hijos míos, con vuestra caridad, con vuestra humildad y con vuestro amor. No pidáis paz, si antes no lo hacéis vosotros.

Besa el suelo, hija mía, en acto de humildad. (Amparo besa el suelo y otras muchas personas al tiempo.)

Y sé humilde, muy humilde, y pequeña, muy pequeña, para poder moldearte a nuestro capricho.

También os voy a dar una bendición muy especial, hijos míos. Esa bendición vendrá del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Os bendigo a todos, hijos míos, Adiós.»

(transcrito de la cinta grabada en el Prado el día 6 de abril de 1985 a las 9 de la mañana, y tomada del altavoz del Prado el día 4 de mayo de 1985, al terminar el rezo del santo Rosario.)