MENSAJE DEL DÍA 6 DE MAYO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

"Hijos míos, hoy en el día de todas las madres, vengo a felicitaros, hijas mías, porque sois madres y os preocupáis de vuestros hijos. Pero bienaventuradas aquellas madres que no se preocupan sólo del cuerpo, que se preocupan del alma, hijos míos. También Yo Soy Madre, por eso he venido a felicitaros. Yo soy Madre de toda la humanidad.

Rezad, hijos míos, rezad el santo Rosario; me agrada tanto esta plegaria, hijos míos... (hondos suspiros) Cuántas madres, hijos míos, os preocupáis sólo del cuerpo de vuestros hijos. Educadlos en la doctrina de Cristo, hijas mías, vosotras vais a ser responsables cuando os presentéis ante el Padre, hijas mías; por eso os pido: educad a vuestros hijos, pero educadlos desde niños, porque el árbol se le educa desde pequeño, como a un niño, hija mía; se le cuida, se le riega para que crezca y dé buen fruto. Eso os pido, hijos mios, que criéis a vuestros hijos en el santo temor de Dios.

¿Como este día, hijos míos, podía faltar vuestra Madre para felicitar a esas madres que son esclavas de sus hijos?. Pero aquellas madres que por sus diversiones no se preocupan de sus hijos, que no hacen nada más que coquetear y gastarse lo que Dios les ha dado.. Bienaventurados hijos mios, aquellos que habéis tenido el don de adquirir riquezas y las distribuís con los pobres y no las gastáis en lujos, hijos míos, tendréis que dar cuenta. (Suspiros de satisfaccion).

Mira, hija mía, en, una ocasión te dije, hace mucho tiempo, que, cuando llegue el momento, de que los ancianos sueñen y los niños vean, el tiempo se aproxima. El fin de los fines. Cuántos ancianos han venido diciendo que han soñado con las maravillas del cielo. Es verdad, hija mía, porque ¡esto es verdad! (Ámparo suspira con pena y dice):

¡Y yo no haber hecho caso de eso..! Yo había pensado (entre sollozos sólo se entiende): ¡Ay..., av..!

Tú piensas, hija mía, que mi Hijo te ha dado esto de la luz para saber lo que es verdad y lo que es mentira. (Siguen los sollozos). Pero por eso te advierto que seas astuta también, hija mía. Pero escucha a aquellos ancianos y aquellos niños, pues son inocentcs, hija mía. Cumplid con el Evangelio de Cristo. Todo el que cumpla con el Evangelio de Cristo, (simultaneando con los sollozos) promete el reino del cielo, hija mía.

Hoy sólo he venido a felicitaros, madres, madres de todos los hijos de la tierra, porque Yo soy Madre de toda la humanidad. (Sigue Amparo con sollozos de íntima paz).

¿Ves como las oraciones purifican a las almas, hija mía, y los sufrimientos? Saca tres espinas de mi Corazón. Se han purificado tres. (Expresión de alegría en Amparo).

¡Ah... ah.¡ ¡Cómo están en el Corazón! ¡Ay...!

Está lleno de espinas porque los hombres son cada día peor, hija mía. ¡Cuánto me agradan los Rosarios! Hace mucho tiempo que no se rezaba el santo Rosario en este lugar, hija mía. También me agradaban los cánticos que se oían detrás de los misterios, hija mía, (sollozos de Amparo). Quita una espina primero y destrás quita las otras dos que están más profundas. (Intensificando el gemido):

¡Avvy...! iAy!

Tira sin miedo.

Están muy profundas, iAyyy, ay! iAyyyI

Están profundas esas dos, hija mía, porque ha costado mucho su puríficación. Besa el suelo, Hija mía, en reparacion de todos los pecados del mundo (silencio mientras Amparo lentamente besa el suelo). Este acto de humildad, hija mía, sirve para la salvación de las almas. Ya te lo he dicho mucha veces: Hazte muy pequeña, hija mía. Humillate para que puedas gozar de la presencia de Dios. Eres víctima de reparación y las victimas tienen que sufrir, hija mía (largos gemidos de Amparo), pero sin lágrimas, hija mía. (Habla Amparo entre sollozos).

Ya no podré; no puedo padecer tanto. Eso es mucho... mucho.

Nunca digas que es mucho, hija mía. Jesucristo en la cruz no rechistó, hija mía, no dijo nada hasta morir perdonando a sus enemigos.

Me gusta, hija mía, que después de cada misterio cantéis ura cancion de aquellas que cantábais anteriormente:

"Con flores a Maria, que Madre nuestra es". Soy vuestra Madre, hijos míos. Es verdad. Por eso me agrada esa plegarla, hijos míos.

Ahora os voy a bendecir a todos. Y muchos de vosotros seréis marcados con una cruz en la frente, hijos míos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Ahora, hija mía, en este momento, voy a marcar a muchos de los aquí presentes (silencio; hondos suspiros mientras, la Virgen marca). Di cómo son marcados, hija mía, con un crucifijo igual a éste (Amparo levanta el crucifijo de su rosario girando de un lado a otro) pero de otro tamaño, hija mía; en forma de Y, son marcados con una cruz en la frente. Sólo con hacer con la cruz así, por el perdón de todos los humanos, hija mía, todos estáis sellados con la cruz; con la cruz de los escogidos, hijos míos (profundas y prolongadas respiraciones de Amparo). Este sello, hijos míos, es el sello de los escogidos; el sello de la cruz. Por eso, hijos míos, tenéis que coger la cruz y seguir a Cristo por el camino del dolor. Vale la pena con este Sello seguir a Cristo, hijos míos. ¿De qué valen al hombre todas las riquezas del mundo, todos los placeres, si en un segundo va a perder su alma, hijos míos? Ya sabéis que tenéis una obligación con Cristo; estáis sellados con el sello de los escogidos (Amparo exterioriza honda satisfacción y exclama):

¡Ah, aay, ay, aav, qué alegría! ¡Ay, lo has cumplido, ay, qué alegría! ¡Ay! ¡Ay, Madre mía, qué alegría mas grande! ¿Y si no te corresponden...?

Yo les daré una gracia, hija mía, para que respondan a ese sello. (Gozosa satisfacción de Amparo que dice):

Aunque me digas que soy muy soberbia, ¡cuánto te lo he pedido, Madre mía! ;Cuánto te lo he pedido! (recalcando la sílabas) ¡Ay, Madre mía, qué alegría, ay, ah, ah, ay, qué alegría siente mi corazón! Mi corazón está lleno de alegría, Madre mía. También el Mío, hija mía, porque sé que estas almas van a corresponder a mi sello. Lo sé, hija mía, que corresponderán a mi amor. También te pido yo que me agrada que después de cada misterio, cantéis esta canción: ‘Venid y vamos todos con flores a María (así lo dice) con flores a María, que Madre nuestra es". Luego sigue otra estrofa, hija mía. Pero hacedlo, os lo pido, hijos míos. Así iréis salvando a muchas almas.

¡Ah, ay, ay, ay, ay, qué alegría! Mirad arriba.

Mirad arriba, hijos míos. Mirad y dad testimonio (se oye murmullo de admiración de la gente), hijos míos. Todo es hermoso eso de arriba, hijos míos cada color es el de una morada, hijos míos. ¡Qué maravilla! Estoy haciendo maravillas en este lugar, hijos míos. Corresponded a estas gracias que os estoy dando: milagros del alma. Milagros de cuerpo también he dado. Y las maravillas de ver mi rostro reflejado en el sol (gritos de admiración impiden oir claramente). Mirad mi rostro, hijos míos, ¿no es una maravilla? ¡Qué colores mas maravillosos! Y seguid miirando, hijos míos, no os canséis de mirar, hasta que desaparezca este color, hijos. míos. ¡Cuántas maravillas está obrando mi Corazón en este Prado, hija mía! (Entre las voces de admiración de la gente se oye a Amparo):

¡ha, ah, ay, Madre! Haz que algunos no lo vean, algunos; porque si no, van a decir que es una sugestión. ¡Que todos no lo vean, no! (Sollozos de Amparo emocionada).

¡Qué dicha, hijos míos, qué dicha siente mi Corazón cuando habéis quedado sellados con el sello de amor, hijos míos¡ Seguid observando los colores tan maravillosos. ¡Cómo vibra el sol, hijos míos! ¿Quién puede hacer eso si no es Dios? Ningún ser humano puede hacer estas maravillas. (Prosigue la Virgen recalcando cada sílaba). Hijos míos, ¡cómo rebosa mi Corazón de alegría! ¡Qué alegría siente mi Corazón de que veáis todas estas maravillas! ¡Dichosos los ojos que ven y los oídos que oyen, hijos míos, porque ellos también entrarán en el reino del cielo! Pero aquellos oídos que oyen y no quieren cumplir con mis mensajes serán castigados gravemente, hijos míos.

Levantad todos los objetos. En este momento que muchos de vosotros observáis el rostro, mi rostro en el sol, hijos míos, os bendigo todos los objetos. (Hondos y prolongados suspiros de Amparo) ¡ Qué maravilla! Han sido bendecidos todos los objetos. No es sugestión, hijos míos. Estáis viendo con vuestros propios ojos (Profunda satisfacción de Amparo) ¡Qué color, hijos míos! (murmullo de la gente diciendo lo que ven) También está el rosa, hijos míos. Observad qué rosa más maravilloso, hijos míos. (Gozoso murmullo de la gente afirmando con ¡Sí, sí, sí! que si lo ven). Dichosos estos ojos que estais viendo, hijos míos. Dichosos los ojos qne ven esto. Pero tampoco se pongan tristes aquellos que no 1o ven, porque si no, sería (palabras en idioma extraño).

¡Llévame ahí contigo! (llorosos anhelos de Amparo). Ahí contigo. Quiero subirme contigo ahí. (Los anhelantes sollozos de Amparo dificultan enormemente entender lo que dice entre suspiros), a quedarme aunque sea en este sitio. Yo no quiero volver otra vez al otro sitio. Yo no quiero. Quiero quedarme aquí en este sitio mismo. Pero en el otro no quiero estar. Quiero estar aquí cerca; pero allí ahajo no. No me bajes allí abajo. No puedo sufrir más. Yo quiero estar aquí. Antes de irte llévame allí. ¿ Ya te vas? No te marches. ¿Ya me dejas aquí? Antes de irte llévamne aunque no me subas más arriba. Yo quiero estar aqui antes que abajo. (Muy apenados sollozos) ¿Me vas a volver al otro sitio?

Estaréis observando un rato mas este prodigio, hijos míos. (Se oye murmullo de admiración de la gente. Amparo sigue sollozando con vivos anhelos).

¡Qué bonito es! ¡Ay, qué bonito es eso..! Llevadme... Ay!

No seáis incrédulos, hijos mios. No queréis mirar. Mirad para ver, hijos míos; porque swois muchos como, Santo Tomás, que tenía que meter la mano en la llaga para creer. Pues habéis visto, ahora, ¿cómo corresponderéis a este privilegio, hijos míos?

Entonces, ¿no me dejas aquí? ¿Me mandas otra vez allí abajo? (Llorando) ¡Ay, otra vez¡ ¡Ay, qué sufrimiento estar ahajo..¡

Pero te estás labrando tu morada, hija mía.

Si, pero ya está bien eso: "te estás labrando". ¡Ya está bien¡

No te quejes, hija mía.

¿Que no me queje? ¡Si no me quejo! Pero es que, después de ver esto, ¡ay¡ me mandas otra vez....

Mi prodigio seguirá, hijos míos; pero os voy a decir adiós, aunque siga el prodigio.

Adiós, hijos míos, adiós!’

Se continua el rezo del santo Rosario que se había interrumpido al iniciarse el cuarto misterio. Pero durante la meditación se he oyen a Amparo unas palabras ininteligibles y se inicia un diálogo entre la santisima Virgen y ella en el que solamente se oye a Amparo:

...Otro primer sábado que hay más gente. Entonces si que los marcas a todos. (Con confianza) No soy egoista, no; es que quiero que los marques a todos con ese sello. Porque también dices que el enemigo está marcando. ¡Bueno! pues el primer sábado lo haces, ¿eh?

Bueno, yo también haré lo que Tú me pides; pero te lo pido de corazón, ¿eh? ¡Hazlo! No quiero que me digas que soy soberbia por pedirlo; pero es que las almas.., pues a mi me da tanta alegría cuando veo que se convierte un alma, que —ya lo he dicho muchas veces-- esa noche duermo muy feliz.

¡Ay¡ espérate al primer sábado, que estén muchos. Y cuando estén todos, séllalos con ese mismo sello, ¿lo, vas a hacer?

¡Bueno! yo también te prometo eso que Tú sabes. Pero ¡hazlo! porque son hijos tuyos. Igual que yo tengo mis hijos, pues Tú tienes todos los demás.

Te pido también por mis hijos. También te lo pido que los salves. ¿Los has sellado también? Pero, ¿ y los otros que no están? Séllalos también aunque sea allí.

¡Bueno, Madre! Eso te pido y quiero que lo hagas, aunque tenga que sufrir toda la vida. ¿Me lo prometes? ¡Prométemelo otra vez! (Ahora se oye contestar a la Stma. Virgen):

Sí, hija mía, te lo prometo.

Bueno, pues eso quiero. Te pido por mis hijos también. Pero también por los que no están aquí. ¡Hazlo! por lo que yo sufro, hazlo. Pero séllalos porque haré lo que me pidas. Y por todos los del primer sábado también, ¿eh?

Ya te he pedido muchas cosas; pero no son para mi, porque son para todos los demás. Yo quiero que me ayudes a sufrir; pero sálvalos a todos. No sé si seré egoísta; pero quiero que salves primero a mis hijos. Los otros también. Pero os pido por todos, no por ellos solos, no: ¡Por los demás! Hazlo y yo te prometo sufrir (con la voz apagada por la emoción) más y más para salvarlos a todos con mi sufrimiento. Pero me tienes que ayudar, porque es que yo sola no voy a poder con todo eso.

¡Ay, cómo estás! ¡huy, se me mete dentro ese rayo que tienes en la cara...! ¡Uy, has hecho esta tarde..., has hecho muchas cosas! Has estado mucho tiempo sin hacerlo... ¡Tanto como te lo he pedido...! Bueno; que estoy muy contenta, ¡muy contenta!

¿Vas a seguir ahí? Pero sólo el resplandor del sol es como estar allí. Está otra vez igual, ¿qué es esto? ¡Si estaba todo nublado... ¿Y cómo Dios hace estas cosas? ¡Ay, Dios mío! Estaba casi lloviendo; pero todo... ¡Ay! ¡ay! ay! Eso sí que es bonito. Pues llévalos ahí. Primero a los míos. Luego, a los otros. ¡Qué amarillo! Ese amarillo, ¿para quién es?

Bueno; ya no te voy a cansar más; no te quiero cansar. Nada más pedirte que lo hagas otra vez, aunque se rían de mi aquellos presentes que se están riendo. Pero Tú sálvalos porque no saben ¡ pobrecitos! están muy necesitados, y han tenido alguna cosa que los han engañado. Pero en su interior te quieren, aunque creas Tú que no. Ellos... les estás haciendo por dentro de su alma una cosa muy grande. No creas que no te quieren; que te quieren todos, ¡todos! Yo te digo a Ti que todos los que están aquí están con el corazón lleno de alegría, aunque no lo demuestren; pero sí, lo se yo.

Ya no te quiero decir más cosas, Madre mía. Sana a Charo también. ¡Pobrecita! está sufriendo mucho; pero acórtale Tú el sufrimiento. Con esos sufrimientos que ella está pasando, aunque su vida ha sido muy ligera..., pero Tú ¡perdónala! Que esté poco tiempo sufriendo; te lo pido; y, si es que es tu voluntad..., pues haz lo que quieras; pero que se purifique.

Piden otras cosas materiales; pero es que yo no puedo pedir esas cosas. Tú hazlo, si lo sabes. Cosas materiales... (pide con confianza y extrañeza) Ya lo sabes. Y otra, otra señora que está muy grave; también te lo pido: que la salves porque es muy mayor ¡pobrecita!

Bueno; ya se me está acabando el diálogo contigo... Pero, ¿cuándo volverás otra vez a tener este diálogo conmigo, eh? Bueno; yo, aunque no tenga diálogo..., séllalos a todos el primer sábado.

Y ya no soy más pesada. Me voy a santiguar. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. (Volviendo en sí con extrañeza) ¡Ay! ¡Ay! ¡ah, ah...!

Vaya! ¡Vaya sol! ¡Ay! Hay muchas moradas en ese sol, muchas; se ven muchas. ¡Ay! ¡ay! ¡aaay! ¡Qué buena eres! ¡Qué buena es la Virgen! ¡Oh! Todavía sigue ese color ahí. Pero ¡bueno! (suspirando con honda satisfacción) Todos están amarillos, verdes y rosas. ¡Estáis todos con un color...! ¡Ay, qué color tienen todos, qué color! Amarillo, rosa, verde... ¡Ay, las joyas...! (con la misma profunda satisfacción) ¡Ah! ¡Ay! ¡Ah!

Bueno; ahora vamos a seguir el Rosario, ¿no? (Como recuperándose y con extrañeza) ¡Ah! Bueno; sólo... están marcados todos (suspiros de sosiego, ya recuperada, responde al murmullo de la gente):

No..., o sea, aquí no..., aunque ha sellado a todos, hay muchos que no creen. Por ejemplo: ese señor, se le ve el sello perfectamente; al señor de las gafas.

Bueno; pero, si la santísima Virgen lo ha dicho, bueno, pues están sellados. Pero que no crean que todos los que han venido, a pesar de estar sellados, ¿eh?, creen, ni están en gracia de Dios tampoco. Pero lo que hay que hacer es corresponder a esa gracia que la santísima Virgen ha dado. Que no es... no creáis que no es una gran gracia estar sellados con el sello de la Virgen; porque no sé si sabréis que en una ocasión me dijo la santísima Virgen que el sello del enemigo es el 666. O sea, que hay personas que tienen el 666 en la frente y en una mano, en la mano izquierda. Pero que hoy ha sellado aquí a todos; a creyentes y a no creyentes, ,para que correspondan a esa marca, pues...., ya no quiere salvarse; porque no quiere; porque la santísima Virgen les ha dado esa gracia; y esa gracia es, muy especial.

Lo mas importante es eso: Que están sellados todos.

300