MENSAJE DEL DÍA 23 DE JUNIO DE 1984
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
LA VIRGEN:
"Hijos míos, os empiezo diciendo: ¡PENITENCIA! Y os acabaré diciendo: ¡PENITENCIA! En todas mis manifestaciones, hijos míos es... (continúa en idioma celestial). Esta es mi primera palabra: ¡PENITENCIA, PENITENCIA!, hijos míos. Para seguir a Cristo no hay que rechazar la cruz; hay que cargarla y seguirle, no pisotearla y ultrajarla. Cuando Dios os manda una prueba, hijos míos, hay que aceptarla con humildad; porque con esa prueba, si vosotros la lleváis con humildad, hijos míos, podréis alcanzar el reino de los cielos.
Seguid a Cristo por el camino del Evangelio. No es fácil seguir a Cristo, hijos míos, porque seguir a Cristo, es seguir por el camino del dolor y de la penitencia.
Mira, hija mía, mira todos estos buenos mártires de Cristo, hijos míos. Tú míralos, no fueron uno, ni dos, ni tres: fueron centenares los que murieron por Cristo.
Todos éstos fueron mártires por defender a Cristo, hijos míos.
NO SEAIS COBARDES, PORQUE CUANDO LLEGUE LA PRUEBA DURA, NO VAYAIS A RECHAZAR LA DOCTRINA DE CRISTO Y EL NOMBRE DE CRISTO. SI ES PRECISO, ¡MORIR POR CRISTO!
Si morís por Cristo, hijos míos, Él murió por vosotros, y era inocente; vosotros, si morís por Cristo, sois pecadores, hijos míos; pero alcanzaréis el reino de Cristo. Todo el que muere por Él, recibirá su gran recompensa: Dios da ciento por uno a cada persona que sigue a Cristo, hijos míos. Seguid el camino del Evangelio; publicadlo por todas las partes del mundo; por todos los rincones de la tierra. Seguir a Cristo no es sólo hablar de Cristo. Es imitarle en la pobreza, en la castidad y en la humildad. Cuando le estaban crucificando, y le abofeteaban, El no volvía la cara. Insultar para los demás, hijos míos, no insultaba a nadie, lo recibía con humildad todas esas... (Continúa la santísima Virgen en idioma celestial, y Amparo al oírla llora). Ya te dije en una ocasión hija mía, los mismos que estaban crucificando a Cristo. (Amparo continúa llorando largo rato). Por eso os pido, hijos míos: SED HUMILDES, HUMILDAD OS PIDO. Con humildad podréis alcanzarlo todo. Cristo no devolvió las bofetadas, hija mía. PIDIO A SU PADRE QUE LOS PERDONASE PORQUE NO SABIAN LO QUE HACIAN. Cuando abría su boca, le escupían en ella, hija mía, ¡CON QUE OJOS DE CARIDAD LOS MIRABA..! Tú has visto estas escenas de la pasión de Cristo... Cuando piensas en Cristo, lo que sufrió en la cruz, no eres capaz, hija mía, de cometer ninguna falta.
PENSAD EN CRISTO JESUS, PENSAD EN CRISTO EN LA CRUZ, VEREIS COMO NO TENEIS TIEMPO, PARA OCUPAROS DE LAS COSAS HUMANAS DEL MUNDO, HIJOS MIOS.
¡COMO MORIA CRISTO EN LA CRUZ POR LOS MISMOS QUE LE ESTABAN CRUCIFICANDO...
¡CON QUE AMOR LOS MIRABA...
No los rechazó en ningún momento, y hubiera tenido motivos para rechazarlos, porque Él tuvo derretido el Corazón y su boca se secaba, y se desgarraba su Corazón de dolor, de ver, que estaba muriendo, por la humanidad, y la humanidad no iba a querer salvarse. No todos van a salvarse, hijos míos, se salvarán los que cumplan con los Mandamientos de la Ley de Dios.
Publicad el Evangelio, el santo Evangelio, por todos los rincones de la tierra. No seáis cobardes. Yo lo estoy diciendo hace mucho tiempo: INTENTAD HIJOS MIOS. Los discípulos de Cristo iban de pueblo en pueblo, y cuando los rechazaban seguían adelante; se sacudían el polvo, no miraban atrás; seguían adelante, publicando el Evangelio por todas las partes.
Tú, hija mía, sé humilde. Ya sabes que sin humildad no se puede alcanzar el cielo. Besa el sucio, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo. (Pausa). Por todos los pecados del mundo, hija mía. Este acto de humildad, sirve para la reparación de las almas. ¡Cuántas almas, hijos míos, están deseando que se les hable de su Madre, de su Madre celestial, porque a nadie tienen que les hable de Ella! Por eso os digo, hijos míos, que hay mucha necesidad, en el mundo, en todos los rincones del mundo, en los cuatro ángulos de la tierra, porque el enemigo está entre esos cuatro ángulos, a ver cuál puede llevarse mayor numero. Por eso os pido, QUE DESDE HOY MISMO HABLEIS DE CRISTO, PUBLICANDO EL EVANGELIO Y LA DOCTRINA DE CRISTO DIOS, SUS DISCIPULOS.
No dejéis que el enemigo, se apodere de más almas, porque este número de almas que está sellando, es muy grande, hijos míos.
NO DEJEIS NI UN SEGUNDO, DE PUBLICAR EL EVANGELIO. HABLAD DE CRISTO, HIJOS MIOS, PERO IMITADLE A CRISTO TAMBIEN.
SI TENEIS DOS TUNICAS, YA OS HE DICHO EN OTRA OCASION, QUEDAOS CON UNA, Y DADLE LA OTRA AL QUE LO NECESITA.
¿De qué le vale al hombre, tener todas las riquezas del mundo, si en un segundo va a perder su alma? No estéis aferrados a las cosas terrenas, hijos míos, sólo Dios puede salvaros, y si seguís su camino, no os defraudará, hijos míos.
Pedid por las almas consagradas. ¡Las ama tanto mi Corazón!... Pero ¿cuántas, cuántas corresponden a ese amor, hijos míos? Pedid por ellas también (habla la Stma. Virgen en idioma celestial). Vuelve a besar el suelo por las almas consagradas. (Pausa). Por Las almas consagradas. ¡Las ama tanto mi Corazón..., y ¡qué mal corresponden a este amor algunas de esas almas!
PENITENCIA ACABO PIDIENDOOS, HIJOS MIOS, PENITENCIA. En todos los lugares, donde me he manifestado, he pedido penitencia y sacrificio. Por eso os pido que con la penitencia y con el sacrificio, podéis seguir a Cristo, hijos míos, porque el enemigo no podrá con vosotros. Tiene mucho poder la penitencia para que el enemigo no os pierda vuestra alma, hijos míos.
AMPARO:
Déjame que te toque un poquito ¡Ay, qué cosa siento más grande dentro del pecho! ¡Ay, qué grande eres! ¡Ay qué grande eres...! ¿Hasta cuándo, hasta cuándo me vas a tener aquí? ¡Yo quiero quedarme! ¡No quiero bajar más para abajo! ¡Ay, yo te digo que hasta cuándo... ¡Ay!
LA VIRGEN: Vas a beber unas gotas del cáliz del dolor.
AMPARO:
¡Ay! sí, también... (Traga con mucha dificultad). ¡Ay, qué amargo está, ay! ¡Ay, qué amargo! ¡Ay, qué poco queda, ay! ¡Ayyy...
LA VIRGEN:
Que poco queda del cáliz del dolor, hijos míos. Estad preparados; estando preparados no hay que tener miedo a nada. Cuando el cáliz se acabe, hijos míos, será horrible;
¡SERA I-IORRIBLE HIJOS MIOS! Por eso os pido, COMO MADRE DE AMOR Y MISERICORDIA, QUE OS ARREPINTAIS DE VUESTROS PECADOS, QUE CONFESEIS VUESTRAS CULPAS, Y OS ACERQUEIS AL SACRAMENTO DE LA EUCARISTIA
Pero no tengáis miedo, hijos míos; estando con Dios ¿a quién podéis temer? Lo mismo te digo a ti, hija mía: no tengas miedo a quien pueda matar tu cuerpo, ten miedo a quien pueda matar tu alma; condenarla para la eternidad, hija mía.
AMPARO :
Madre, ¿condenar después de tanto tiempo... Pues que si se están salvando otras almas, no vas a permitir que me condene yo...
LA VIRGEN:
Si te dijese, hija mía, que estás salvada, tu soberbia, tu soberbia podría más que la humildad, hija mía.
AMPARO: ¡Ay, que no, que no, que yo quiero saberlo! Pero te prometo que no tendré soberbia.
LA VIRGEN: No te lo puedo decir, hija mía.
AMPARO: Pues ¡vaya...
LA VIRGEN:
Ya sabes que seguir a Cristo, es por el camino del dolor: coge la cruz cárgatela y síguele.
AMPARO:
Pues eso hago. Bueno, por lo menos, por lo menos nos das un poquito de ánimo. Nos podemos salvar ¿verdad?
LA VIRGEN:
Claro que os podéis salvar, hijos míos, depende de vosotros vuestra salvación y vuestra condenación.
AMPARO: ¡Ay qué alegría! Si estás con nosotros todos los días, aunque no te veamos, pero Tú nos ayudas. ¡Eh!
LA VIRGEN: Mi Corazón Inmaculado triunfará sobre toda la humanidad.
AMPARO:
Pues ¿cómo va a triunfar tu Corazón? Ya nos puedes esconder ¡Eh!, a tu lado. ¡Ay, Madre mía qué guapa eres! ¡Qué hermosura! ¡Ay, qué cosa más guapa! ¡Ay, ay! ¿Nos vas a bendecir los objetos?
LA VIRGEN: Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos.
AMPARO: ¡Ay, qué alegría!, ¡ay, qué buena eres! ¿eh? Yo creo que Tú no vas a permitir que nos condenemos, porque Tú si eres nuestra Madre..., no lo vas a permitir, ¡a que no! ¡Ay!, ¡Ay! Pero ya lo haremos, el sacrificio y la oración; te ayudaremos a Ti y a tu Hijo, pero Tú tienes que ayudarnos; y te vuelvo a decir: QUE TU LE PIDAS A TU HIJO, PARA QUE TU HIJO LE PIDA AL PADRE, Y EL PADRE NOS PERDONE A TODOS.
¡Ay!, ¡Ay, sí, nos vamos a acordar mucho del Padre Eterno...
LA VIRGEN: Está olvidado hijos míos, EL PADRE ETERNO ESTA OLVIDADO.
AMPARO:
Pues yo no lo tengo olvidado. Todos tenemos que acordarnos del Padre Eterno, porque será el que nos juzgue. ¡Ay!, pues todos le queremos, ¡ay! Bendícenos.
LA VIRGEN:
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.
Adiós, hijos míos, ¡adiós!"
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