MENSASJE DEL DIA 20 DE MAYO DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

AMPARO: En este segundo misterio vamos a pedir a la Santísima Virgen en primer lugar, por todos los que estamos aquí presentes para que seamos fieles, hasta la muerte, a Cristo; y para que sepamos aceptar con humildad todas las cruces que el Señor nos mande. Esas pruebas que a veces son tan dolorosas como tener un hijo subnormal, o un inválido, o unas pruebas tan dolorosas; para que sepamos aceptarlo con humildad y también... (Amparo no sigue. Entra en éxtasis al aparecer la Stma. Virgen se santigua y comienza el siguiente diálogo):

¡Ay, Madre mía, ay, qué hermosa vienes!

LA VIRGEN

Estoy aquí, hija mía, como os he prometido, durante todo este mes para daros la santa bendición. También os voy a bendecir todos los objetos. Levantad todos los objetos, hijos míos. Todos han sido bendecidos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo, y con el Espíritu Santo.

AMPARO.

No te vayas todavía.

La VIRGEN

Os tengo que decir poco, hijos míos, pues todo os lo tengo dicho. Sólo os pido como siempre, hijos míos, sacrificio y oración, pues no se hace sacrificio, hijos míos; y para salvar vuestra alma tenéis que hacer sacrificio; porque Cristo os dio ejemplo muriendo en una cruz para enseñarnos al... (habla en idioma desconocido...)

Pero todo el que cumpla con los Diez Mandamientos, hija mía, será el que entre a este lugar. ¡Cuántas veces te he repetido que pocos serán los que entren por esta puerta estrecha! Y ¡cuántos se irán por ese camino que ves tan ancho! Es más fácil, hija mía, seguir al enemigo que seguir a Cristo; pues Cristo os enseñará a sufrir para alcanzar cada uno la morada que le corresponde. Porque El os dio ejemplo, hijos míos. Os lo he repetido muchas veces: no os apeguéis a las cosas terrenas, porque no sirven al hombre nada más que para condenación. Y todo aquel que ha tenido la dicha de recibir riquezas, que las distribuya con los pobres; porque los pobres —ya lo dijo Cristo—: De los pobres será el reino de los cielos. Pero también de aquellos que sepan administrar sus riquezas y las distribuyan con los pobres. Hijos míos, el camino de Cristo es duro; pero la eternidad es larga. Y la eternidad puede ser la salvación o la condenación.

AMPARO: Pero Tú no nos condenas, porque Tú pedirás al Padre que nos perdone todos los pecados. ¡Ay! Todos queremos salvarnos, todos; pero depende de nosotros, como nos has dicho.

LA VIRGEN:

Hijos míos, depende de vosotros vuestra condenación y vuestra salvación. También repito otra vez:

QUIERO QUE SE HAGA UNA CAPILLA EN ESTE LUGAR: PUES ESTE LUGAR—te he dicho— ESTA SAGRADO PORQUE MIS PIES HAN PISADO EN EL.

AMPARO:

¡Aaay! ¡Ay, ay, ay, qué alegría! ¡Ah, ah! Eso que sobresale, ¿qué es? ¡Aaah, ah! ¡Ay, qué difícil es salvarse! ¡Aaayyy! Pero Dios es misericordioso; no nos puede condenar...

LA VIRGEN:

Hijos míos, si El no os condena. Os condenáis vosotros con vuestro pecado. Por eso, si alguien os dice que el infierno no existe, hijos míos, no le hagáis. caso. Cumplid la palabra de Dios. Y cumplid con los santos Evangelios.

PUBLICAD POR TODAS LAS PARTES DEL MUNDO LA PALABRA DE DIOS. Hijos míos, ¡OS ESTAIS DEMORANDO MUCHO TIEMPO! Os lo he repetido muchas veces: QUE VAYAIS DE PUEBLO EN PUEBLO. NO DE DOS EN DOS, COMO ESOS FALSOS TESTIGOS: SINO DE GRUPO EN GRUPO, PUBLICANDO LOS SANTOS EVANGELIOS DE CRISTO.

Imitad a Cristo en la pobreza, pues El solo tuvo una túnica; y no tenía otra de repuesto, hijos mios.

AMPARO:

¿Por qué te apareces tantas veces? Así, dicen que no puede ser.

LA VIRGEN:


Yo me aparezco, hija mía, donde quiero y cuando quiero. Todo aquel que diga que no puede ser, ¿quién es él para decirme a Mí cuándo y dónde tengo que manifestarme? Os aviso, hijos míos, como una madre avisa a su hijo cuando corre un gran peligro; pues hay un gran peligro, hijos míos, que va a caer sobre la humanidad por hombres sabios; que el demonio se ha metido en sus mentes para fabricar artefactos
atómicos, hija mía, para destruir el mundo. Pero no se podrá destruir todo el mundo y hasta el fin, el fin del mundo, hija mía... Será horrible, hija mía :la tierra temblará de espanto. Pero con sacrificio y con oración, hijos míos, podréis evitar una gran guerra. Pero está muy próximo el castigo. Varias naciones quedarán en ruinas,
hija mía. Ya te he dicho que lo que los hombres han construido, en un segundo será destruido.


AMPARO:

¡Ah,ah,aaay! Nos metes miedo...


LA VIRGEN:

No os quiero meter miedo, hijos míos. Sólo os aviso porque no quiero que os condenéis.

AMPARO:— ¿No? Pues... ¡ayúdanos! Que no hacen caso de lo que Tú dices.

LA VIRGEN:

¡Pobres almas, hija mía, pobres almas! Que hace cientos de años estoy dando avisos y no hacen caso de mis avisos. Ya he repetido en otras ocasiones: "Mas les valiera no haber nacido".

AMPARO: — Madre mía; pero Tú tienes que hacer que vean algo...

LAVIRGEN:

Muchos no podrán verme, hija mía; pero si cumplen con los Mandamientos de la Ley de Dios, ya me verán, hija mía. También ha habido varias curaciones pero que no han dado el testimonio, hija mía. Son velas encendidas esos testimonios para la salvación de las almas.

AMPARO: Tu Corazón está triste. Tienes muchas espinas en él...

LA VIRGEN:

Pedid por las almas consagradas, hija mía. ¡Pobres almas! ¡Las ama tanto mi Corazón...! Y, ¿cuántas son las que corresponden a este amor? Pocas, hija mía, pocas son las que corresponden.

Vas a sacarme cuatro espinas, hija mía, para que veas que los sacrificios y las oraciones tienen mucho poder. Estas cuatro espinas son de almas consagradas.

AMPARO:—¡Ah, ah, ay, ayyy...!

LA VIRGEN:

¿Siente tu corazón? Puedes estar bien contenta de ver con qué alegría se han purificado cuatro almas.

AMPARO:

¡Qué miedo al tirar de ellas! Al tirar, ¡qué miedo! Parece que se viene el Corazón para acá

LA VIRGEN:

Si tú sufres, piensa, hija mía, cómo estará mi Corazón. ¿Lo ves cómo está cercado de espinas? Pero los sacrificios pueden purificar a las almas. Por eso, no creáis que estáis salvados, hijos míos. Si alguien os dice que estáis salvados, está mintiendo, hijos míos. Sin sacrificio y sin oración, no se salvarán las almas.

Vas a escribir un nombre, hija mía, en el libro de la vida. Primero escoge tú uno; y luego, Yo te diré dos... Ya hay uno de los que tú has escogido. Escribe otros dos, hija m{a.

AMPARO: ¡Ay, qué alegría! Tres nombres y cuatro purificaciones... ¡Ay, qué alegría!

LA VIRGEN:

¡Ay, hija mía! A pesar de mis manifestaciones, siguen los hombres burlándose. Yo no quiero decir que son los hombres, porque los humanos da lo mismo hombres que mujeres. Se ríen, se ríen de mi existencia, hija mía. Pide por esas almas. Tú sabes cuáles son. Cuando salgas de este lugar echa una mirada sobre ellas

AMPARO: ¡Si se ríen...! Pues peor para ellos.

LA VIRGEN:

No digas eso, hija mía. Pide por ellas y haz sacrificios por ellas. Se llaman hijos de Dios, pero no son buenos hijos de Dios. Hoy lo vas a pasar todo, hija mía, todo, hasta el cáliz del dolor. Y vas a beber sólo una gota...

AMPARO: ¡Ah, ah...! ¡Ay, ay, ay, qué amargo! ¡Ay...!

LA VIRGEN:

¿Está amargo, hija mía? Tú piensa qué amargura siente mi Corazón cuando millones y millones de almas se precipitan en el fondo del abismo. Vas a presenciar un cuadro, hija mia.

AMPARO:

¡Ay, ay, ayyy! ¡Ay, eso es horrible! ¡Ay! ¡No puede ser, no puede ser que Dios haga eso! ¡Ay, ay! ¡No puede ser, no, no! ¡Ay, ay, ay! ¿No pueden salir de ahí ya más? ¡Ay! ¿Que no...? ¡Ay! ¡Ay...!

LA VIRGEN:

¡Para siempre, para siempre, hija mía! ¡Para toda la eternidad! Y no es Dios; son ellos por su propia voluntad.

LA VIRGEN:

No para ti sólo, hija mía; sino para todos: Sacrificio, sacrificio y penitencia, acompañado de la oración. Rezad el santo Rosario, hija mía, todos los días. Pensad que es mi plegaria y yo os puedo dar muchas gracias.

AMPARO: ¡Es horrible eso! Es horrible.

LA VIRGEN:

Esto les hice ver, hija mía, a esos tres niños, y... ¡cuánto les hicieron pasar.! ¡Cuántas crueldades, hija mía! Pues este mismo aprieto tuvieron ellos.

AMPARO: Pero es espantoso; ¡es espantoso eso! ¡Ay, ay! ¡Ah...!

LA VIRGEN:

Pide por las almas consagradas, hija mía.

AMPARO: Sí, pido por ellas; ya pido por ellas.

LA VIRGEN:

Id de pueblo en pueblo publicando el Evangelio, que vosotros también lo podéis hacer, hijos míos; no sólo las almas consagradas, porque la palabra de Dios se puede hablar por cualquiera de los humanos; cualquier humano puede hablar de Dios, hija mía, en cualquier lugar.

Besa el suelo, hija mía, en acto de humildad por los pobres pecadores... ¡Por los pobres pecadores, hija mía! Y lo vas a volver a besar por las almas consagradas para que ellas al demonio lo rechacen, hija mía, porque el demonio les pone los placeres del mundo para apoderarse de sus almas. ¡Pobres almas! Besa el suelo otra vez, hija mía... Por las almas consagradas, hija mía, ¡las ama tanto mi Corazón...! Por eso os pido sacrificios, —os lo repito muchas veces— ¡Sacrificio! Sacrificio y oración para poder salvar la tercera parte de la humanidad. Por lo menos quisiera salvar esas almas.

Y tú, hija mía, sé humilde; no seas soberbia. Sigue ayudando a esas almas. ¡Qué gran obra, hija mía! Tú no sabes mi Corazón cómo ha rebosado hoy de alegría.

AMPARO:

¡Ay! Pero, ¿lo he hecho bien? ¿Lo he hecho bien como Tú has dicho? ¿Todo ha salido bien, todo? ¡Ay! ¡Qué alegría tan grande cuando veo que va un alma... va corriendo y quiere hablar, y sólo con unas palabras se convierte! ¡Qué alegría, Madre mía! Pero muchos no quieren confesar. ¿Sabes lo que dicen? Que han confesado con Dios y que como han confesado con Dios, no van a confesar con un hombre. Pero Tú repite lo que dices: que hace falta que se confiesen. Repítelo Madre mía.

LA VIRGEN:

Sí, hijos míos, el sacramento de la confesión es muy importante. Os he dicho otras veces que, si Dios hubiese puesto un ángel para confesaros, el ángel no podría comprender cómo sois tan crueles para ofender a Dios constantemente. Por eso os que ha puesto un hombre, a un hombre que está consagrado, pero que es lo mismo que vosotros para que comprendáis y él os comprenda a vosotros, hijos míos. Acercáos al sacramento de la confesión y acercaos al sacramento de la Eucaristía. Visitad a mi Hijo, hijos míos, que está triste y solo en el Sagrario.

AMPARO:

¡Hay tanta gente y tantos que no te aman, Dios mío...! ¡Ay, Dios mío! Díselo Tú a tu Hijo, que les dé un poquito de luz para que puedan convertirse. ¡Ay, Dios mío! Yo ya no puedo hacer más cosas; pero, si Tú me pides otras cosas, yo lo haré. Pero dime cómo, para que se conviertan.

LA VIRGEN:

Piensa que vieron morir a Cristo en la cruz y todavía siguen pecando, hija mía. Es imposible que se pueda salvar toda la humanidad, porque los hombres siguen pecando cada día más, hija mía, y la ofensa al Padre Eterno es terrible. Las almas consagradas ofenden tanto a este Corazón, hija mía, que estoy...

AMPARO:

Pero ellos también son débiles. Ayúdalos también Tú, porque, si los hubieras puesto como los ángeles, no pecarían. Ayúdales Tú también. Yo pediré mucho; pero Tú tienes que ayudarles.

LAVIRGEN:

Si todas las almas consagradas rezasen diariamente el Rosario, el mundo estaba salvado, hija mía. Pero, ¡cuidado! que para rezar el santo Rosario, primero hay que cumplir bien con Dios. Primero está Dios, hijamía; luego está Cristo; y luego estoy Yo. Pero Yo soy la intercesora para acudir a Cristo. Para subir al cielo, imploro constantemente a mi Hijo para que os perdone los pecados y os dé
gracias para arrepentiros, hijos míos. Y ya lo tengo todo dicho; hijos míos; y lo he repetido muchas veces: Todo se cumplirá, desde el primer mensaje hasta el último. Poneos a bien con Dios, hijos míos. No os acostéis sin antes poneros a bien con Dios. Pensad que la muerte llega sin avisar.

AMPARO:

Ahora dame que te bese el pie otra vez. ¡Ay! ¡Sólo un poco los, dedos! ¡Ay! ¡Qué fino...!

LA VIRGEN:

Hijos míos, seguid rezando mi plegaria favorita. Me agrada tanto, hijos míos… Me agrada tanto el santo Rosario... Pero vosotros, ¡cuánto os cuesta rezarlo, hijos míos! Agradadme, hijos míos, aunque sólo sea un Rosario diario. Me gustaría que fuesen las tres partes; pero me conformo con una sólo, hija mía. Es para el bien de vuestras almas y para la salvación de la humanidad. Evitaréis muchas guerras y muchos castigos terrenos con vuestras oraciones.

Hijos míos, ¡adiós!".