MENSAJE DEL DÍA 15 DE SEPTIEMBRE DE 1984

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

La concurrencia de público a este Rosario puede compararse por su gran número con la de los primeros sabados de mes.

Durante las peticiones que anteceden al segundo misterio, Amparo entra en éxtasis, haciendo una prolongada exteriorización de gozosa emocion ante la aparicion que contempla. Comienza hablando la santísima Virgen:

"Hoy hace, hija mía, un año para vosotros que estuve presente durante todo el rezo del santo Rosario. Yo lo dirigía, hija mía, (gozosas expresiones de satisfacción inarticuladas de Amparo) hoy sólo, hija mía, te voy a dar un corto mensaje: Tenéis que rezar mucho. Tienes que decirle a los humanos: España está en peligro (Amparo solloza) Pero, ¿sabes quién forma esas guerras? Los hombres con su pecado (aumenta el sollozo de Amparo). La mejor arma, hijos míos, es el Rosario (gemidos de Amparo). ¡Qué crueles son los humanos! Porque Yo soy la Reina de la paz, quiero la paz para vosotros. Los humanos buscan las guerras. Con vuestras oraciones y con tu sacrificio podéis evitar una gran guerra.

Los secuaces del anticristo están entre vosotros, hija mía; están formando la guerra (gemidos y ayes de Amparo). Ante los ojos de los hombres, hija mía, son corderitos; pero están buscando la guerra. Está próxima esa gran guerra. Con vuestras oraciones podéis evitarla, hija mia. Sacrificio, te pido acompañado de la oración.

Vas a tener un tierno coloquio con mi Hijo, hija mía, (expresiones inarticuladas de alegría, cuya expresión intensifica con ayes muy gozosos ante la presencia del Señor, que es quien habla ahora preguntando):

¿Me amas, Luz? (sigue la intensa alegría emotiva con la que responde):

¡Mucho, mucho! ¡Ay, te amo mucho!

¿Eres capaz de dar la vida por Mí?

¡Ay, sí, sí!

No quiero que te quejes, hija mía; el sufrimiento no te sirve.

¡Ay, ay, ay, ay! (con profundo sentimiento). Busca refugio en mi Corazón.

¡Ay! sí, lo busco; lo busco.

Mi Corazón puede ser el único que te puede consolar (prolongados, gozosísimos ayes de consuelo y alegría de Amparo).

Quiero que tu corazón se derrita por mi amor.

¡Ay, qué grande eres, qué grande, qué grande! ¡Ay, si siempre te estuvieras conmigo...!

Siempre estoy contigo, hija mía, aunque no me veas; búscame, pues estoy.

¡Ay, qué grande, Dios mío! ¿Cuándo podré estar yo ahí siempre, siempre? ¡Aaay!

Dentro de poco. Piensa en Jacinta, hija mía, piensa en Francisco, que están gozando de la presencia de Dios; pero piensa en Lucía, que le dije: dentro de poco vendrás conmigo, y, ¡cuánto tiempo lleva entre la humanidad! Pues lo mismo te digo: dentro de poco, hija mía.

¡Ay, Madre mía! (Intensa fruición) ¡Ay, qué guapos sois los dos, ayyy, qué guapos, aaay, aaay, ay Madre; ay, mi corazón y mi cuerpo no sé lo que pasa, ayyy! ¡Ay, qué grandes sois! ¡Ay, yo quiero estar con vosotros siempre! (Expresiones inarticuladas de profunda emoción) ¿No me veis cómo estoy, hecha una piltrafa? ¡Ay, Jesús! (Ayes entre sollozos de vivas ansias).

Esa piltrafa puede salvar muchas almas, hija mia.

¡Ay, qué grande eres! ¡Ay, bendecid los dos; ay, qué grande, aaay, aaah...!

Levantad todos los objetos.

¡Aaah, aaah! (prolongadas inspiraciones y expiraciones sumamente gozosas).

Todos han sido bendecidos.

¡Aaah, aaay, bendicelos Tú... Aaah, aaah...!

Todos han sido bendecidos, hija mía.

¡Qué grande eres, ay, qué grande, ay, ayyy! (Fruitiva emoción).

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio... (Amparo santiguándose, se turba, pensando en las dos formas de la cruz, y, con la mano suspendida e.n el aire, dice):

¡Ay, no!; ¿Medio del Hijo, con el Espíritu Santo...? Dilo Tú, di, ay, di la otra cruz.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.. (Amparo solloza con alegría).

Adiós, hijos míos. Adiós".

(Largos gemidos de penosa añoranza, mientras va retornando a su normalidad).