MENSAJE DEL IDA 13 DE MAYO DE 1984
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
LA VIRGEN:
"Hija mía, es una fecha muy importante. En estas fechas, hace años, me aparecí a unos niños; hice mi presencia..., pero ¡cuánto costó creerlo!, hija mía; pues los niños sufrieron mucho;... pues por eso te digo hija mía, que tú tienes que sufrir mucho.
No sería fácil que todo saliera como tú quieres, hija mía. Haced penitencia, hijos míos, sacrificio y oración, porque el tiempo se aproxima y la eternidad está cerca, hijos míos. Es para toda la eternidad.
Pedid al Padre Eterno, hijos míos. El Padre Eterno os ama y os tiene preparados a cada uno vuestra morada.
Todo esto, hija mía, no creas que es fácil; se consigue a base de sacrificio, de penitencia y de oración. Por eso este día es muy señalado, hija mía. ¡Cuánto cuesta creer en mi presencia! Los humanos son crueles, hija mía (Llora Amparo).
Piensan, como te he dicho en otras ocasiones, que yo no puedo aparecerme en cualquier lugar del mundo ¿Quién son ellos, hija mía, para decirme a Mí dónde Yo tengo que aparecerme y cuándo tengo que manifestarme? (Amparo sigue llorando) ¡No será fácil, hija mía!
Piensa que, siempre que me he manifestado, la incredulidad de los humanos ha sido muy grande. Por eso te pido, hija mía, y os pido a todos, sacrificio y penitencia, como pedí a aquellos niños. Con sacrificio y penitencia podréis salvar muchas almas, hijos míos. Pues empieza, hija mía; que este camino no es fácil. ¿Qué significado tendrías tú en la vida si mi Hijo te pusiese los caminos fáciles? Sí, sacrificio, hijos míos, sacrificio y penitencia para poder alcanzar las moradas; pues las moradas están preparadas.
Levantad todos los objetos, hijos míos; todos serán bendecidos... Estos objetos, hijos míos, tienen gracias especiales para convertir a las almas.
Yo he dado mi mensaje, hija mía. Bebe unas gotas del cáliz del dolor. (Amparo bebe y se siente la degollación). ¡Qué amargo está este cáliz! -—te he repetido muchas veces, hija mía—. Piensa que lo poco que queda del cáliz.., es poco lo que queda para el gran Castigo que va a caer sobre la humanidad.
Piensan que Dios es misericordioso y no va a castigar a la humanidad. Dios es misericordioso; pero, si no perdono a su Hijo que muriese en una cruz para salvar a la humanidad, ¿cómo va a ser misericordioso con vosotros si no queréis pedir perdón de vuestros pecados?
Todos aquellos que cumplan con los Mandamientos de la Ley de Dios serán salvados, hijos míos. Seguid el camino del Evangelio de Cristo no os aferréis a las riquezas del mundo; no suelen servir al hombre nada más que para condenarse.
Tú, hija mía, piensa que no te va a ser fácil este camino; pero, si esta Dios contigo, ¿a quién puedes temer, hija mía? No tengas miedo a los humanos, los humanos, a veces, son crueles y no tienen caridad con el prójimo, hija mía. Pero vale la pena el sufrimiento si luego se alcanza la eternidad, hija mía.
¡Ay!, qué cosas! ¡ Ay, Dios mío! ¿Qué es eso tan grande? ¿Me dejas en este lugar ya? ¡Ay...! ¡Av ¿Todavía no he sido humilde para alcanzarlo?
No, hija mía. Tú tienes que quedarte todavía para dar testimonio de mi presencia; se están convirtiendo muchas almas. Muchas vienen a buscar el milagro, también, hija mía; pero se van con el alma limpia. En seguida que salen de aquí, de este lugar, buscan a un confesor, hija mía, para curar sus culpas.
Pero... ¿yo ya estoy salvada? ¿Estoy salvada ya?
No, hija mía. Hasta el final no se sabe quién se salva o se condena.
¡Ay...! (Amparo llora) ¿Todavía dices que no me voy a salvar?
Con todo esto... ¿no me salvo? ¿No me dijiste que tenia la llave de la morada?
Te salvarás, hija mía, según tus méritos. Por eso te pido, humildad, hija mía; humildad, acompañada del sacrificio.
¡Anda! ¿He de hacer más sacrificio? Hacer... ¿dónde me llevas, a ese lugar?
Ya te he repetido muchas veces, hija mía, que no seas soberbia, que seas humilde.
Sí, pero yo quiero irme de este lugar, ya. Yo no quiero condenarme al final...Si no me voy a salvar, pues entonces, ¿de qué vale este sacrificio que hago?
Este sacrificio, hija mía, sirve para la salvación de las almas.
Y.. la mía...¿qué?
La tuya...; ya sabes que hasta el final no sabe nadie si salvará su alma. Mi Hijo te escogió víctima; pero tienes, hija mía, que corresponder a ese sacrificio.
¿Más todavía? No sé qué quieres que haga más.
Que seas humilde, hija mía.
¡Ayúdame a ser humilde! ¡Ayúdame a ser humilde! (Amparo llora). Yo quiero ayudar a las almas, pero salvanos a nosotros también. Yo no puedo estar aquí más, en este sitio.
Te voy a transportar a un lugar importante, hija mía.
¡Ah! ¡Ah! (Amparo hace exclamaciones de gozo y satisfacción) ¡Aaah!
¡Qué felicidad, hija mía. Tu cuerpo siente una felicidad... y gloria, hija mía...!
¡Ah! ¡Ay!... Si después de ver esto... me mandas al infierno... ¡Vamos! No me mandes al infierno porque, si no..., no haberme enseñado esto... ¡Ay, ay! ¡Déjame en este lugar; no me mandes abajo! Yo prometo que ya no vuelvo a ser soberbia.
Aquí no entra carne; en el cielo, hija mía... Te he hecho ver esta vision...
¡Ay!, pues déjame otro rato mas. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ah! iAaay! No me mandes para abajo. Yo no quiero ir para abajo. ¡Ay! Yo no quiero...; yo estoy aquí muy bien. No quiero bajar ahí abajo. Yo no quiero. No me digas que soy soberbia, porque es que yo quiero quedarme, quiero quedarme aquí. Ya se han salvado bastantes almas. ¿Qúé quieres que haga ya más? ¡Se han salvado muchas! ¿No dices que, cuando salvas una, tú tienes la tuya salvada? ¿Por qué no podré salvar la mía por esas almas?
No, hija mía, porque tu misión es sufrir y sufrir. Sabes que de niña, desde niña te escogió mi Hijo para el sufrimiento.
Pues para eso... ¡ya está bien! Para el sufrimiento... Y Madre, yo dije que, —en una ocasión que estaba el Señor— que no podía ser Dios así de cruel, contestaste que no era cruel, que era misericordioso, lleno de amor. Entonces, ¿por qué me manda otra vez para abajo? Déjame aquí, que yo no quiero volver otra vez allá abajo. ¡Ah! ¡Ah! ¡Otra vez abajo... a sufrir! No; no quiero. Ayúdame, ayúdame porque es mucho lo que tengo... (sigue llorando). Y ¿qué va a pasar con eso que Tú sabes? Cuando vaya mañana, ¿estarás allí Tú?, ¿qué...?
No, hija mía. Es una prueba más para que te defiendas. Pero, si Dios Padre iluminó a los Apóstoles, ¿cómo no te va a iluminar a ti, hija mía, en ese momento?
Sí, ya; pero... ¡que son cinco y nosotros, tres! A ver lo que haces... (algo ininteligible) con eso que te pido, ¿eh? Déjame otro poquito aquí; otro poquito. ¡Ya! Ayúdame a sufrir abajo porque si consigo esto...; pero tiene que ser con tu ayuda; porque la tierra... ¡Ay, Madre mía, lo que pasa!... Me llaman loca, me llaman endemoniada; me llaman tantas cosas...
Ya te dije, hija mía, que el discípulo no es más que su Maestro. Y, también, a mi Hijo se lo llamaban.
¡Claro! Pero El sabía que era Hijo de Dios; pero yo, ¿qué? Soy hija de Dios; pero soy floja. (Llora) ¡No puedo!... ¿Qué? Ya me vas a mandar abajo... ¿verdad? No me mandes allí. Si eres Madre... ¡déjame aquí!... ¡Déjame aquí!...
Sí, hija mía; tu prueba todavía no se ha acabado. Que te llamarán loca... y otras cosas más fuertes, hija mía... Pero ofrécelo a Cristo Jesús.
¡Claro! ¡Qué bien! Sí, claro. Las cosas, ¡qué bien se dicen! Pero, si no ayudas..., no podré hacerlo.
Mañana, hija mía; no creas que va a salir bien; no te lo creas. Aunque los veas...; muchos de ellos son lobos vestidos con piel de oveja.
Pues..., ¡vaya! ¡Lo que tiene la tierra! Sí..., sí ¡son consagrados! Vaya... ¡cómo son! Saber por qué tengo que sufrir más por ellos, si no quieren... Tócalés Tú el corazón para que se salven. Porque están...! Ah... ¡cómo están, Dios mío! Déjame que sólo te toque el manto; sólo el manto. (Amparo hace ademán de tocar el manto de la Virgen).
¡Ah! ¡Aaah! ¡Ay! ¡Ay! ¿Ya no me dejas más aquí?
Se acabó la felicidad, hija mía. Sufrir, te toca sufrir. Coge la cruz y sigue a Cristo.
¿Más cruces? Pues, ¡anda ya! No sé ya cuántas cruces. Ayúdame; yo quiero ser humilde, pero si no me ayudas... Es que oigo tantas cosas; y todos se meten cnnmigo...; mucha gente...
Te he dicho, hija mía, que pienses en Cristo Jesús.
Si, pienso en Cristo; pero... pero que soy un ser humano...
Por eso no podrás entrar en el reino de los cielos hasta que mi Hijo te pula bien pulida, hija mia.
Pulirme, ¿qué es? Pulirme, ¿qué es? ¿Qué es pulir? ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay santificarme! ¡Ah, pues anda! que... hasta que me santifique. ¡Ayúdame, ayúdame, Madre! ¡Ayúdame! Que prometo; te lo prometo ser humilde. Lo que pasa es que hay veces.., que es que no puedo. ¡Ay! Pero ¡sólo de ver estos lugares...!
¡Esto no es un lugar! ¡Ay! ¡Esto es la gloria, hija mía! ¡Una de las glorias, hija mía!
Yo quiero que sea en esta gloria; aunque sea en ésta. ¡Ah! (Suspira felizmente).
No creas que es fácil salvarse, hija mía. Por eso doy tantos avisos a los humanos, porque por la puerta estrecha entran muy pocos, y por el camino ancho van millares y millares de almas.
Pues yo te prometo que les voy a ayudar a salvarse. Pero yo no quiero a cambio que me des nada. Tú sabrás lo que estás haciendo. Pero haced caso de lo que te estoy diciendo. Yo lo dejo en tus manos. Tú, luego, hablas con tu Hijo, y... tu Hijo... pues que hable con el Padre y... luego, el Padre.., a ver lo que hace... Pero te pido por todos, ¡por todos! ¡Que se salven todos!
¡Ay! ¿Nos vas a dar la bendición? ¡Pero... ya estoy en el otro lugar! ¡Pero yo no lo veo!
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.
¡Adiós, hijos míos! ¡Adiós!".