MENSAJE DEL DÍA 6 DE AGOSTO DE 1983
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
A la llegada de Amparo hay aplausos que ella los hace callar inmediatamente diciendo que quien merece los aplausos es la santísima Virgen que tanto cariño maternal nos tiene. A continuación dirige a la concurrencia una alocución en la que expresa los deseos del Señor y de la santísima Virgen de que se reciban los sacramentos de la confesión y de la comunión. Que algunos se resisten a confesarse con el sacerdote diciendo que ya se confiesan con Dios; y dice que eso no vale, que hay que confesarse con el confesor. También exhorta a] cumplimiento de los Mandamientos como medio para conseguir la salvación.
Al comenzar el segundo misterio hace la siguiente advertencia:
—Algunas personas se preguntarán que por qué rezamos:
"Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra". Si la Iglesia lo prohibe, yo acepto lo que la Iglesia me prohiba; pero lo pidió la santísima Virgen. Pidió que se rezara con esta Avemaría: Dios te salve, María... y luego Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra. Entonces, preguntando yo a la Virgen, me respondió el Señor y me dijo: Que, si verdaderamente cuando El en la cruz dejó de existir, ¿no ofreció a su Madre por Madre nuestra? O sea, que verdaderamente la Virgen era Madre de El y Madre nuestra. Así nos la ofreció. Porque hay personas que dudan sobre esta Santa María. Yo, sí me lo prohibe la iglesia, rotundamente lo retiro, porque en una ocasión me dijo la santísima Virgen que, si Ella me decía una cosa y el director o un sacerdote de la Iglesia me decía otra, que inmediatamente obedeciese a lo que la Iglesia me dijese, o a lo que el director espiritual me dijese. Por eso seguimos la Santa María Madre de Dios y Madre nuestra.
"Hija mía, Dios Padre todavía tiene misericordia de los humanos. Todavía sigue dándoles oportunidad para salvar su alma, hija mía.
Pide, hija mía, pide por las almas consagradas. Pide, hija mía, y haz sacrificio. Dios Padre hace mucho tiempo que está dando avisos por medio, primero, de sus ángeles, hija mía. Los manda a Sodoma y Gomorra para avisarles de tanto pecado de impureza, de toda clase de vicios. Pero, como no hicieron caso a sus mensajes, las destruyó con nubes de fuego. Destruyó dos ciudades, hija mía. Pues aquí va a pasar igual, hija mía. Toda la raza humana se rebela contra Dios.
En algunos conventos, hija mía, hay abominaciones, y en las iglesias, en muchas iglesias, ha llegado la abominación con el pecado. Hija mía, pide por esas almas. ¿Dónde están esas flores puras y lozanas que estaban en los conventos, hija mía? No se encuentran esas almas. Sacrificio pido, sacrificio y oración.
El enemigo astuto, hija mía, se apodera de esas almas para escoger el mayor número para cuando llegue el momento. Claro, hija mía, tú tienes que ser víctima en reparación de los pecados del mundo.
Si, hija mía, vas a sufrir mucho. Pide por las almas consagradas. El demonio se apodera de muchas almas y las introduce dentro de esos conventos. Hija mía, los conventos que todavía quedan, que siguen la vida de Cristo con la vida de sacrificio, de amor, de caridad, de fe, de piedad, de pureza.., el demonio quiere destruir esa obra, que estén alerta, hija mía, para ver a quien meten en esos conventos, porque el demonio se quiere hacer el rey de todos esos corazones para destruir la obra de mi Hijo. ¡Pobres almas, hija mía! Las almas que quiere mi Hijo tienen que ser pobres, humildes, puras y sacrificadas, hija mía. ¿Dónde se encuentra esto?
El enemigo con su astucia se está apoderando de todas esas almas; por eso pido, hija mía, hace muchos años que estoy pidiendo sacrificios y oración.
Mi Hijo primero puso a sus ángeles por mensajeros para la raza humana; y luego ha puesto a su Madre por mensajera para coger instrumentos pequeños y humildes, para comunicárselo a la raza humana, que tenga cuidado, hija mía, que el mundo está a punto de ser destruido.
A Dios le da pena de destruir esta raza; pero los hombres le pagan con crímenes, hija mía, con pecados de impureza y con todas las clases de vicios. Por eso os pido, hijos míos:
El tiempo se aproxima y los hombres no cambian y Dios Padre va a descargar su ira de un momento a otro, hija mía. Que pidan luz al Espíritu Santo, que El los iluminará para estar en gracia de Dios.
Hija mía, besa el suelo en sacrificio por las almas consagradas (Amparo se inclina y besa el suelo). Este acto de humildad, hija mía, sirve para la salvación de los pobres pecadores; por las almas consagradas ¡las amo tanto, hija mía... y que mal me corresponden! Por eso os pido, hijos míos, que hagáis sacrificios por los que no los hacen y que hagáis oración por los que no rezan, hijos míos.
La ira del Padre se aproxima y mí Corazón está transido de dolor. Las profecías que Yo he dado hace mucho tiempo, hija mía a Melania y a Bernardita se van a cumplir. Estamos en el fin de los fines; en el fin de los tiempos, hija mía, y no encontramos almas para ser apóstoles de los últimos tiempos. Sólo, hija mía, con que hubiese diez almas, diez almas puras, mi Hijo imploraría a su Padre que no descargara su ira sobre esta humanidad. Pero no encontramos almas víctimas, hija mía; no encontramos almas que quieran reparar los pecados de los demás. ¿Qué han hecho con la Iglesia de mi Hijo, qué han hecho, hija mía? Qué pena de almas! Pedid por ellas, hijos míos, porque Dios Padre les va a dar por su pecado y por los demás, por los demás que han arrastrado al abismo.
Vas a ver un momento, hija mía, la Transfiguración de Cristo. No podrás tocar, hija mía. (Aquí se queja con prolongadas y muy fuertes lamentaciones):
¡Ay, qué luz! ¡Ay, qué luz! .. ¿Quiénes son esos que hay ahí, quiénes son?
—Moisés, es Moisés y Henoc (Amparo estaba viendo a un lado Henoc, Moisés y Elias; y al otro Pedro, Santiago y Juan).
¡Ay! Pero, ¿qué le pasa al Señor? ¡Ay, qué cara! ¡Qué luz, ay, ay...! (extiende la mano para tocar y Moisés le dice):
— ¡Ay, que no toques, ay...! (Se sigue quejando fuertemente:)
— ¡Ay, Dios mío, ay qué luz ...! (en suspiros profundos)
— Esta luz, hija mía, es la Transfiguración de Cristo. Has visto, hija mía, su cara, como el sol de brillante, como el sol. Nadie, nadie puede alcanzar esa energía divina. ¡Nadie hija mía! No intentes tocarla, ¡no intentes!
— ¡Ay, lo que sale, ay lo que sale, de la luz del cuerpo, ay del cuerpo ese tan grande...! ¡Ay lo que sale! ¡Ay, se forma un brazo! Se está formando otro brazo. ¡Ay, se forma el cuerpo! Ay, se forma la cara! ¡Un pie! ¡El otro pie; con rayos que salen del cuerpo, de ese cuerpo tan grande...! Del centro del pecho salen los rayos; y se ha formado un hombre. Ay, es el Señor ese hombre, ay es el Señor, con pelo y todo lo ha formado!
Ahora siguen saliendo rayos de dentro de ese cuerpo. ¡Ay, que se forma un ala; otra ala! ¡Ay, una cabeza de un..., ay, una paloma, una paloma; se ha formado también una paloma! ¡Ay, de esos rayos de ese cuerpo tan grande! ¡Qué hombre! Si no puedo verle la cara...; el pelo muy largo y la barba; pero la cara no puedo verla. ¡Qué pies tan grandes, ay qué brazos tiene, Dios mío...! ¿Quién es ese tan grande? ¡Ay, por eso no lo puedo ver!
Ese hija mía, es Dios Padre. Nadie, nadie lo podrá ver ni tocarlo, hija mía. Es la luz divina, la luz para toda la humanidad. Ahora, hija mía vas a ver como esos cuerpos se destruyen lo mismo que se han construido y se meten dentro de ese cuerpo.
— ¿Qué van a hacer ahora? Ay! Pero ¿cómo lo hacen...? Se está quitando otra vez. Los rayos se meten dentro de ese cuerpo otra vez. ¡Ay! todo se está destruyendo otra vez. Se han metido dentro de ese cuerpo tan grande. La paloma también se ha metido dentro de ese cuerpo.
— Pero, ¿qué es esto, Dios mío, qué es eso?
— Esto, hija mía, son las Tres Divinas Personas: el Padre, que nadie lo ha podido ver; el Hijo y el Espíritu Santo. Todo viene del Padre, hija mía, de la energía divina del Padre se forma el Hijo y se forma el Espíritu Santo.
¿Y esos brazos tan grandes?
— Significan que quieren abarcar todo el universo, hija mía; así es de grande Dios Padre. Pero, a veces, hija mía, la raza humana lo hace tan pequeño, tan pequeño, y esta tan ofendido, que va a descargar su cólera de un momento a otro, hija mía.
— ¡Ay, Dios mío, ay, Dios mío, perdónalos! Dios mío ten misericordia de todos. Dios mío, ¡Ay! Si es que no hacen caso, Dios mío (sollozando) Ay...!
—-Por eso te digo, hija mía, y te he repetido muchas veces, que la raza más "rebeladora’ es la raza humana; la que más se ha rebelado contra Dios. Y, sin embargo, hija mía, Dios Padre tiene misericordia de ellos.
Pedid que se convierta, hija mía, quiero que se salve (Aquí habla en idioma desconocido). ¡Ay, Dios mío! ¿Tan poco falta, Señor, tan poco falta? Pido que se conviertan todos, Dios mío.
— Vas a ver otra clase de castigo, hija mía, (llora mucho)
— Por eso mi Corazón de Madre sufre tanto; por eso no quiero que se condenen; por eso mi hijo me ha puesto por mensajera para la salvación de la humanidad.
Vuelve a besar el suelo, hija mía, por los pobres pecadores (de nuevo despacio besa el suelo). Por todos los pecadores, por todos mis hijos, hija mía, sin distinción de razas pido, hija mía, sacrificio y oración. Haz sacrificio y penitencia con la oración, hija mía. Vale la pena seguir para recibir una recompensa en las moradas celestiales.
Mira cómo está mi Corazón transido de dolor por todos mis hijos. hija mía, por todos. Por mis almas consagradas no puedes quitar ninguna espina, hija mía, no están purificadas. Pero te voy a dar una oportunidad de que escribas otro nombre en el libro de la vida, hija mía (Amparo escribe en el aire de derecha a izquierda). Ya hay otro nombre más, hija mía, en el libro de la vida. Estos nombres no se borrarán jamás, hija mía.
Todavía queda un alma que ama nuestros corazones, hija mía. Que pidan gracias a mi Inmaculado Corazón, que é1 derramará gracias sobre toda la humanidad. Pedid que se conviertan los pobres pecadores .Me dan tanta pena, hija mía...
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.
Levantad los objetos, hijos míos. Todos los objetos serán bendecidos, hijos míos. Muchos de ellos recibirán gracias especiales que servirán para la conversión de muchas almas, hija mía.
Os pido sacrificios, hija mía, sacrificio y humildad
Adiós, hijos míos, adiós"