MENSAJE DEL DÍA 30 DE JULIO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

Durante el rezo del santo Rosario, Amparo queda en éxtasis en el quinto misterio y transmite el siguiente mensaje de parte de la santísima Virgen:

LA VIRGEN:

"Hija mía, el mensaje va a ser corto, hija mía, porque todo lo tengo dicho desde el principio hasta el fin. Di a los human os, hija mía, que no ofendan, la divina Majestad de Dios Padre; está muy ofendido y su colera va a caer sobre la humanidad de un momento a otro, hija mía. Os pido sacrificios, hija mía, sacrificos y oración. Este es mi mensaje Hija mía, que os améis los unos a los otros como mi Hijo os amó.

Sí, hija mía, los humanos han convertido el mundo en escenario de crimenes y de placeres y ee envidias, hija mía. No seáis caines, hijos míos, sed como Abel que ofrecía a Dios los mejores frutos de su cosecha. Haced vosotros lo mismo, hijos míos. No os riáis de los mensajes de vuestra Madre, ¿cuántos hija mía, cuántos se ríen de mis mensajes? ¡Pobres almas, me dan tanta pena...¡ Tú, hija mía, te sigo repitiendo: hazte pequeña, humíllate, hija mía, sé humilde, porque sin la humildad no se puede conseguir el cielo.

Besa el suelo, hija mia, en acto de humildad, en reparación de todos los pecados (Amparo se inclina, lentamente y besa el suelo). Bienaventurados, hija mía, bienaventurados los que se humillan, ya te lo he repetido muchas veces, porque ellos serán altos muy altos; subirán a las moradas más altas del Padre Eterno. Por eso, hijos míos, sin humildad, sin caridad y sin fe no se puede conseguir el cielo. Sed humildes, hijos míos; mi Hijo quiere apostoles pero no los encuentra, hija mía; quiere apóstoles para los últimos tiempos, pero la humanidad no corresponde, hija mía: no corresponde con sus sacrificos y con sus oraciones.

Sí, hija mía, las almas consagradas están muy necesitadas de oración, hija mía,y los pecados de las almas consagradas están clamando al cielo venganza, hijos míos pedid por esas pobres almas, ¡me dan tanta pena, hijos mios¡, ¡las amo tanto..¡ Los ángeles del cielo harán justicia, hija mía, sobre esa venganza. Por eso os pido como Madre de amor y de misericordia que soy, que pidáis por todas las almas no quiero que se condenen, todos son mis hijos, hija mía, todos sin distinción de razas; por eso os aviso, hija mía, para que pongáis orden en vuestras vidas y para que hagáis oración y sacrificio, pues el tiempo está proximo, muy proximo, hijos míos, muy próximo; faltan segundos, hijos míos, os lo vengo advirtiendo hace mucho tiempo, hijos míos. Quiero que hagáis sacrificio, que os acerquéis al sacrameno de la confeión y que hagáis visitas al Santísimo; mi Hijo esta triste y solo con los brazos abiertos esperándoos a todos hijos míos; dedicadle media hora, hijos míos, esta tan triste y tan solo...

Pedid gracias a mi Inmaculado Corazón, quiere este Corazon Inmaculado derramar las gracias sobre todos vosotros, hijos míos. Pedid como decía mi Hijo: Pedid y se os dará, hijos míos; pero pedid para vuestra alma, no pidáis solo para vuestro cuerpo; el cuerpo no vale para nada, hijos míos; tened presente que es el alma lo más importante; depende de vosotros vuestra salvación o vuestra condenación hijos míos; pero aquello que escojáis, será para toda, toda una eternidad, hijos míos.

El mundo se acaba, pero quiero que los hombres cambien, quiero que ordenéis vuestras vidas, hijos míos; se os dará un aviso y os veréis reflejada vuestra alma como en un espejo de lo que habéis sido durante toda vuestra existencia, hijos míos, toda vuestra existencia. Ese es el misterio de Dios que el hombre nunca ha llegado a descubrir, hijos míos; muchos en ese momento se horrorizarán y no querrán creer ni en la palabra de Dios. Por eso os pido, hijos míos, que pidáis luz al Espíritu Santo para que, cuando llegue ese momento, estéis iluminados para poder comprender los designios de Dios como son misteriosos y ocultos.

Si, hija mía, todavía te queda que sufrir, pero piensa que es para bien de la humanidad, las almas víctimas las escoge mi Hijo para la salvación de los hombres.

Vuelve a besar el suelo por las ALMAS CONSAGRADAS, hija mía, por esas almas que ofenden la divina Majestad de Dios (Amparo besa el suelo). Es preciso, hija mía, que esta humillación la recibas diariamente, hija mía; durante todo el día. Es un acto de humildad para ti también, hija mía, en reparación de tus pecados. Piensa que mi Hijo te ha escogido por miserable y pequeña, hija mía, no te ha escogido por mística, hija mía, sino porque eras una miserable. Por eso te pido que te humilles y te dejes humillar. También esta humillación sirve para todas las almas. Durante el día este acto de humildad sirve para salvar la humanidad hija mía; en reparación de todos los pecados del mundo. Sed humildes, hijos míos, y con vuestra oración y vuestro sacrificio podéis salvar muchas almas, hijos míos; por eso me manifiesto tan a menudo, porque el tiempo se aproxima y los hombres no cambian. El fin de los fines está cerca, hijos míos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice en el nombre del Hijo y con el Espíritu Santo.

Levantad los objetos, hijos míos, todos los objetos serán bendecidos y muchos objetos recibirán gracias especiales para la curación de algún enfermo. Recibid mi bendici6n, hijos míos.

Adiós, hijos míos. Adiós".