MENSAJE DEL DIA 24 DE JULIO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

Durante el rezo del santo Rosario, en el quinto misterio, Amparo queda en éxtasis y transmite este mensaje de parte de la santísima Virgen:

LA VIRGEN:

"Hijos míos, me manifiesto a menudo porque el mundo está al borde del precipicio, y los hombres no hacen caso; sacrificio os pido, hijos míos, sacrificios y oración, para poder salvar por lo menos, hijos míos, os sigo repitiendo, la tercera parte de la humanidad. Los hombres no dejan de ofender a Dios, pero con el sacrificio y con la oración, hijos míos, podéis ayudar a tantas almas... Hija mía, se van a presentar profetas falsos; ten cuidado, hija mía, que entre la humanidad está la raza maldita del anticristo, y el anticristo está entre los cuatro ángulos de la tierra, para confundir a las almas, pero con sacrificio y con oración, hijos míos, y con humildad, nunca el enemigo se podrá apoderar de vuestras almas.

El cáliz está lleno, hijos míos, está saliéndose, y la mano de mi Hijo va a hacer justicia sobre toda la hum anidad.

Humildad pido, hijos míos, no os dejéis engañar por la astucia del enemigo; el enemigo quiere sellar con el 666 a sus almas, hijos míos, no os dejéis engañar; sacrificio, sacrificio y oración.

Confesad vuestros pecados, hijos míos; el Padre Eterno esta triste y enfadado, porque muchos no os habéis acercado a ese sacramento; ¡qué pena, hijos míos¡ No os metáis en la profundidad de los placeres del mundo, el mundo no sirve nada más que para vuestra condenación. Sí, hija mía, tu sufrimiento y el de otras almas victimas sirven para la salvación de la humanidad.

Se reirán de ti, hija mía, se burlarán, te levantarán calumnias, pero piensa en Cristo; Cristo Jesús fue calumniado, fue calumniado, y ¿qué podían calumniar? (Amparo habla en un idioma extraño).

Si, todo esto tenlo presente, hija mía, todo esto lo recibirás; serás martirizada, hija mía, pero recibirás la palma del martirio porque valen la pena todos los sufrimientos del cuerpo para que luego tu alma esté en una morada, en la morada de las almas escogidas. Hija mía, hazte pequeña, pequeña como mi Hijo te dice para poderte subir muy alta; pensad que todas las almas pequeñas, tienen un puesto elevado en las moradas.

No os aferréis a las cosas terrenas, hijos míos, sólo sirven para condenar vuestra alma.

Besa el suelo, hija mía, por los pobres pecadores (Amparo besa lentamente el suelo). Este acto de humildad, hija mía, sirve en reparación de tantos pecados como se cometen y de los ultrajes a mi Inmaculado Corazón.

Refugiaos en el Corazón Inmaculado de vuestra Madre, mi Corazón triunfará, hijos míos. Sed humildes, sed humildes y sed sacrificados; las almas sacrificadas, son las que importan en el mundo de pecado, hija mía; el alma sacrificada es el alma pura e Inmaculada que Dios utilizó por Madre. Dios se sacrificó por el bien de la humanidad, pero su Madre fue también víctima de dolor al pie de la cruz.

Hija mía, Yo estuve amarrada, amargamente amarrada al pie de la cruz, hija mía, viendo agonizar a mi Hijo; por eso, tú que eres madre pide por tus hijos, que en mi Corazón hay espinas de ellos también, hija mía. Piensa que si uno de tus hijos, te lo he repetido muchas veces, lo vieses como se profundizaba en el fondo del abismo, ¡qué dolor tan inmenso, porque eres madre, hija mía! Así está mi Corazón diariamente, sufriendo por todos mis hijos, por todos, sin distinción de razas, hija mía. Sed humildes, hijos míos.

(Amparo llora desconsoladamente y posteriormente explica:) Veo como un planeta muy oscuro y muy seco con piedras y polvo, sin nada de vegetación y veo a muchas personas muy desnutridas que buscan desesperadamente agua, por lo que la Virgen me dice:

Estas almas. se encuentran aquí, porque no han querido recibir la llamada de Cristo, para toda la eternidad, hija mía. Nada más piensa diariamente en que la condenación es para toda, toda una eternidad, (Amparo sigue llorando), por eso pido, hijos míos, que hagáis sacrificios y oración por las almas que no han conocido la llamada de Dios, hijos míos, esta luz divina.

Hay muchas almas que están muy necesitadas, pero que nadie, nadie reza una oración por ellas, hijos míos. Humíllate, hija mía, vuelve a besar el suelo, por estas pobres almas, hija mía (Amparo se inclina lentamente y besa el suelo por segunda vez), nunca te avergüences, hija mía, de ser humillada; piensa en lo que dijo mi Hijo: "bienaventurados los que se humillen, porque ellos serán ensalzados".

Hija mía, seguid rezando el santo Rosario, se están salvando muchas almas. Me agrada, hija mía, que vengáis a este lugar a rezar el santo Rosario.

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, en el nombre del Padre con el Hijo y en el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos. Adiós".