MENSAJE DEL DÍA 25 DE JUNIO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

Durante el rezo del santo Rosario comienza a mirar Amparo hacia la parte del sol y sus ojos se llenan de lágrimas. Continúa rezando y al finalizar la salve, cae de rodillas y transmite el mensaje que le comunica la santísima Virgen:

LA VIRGEN:

"Hijos míos, sólo os recuerdo lo que os he dicho otras veces: sacrificios, hijos míos, sacrificios y oración. Se están purificando muchas almas con vuestras oraciones. Cuántas almas, hijos míos, se están acercando a la Eucaristía por vuestras oraciones. ¡Cuántas ovejas perdidas han vuelto al rebaño de mi Hijo!

Seguid rezando el santo Rosario hijos míos, me agrada tanto esa plegaria! Con el Rosario, hijos míos, y por el Rosario, podéis salvar millares y millares de almas. Con la confesión y la comunión, hijos míos, haced actos de desagravio por tantos sacrilegios que se estan cometiendo diariamente en la Eucaristia.

Si, hijos míos, es duro decirlo, pero para salvaros, teneis que hacer sacrificios y oración. Pensad que Dios Padre es todo misericordia y amor, pero pensad, hijos míos, que como juez es muy severo. Sacrificios, sigo repitiendo. Hace muchos años, hijos míos, que os estoy avisando y los días pasan y hay muchas almas que no han conocido todavía la gracia de Dios.

Hijos míos, publicad la santa palabra de mi Hijo: los Santos Evangelios.

Mira, hija mia, mira qué premio espera a esas almas que han querido aceptar la palabra de Dios Padre, (Amparo respira profunda y reposadamente, como si la visión que tiene fuese muy agradable). Vale la pena, hija mía, vale la pena sufrir y hacer sacrificios, para luego recibir esta recümpenSa. Sí, hija mía, pero también vas a ver derrumbarse naciones enteras y ser sepultadas sin quedar de ellas ni rastro. Mira, varias naciones quedarán como este lugar, hija mia.

(Amparo explica): Veo como un campo sin vegetación ni vida. (Continúa Amparo llorando desconsoladamente, y con su voz natural entrecortada por sollozos se le oye decir: ¿Dónde los llevas a todos? ¿Dónde los llevas? Ay! ¡ay¡ ¡ay!)

(Amparo continúa explicando esta visión): Veo como la entrada de un túnel muy oscuro y muchas personas a la entrada. Veo a personas muy feas, con ojos de odio, que salen de dentro del túnel y se llevan ariastrando a los que están fuera. Estos no pueden escapar porque una barrera de luz muy fuerte se lo impide.

Parte de estas naciones, hija mía, serán de una parte de Europa. Naciones enteras, hija mía, serán engullidas, no quedará de ellas ni la sombra. Por eso os pido, hijos míos, sacrificios, sacrificios y oración por estas pobres naciones, para que se salven muchas almas, hijos míos. Parte de Roma, hija mía, quedará destruida.

Pedid, hijos míos, por el Vicario de Cristo. El Vicario de Cristo esta en un gran peligro. Hijos míos, oración y sacrificios. Sin oración y sin sacrificios no os salvaréis, Hijos míos, ni ayudaréis a salvar almas.

Haced apostolado, hijos míos, todos podéis ser apóstoles de los últimos tiempos, hijos míos. Con vuestra oración y vuestro sacrificio, Dios os dará esa gracia, hijos míos.

Si, hija mía, es preciso sufrir para salvar almas. ¡Cuántas almas estan empeñadas en que Dios Padre no puede castigar! Dios Padre no castiga, se castigan ellas mismas, hijos míos. Dios Padre es misericordia y amor, pero es juez y tiene que dar a cada uno según sus obras, hijos míos.

Besa el suelo, hija mía, por la salvación de esas almas (Amparo se inclina lentamente y besa el suelo). Este acto de humildad sirve para salvar muchas almas. Tienes que volver a besar el suelo por las almas consagradas, hija mía, (Amparo se uelve a inclinar y besa el suelo). Pedid por las almas consagradas. El demonio, hija mía, se está apoderando del honor de los conventos. Las flores de los conventos estan marchitas, hija mía. Qué pena de almas! ¡Las amo tanto, hija mía! Pedid que el enemigo no se apodere de ellas. El enemigo está formando la batalla entre la humanidad para llevarse el mayor número posible; pero mi Corazón Inmaculado será el que triunfe, hijos míos. Triunfara sobre toda la humanidad. Pedid gracias, hijos míos, que ml Corazón las derramará sobre vosotros.

Tú, hija mía, tienes que sufrir como víctima de reparación por todos los pecadores del mundo; pero vale la pena sufrir, hija mía, si luego vas a recibir la recompensa para toda la eternidad.

EL SEÑOR:

Humildad te pido, hija mía. También tú sufres por los tuyos, hija mía, sufre como madre y como esposa, porque mi Madre sufrió como Madre al pie de la cruz, y a ti te he dado otra prueba mas como esposa, hija mia. Sé humilde, hija mía, sé humilde, sin humildad no se consigue el cielo.

(Amparo explica): Veo al Señor en la cruz y a la santísima Virgen agarrada a la cruz con la cabeza en el suelo. Dos mujeres tratan de levantar y consolar a la santísima Virgen.

LA VIRGEN:

(Continúa transmitiendo el mensaje de parte de la Virgen): Os bendigo a todos, hijos míos, como el Padre os bendice, en el nombre del Hijo y con el Espíritu Santo.

Levantad todos los objetos, serán bendecidos por vuestra Madre celestial. Todos serán bendecidos, hijos míos.

Me manifiesto en muchos lugares, porque el tiempo apremia, hija mía, y las almas no viven muchas la gracia de su Madre, hija mía.

Extended los mensajes por todas las partes del mundo; según vuestras obras, recibiréis vuestro premio, hijos míos.

A ti, hija mía, te dije ayer; tienes que unirte a Teresa de Jesús, tienes que fundar obras de misericordia y amor para los pobres, hija mía, para que se salven muchas almas. El tiempo se aproxima. Cada día, hija mía, cada día que pasa, las almas se aproximan al abismo, por eso te pido sacrificio y humildad, hija mía.

Si, hija mía, aunque sea duro tienes que sufrir, mientras haya víctimas para expiar los pecados de los demás, se salvaran muchas almas.

Adiós, hija mía. Adiós".