MENSAJE DEL DÍA 2 DE JULIO DE 1983

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

Por ser primer sábado había muchísima gente, la mayoría personas que iban por primera vez. Amparo, dado su estado de salud, reza el santo Rosario en pie, pero en el quinto misterio después de un tiempo en el que su rostro denota la presencia de la santísima Virgen, cae de bruces como si alguien la empujara. Su rostro no cambia. Las personas allí presentes gritan pensando que se ha hecho daño. Entre su esposo Nicasio y Emilio Oteo, de Zaragoza., ayudados por una hija de Amparo y otras personas, la levantan quedando de rodillas. Echa la cabeza hacia atrás y comienza a hablar, poniendo la cabeza en posición más normal:

LA VIRGEN:

"Hija mía, hija mía, los hombres siguen pecando y siguen ofendiendo a Dios, pero mi Inmaculado Corazón, sigue derramando misericordia y amor sobre toda la humanidad y la humanidad sigue pecando, sigue provocando a Dios Padre; sigue, hija mía, desafiando a Dios. Pide, hija mía a todo el mundo que cambien de vida, que la ira de Dios está próxima y va a caer de un momento a otro. Si, hija mía, que cambien esa vida de pecado y de desorden que llevan.

Hija mía, también pido que lo publiques por todos los rincones del mundo.

Tendrás enemigos, hija mía, pero sé fuerte en la fe de Cristo. Con la fe de Cristo, triunfarás contra todos los enemigos.

Sí, hija mía, Satanás se ha apoderado de altos puestos para detener la marcha de los acontecimientos. Sí, también se ha metido en altas cumbres de la Iglesia para destruir las almas consagradas; se ha introducido en los cuerpos de hombres sabios para destruir la mayor parte de la humanidad.

Hijos míos, seguid el camino del Evangelio de Cristo. Todos aquellos que se llaman hijos de Dios y no cumplen con los Mandamientos de la Ley de Dios, no son hijos de Dios, hija mía; se llaman hijos de Dios, pero están sirviendo al enemigo y mi Hijo dijo: "Tienen que servir a un dueño sólo". Hijos míos, tenéis que tener sólo un dueño, y ese dueño que sea Jesús, que es e1 dueño de vuestra alma. Que el enemigo no se apodere le vuestras almas. ¡Cuántos, hija mía, de los aquí presentes, dicen servir a Dios! Pero ¿de qué manera creéis hijos míos, que se sirve a Dios? Cargando la cruz y siguiendo su camino, hijos míos. Mí Hijo, hijos míos, se inmoló por vosotros, por la salvación de vuestras almas. Quiere, hija mía, quiere almas víctimas para reparar y para la salvación de la humanidad. El tiempo se aproxima, hijos míos, los hombres no cambian; de un momento a otro va a venir el gran castigo, hijos míos.

Por todos mis hijos, hijos míos, por todos, pedid, pedid y haced sacrificios. Para ganar el cielo, hay que ser buenos y puros, y caritativos con vuestros semejantes, hijos míos. Sin caridad no os salvaréis.

Mira, hija mía, mira mi Corazón. Mira como está transido de dolor por todos mis hijos, por todos sin distinción de razas (Amparo gime al ver el Corazón de la santísima Virgen).

Quita tres espinas, hija mía; se han purificado tres, con vuestras oraciones y con vuestros sacrificios (Amparo llora desconsoladamente al arrancar las espinas). No toques mas, hija mía, no toques, las demás no están purificadas. Gran parte de las espinas de este Corazón, hija mía, es de las almas consagradas. Pedid por las almas consagradas ,hijos míos, pedid. ¡Que el enemigo no se apodere de esas almas que pertenecen a mi Hijo, hija mía!

Seguid rezando el santo Rosario, hijos míos; con el Rosario se salvan muchas almas; pero también os pido que os acerquéis al sacramento de la confesión y a la Eucaristía. Es muy importante recibir el Cuerpo de Cristo para daros fuerza para luchar Contra el enemigo.

Escribe otro nombre, hija mía, en el libro de la vida (Amparo escribe en el aire de derecha a izquierda). Ya hay otro nombre más, hija mía, en el libro de la vida. Estos nombres no se borraran jamás.

Besa el suelo, bija mía, en reparación de todos los pecados; del mundo (Amparo se inclina lentamente y besa el suelo). Este acto de humildad, hija mía, sirve para reparar los pecados de los hombres.

Sé humilde, hija mía. Tienes que sufrir mucho, mi Hijo te ha escogido como víctima, como víctima para sufrir por la salvación de los pecadores. Si, hija mía, tendrás muchas pruebas, pruebas fuertes de dolor, pero ya te he dicho otras veces, que mi Hijo no te va a dar mas de lo que puedas resistir, pero es preciso que haya almas víctimas para la salvación de las almas. No te importen las burlas, ni te importen las humillaciones, si está Dios contigo, ¿a quién puedes temer, hija mía?

No, hija mía, no se encuentran apóstoles de los últimos tiempos. Los apóstoles tienen que ser humildes, puros, mortificados y sacrificados, hija mía, para el bien de la humanidad; pero qué pocas almas se encuentran para elegir almas de los últimos tiempos! Estamos en el fin de los fines, hija mía.

Seguid haciendo sacrificios. Sin sacrificios y oración, no os salvaréis, hijos míos.

Pedid por las almas consagradas, ¡las amo tanto, hijos míos.., y que mal me corresponden esas almas! Si, hijos míos;, sacrificios, sacrificios y oración pido.

Hijos míos, os bendigo como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

Levantad todos los objetos, hijos míos. Serán bendecidos (todos los presentes levantan toda clase de objetos religiosos: medallas, rosarios, estampas, etc.).

Sed humildes, hijos míos, está llegando el tiempo para escoger apóstoles para los últimos tiempos. Si, hijos míos, el camino para llegar al ciclo es el del sufrimiento y del dolor. Pensad en Cristo cómo se inmoló por todos vosotros, por la salvación de vuestras almas, y qué mal le correspondéis, hijos míos. Seguid rezando.

(Amparo habla en un idioma extraño durante unos momentos). Hija mía, pide por el Vicario de Cristo. Lo que te he dicho, hija mía, es un secreto. Sólo puedes comunicárselo a é1. Sigue pidiendo por el Vicario de Cristo, está en un gran peligro, hija mía.

Oración y sacrificio os pido, hijos míos. Eso os pide vuestra Madre. Correspondedme con la oración y con el sacrificio, que mi Inmaculado Corazón derrama gracias sobre toda la humanidad, hijos míos. El será el que triunfe. Será el que triunfe, hijos míos.

Pedid, que recibiréis, si os conviene para vuestras almas. No pidáis solo para vuestro cuerpo; pedid el milagro del alma, que es el más importante.

Adiós, hijos míos. Adiós".