MENSAJE DEL 15 DE SEPTIEMBRE DE 1.983 (NTRA. SRA. DE LOS DOLORES) EN PRADO NUEVO (EL ESCORIAL.

Al comenzar el rezo del segundo misterio doloroso, hizo su aparición la Santísima Virgen, transmitiendo un mensaje y acompañando al rezo del Santo Rosario, hasta que finalizó éste en que se despidió. La Santísima Virgen, a través de Amparo, fue dirigiendo la oración y meditando en cada misterio, pudiéndose oir en algunos momentos cómo a la vez que rezaba Amparo también rezaba la Santísima Virgen, escuchándose dos voces casi al unísono.

La Santísima Virgen, a través de Amparo, comunicó el siguiente mensaje:

"Hija mía, junta las manos para implorar al Padre por todos los pecadores. Hija mía, quiero estar presente todo el Rosario para que juntos imploremos para la salvación del mundo; mira cómo está mi Corazón de dolorido, hija mía, ¿sabes por qué está así mi Corazón?, por todos los pecadores, hija mía, por todos, si supieran las almas cuánto las amamos mi Hijo y Yo, hija mía, no nos rechazarían, ni nos despreciarían con esa frialdad, hija mía.

Cuántos, cuántos dicen amar a mi Hijo y a Mí, pero cuando mi Hijo les da una prueba y les deja un poco la cruz, la rechazan, la tiran y gritan:

- Fuera la cruz, fuera, no quiero la cruz.

La rechazan, la pisotean, y ultrajan el Divino Cuerpo de Cristo. Hija mía, en esos momentos Satanás se introduce dentro de sus almas y les pone el camino ancho, lleno de placeres y de vicios, y lleno de rosas, hija mía, pero en cada rosa hay un sello marcado, y ese sello es el sello del anticristo, el 666. Hija mía, se introduce dentro de ellos y cogen los placeres con alegría rechazando la cruz, pero esos placeres, después los introducen dentro del abismo, hija mía; por eso mi Corazón, mi Corazón está triste porque los hombres cada día son peor. Por eso coge mi Hijo almas para que sufran, víctimas para dar fuerza a otras almas, fuerza para que no caigan en el pecado, hija mía.

Sí, hija mía, mi Corazón sangra por todos los pecadores, por todos, sin distinción de razas, hija mía. Que pidan misericordia, que pidan gracias, hija mía, que mi Corazón derramará gracias sobre todo aquel que las pida, y mi Corazón Inmaculado los llevará a Jesús, y Jesús los llevará al Padre, y el Padre, los está esperando con los brazos abiertos a todos aquellos que quieran pedir perdón de sus pecados, hija mía.

Es preciso sufrir, hijos míos, es preciso llevar la cruz, como mi Hijo llevó la cruz, para salvar a toda la humanidad. También Yo, hija mía, sufrí mucho, sufrí mucho amarrada a esa cruz, desgarrándose mi Corazón de dolor por toda la humanidad, y mi Hijo, hija mía, me dejó como Madre de todos los pecadores, por eso tengo que luchar, tengo que implorar a mi Hijo para que mi Hijo implore al Padre, que tenga piedad de todos los pecadores; pero muchos pecadores, no quieren recibir, no quieren, rechazan la gracia Divina, hija mía, ipobres almas, pobres almas, hija mía!, iel castigo que se les avecina, hija mía! Por eso está mi Corazón triste, hija mía, porque veo millares y millares de hijos que se precipitan en el fondo del abismo. Por eso con sacrificio, hijos míos, con sacrificio y con oración, podéis ganar las moradas, hijos míos.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecadores del mundo, (Amparo lentamente, pero con una flexibilidad no usual en ella, se inclina y besa el suelo). Hija mía, este acto de humildad sirve para la salvación de las almas. Mira, hija mía, no te importe humillarte, piensa que el que se humilla será ensalzado, hija mía. Mira cómo está mi Co- razón, hija mía, (Amparo gime y llora de dolor al ver el Corazón sangrante y lleno de espinas de la Santísima Virgen), por todos mis hijos. Quiero que se salven todos, pero re- chazan la gracia de su Madre, hija mía.

Yo también lloro, hija mía, toca las lágrimas; (Amparo hace ademán de tocar algo y en sus dedos puede apreciarse el brillo y la humedad producida por las lágrimas de la Santísima Virgen); enséñalas, mirad, las lágrimas de vuestra Madre, hijos míos, (muchos de los allí presentes, hemos podido apreciar las lágrimas en los dedos de Amparo). Estas lágrimas, hija mía, estás lágrimas, las derrama diariamente vuestra Madre, por todos los pecadores, hija mía; por todos, sin distinción de razas, hijos míos, no habría envase en la tierra, que pudiera recoger mis lágrimas, hijos míos; por eso os pido, hijos míos, oración y sacrificios, oración por los pobres pecadores; no quiero que se condenen, hijos míos, no quiero que se condenen las almas; vosotros con oración y con sacrificios, podéis ayudar a esas pobres almas.

Junta las manos, hija mía, para pedir al Padre por todos los pecadores, por todos, hija mía; únete a Mí:

PADRE CELESTIAL TEN COMPASION DE LA HUMANIDAD, TEN COMPASION DE TODAS LAS ALMAS.

Si las almas supiesen, cómo están nuestros Corazones, llenos de amor y de misericordia, esperando que ellos pidan, para que mi Hijo les dé esas gracias hijos míos...

Besa el pie, hija mía, (Amparo hace ademán de besar algo).

Sí, hija mía, es preciso sufrir para salvar almas; mi Hijo coge almas víctimas para reparar los pecados de los hombres, pero los hombres son tan ingratos, hija mía, iqué mal corresponden a ese sufrimiento!; aunque te humillen, hija mía, ofrécelo a Cristo Jesús, a El también le humillaban, hija mía, le llamaban endemoniado, el vagabundo, hija mía, porque iba de pueblo en pueblo, publicando la palabra de Dios, para la salvación de las pobres almas, hija mía, pobres almas... También, hijos míos, os pido sacrificios por las almas consagradas, ilas aman tanto nuestros Corazones, y qué mal corresponden a ese amor, hija mía...!

Sí, hija mía, Yo también lloro contigo, hija mía, porque veo que cada día hay más almas en el infierno, hija mía; Satanás con su astucia quiere apoderarse del mayor número de almas, los sella con el 666, para que no se escapen, hija mía. Mira este infierno como está, todos llevan el sello del enemigo.

(Amparo al ver el infierno que la Virgen le muestra, gime y llora diciendo):

- ¡Sácalos, sácalos, ay, sacálos, ay...!

- No, hija mía, se han condenado por su propia voluntad, han rechazado las gracias que mi Corazón les daba, hija mía; por eso este Corazón está triste, están condenados para toda la eternidad, hija mía.

De las almas depende su condenación o su salvación, hija mía; Yo estoy pidiendo a mi Hijo constantemente por todos ellos, hija mía, (Amparo sigue llorando al ver a los condenados en el infierno), por eso os pido, hijos míos: con la cruz, con la cruz llegaréis a conseguir las moradas celestiales, no la rechacéis, hijos míos, podéis ayudar a tantas almas con todas las cruces que mi Hijo os manda, hijos míos... El mundo está muy necesitado de almas víctimas, hijos míos. No sólo hay que ser cristiano de nombre, hijos míos, sino practicantes, practicantes; muchos rezáis con los labios, hijos míos, pero la oración no sale del corazón; quiero que la oración salga del corazón, para que lleguen a las moradas vuestras oraciones.

Te pido, hija mía, que hagas sacrificio, sacrificio y oración por esas pobres almas que rechazan la gracia de Dios. Yo también sufro, hija mía, aunque los humanos dicen que mi Corazón no sufre, mi Corazón no ha dejado de sufrir, hija mía, Yo también estuve entre los humanos, y viví igual a un humano, pues me parecí a los humanos menos en el pecado, hija mía; viví escondida después de la muerte de mi Hijo, escondida, pero sola y sufrí mucho, hija mía, tenía que dar testimonio de la Iglesia, porque por eso soy la Reina de la Iglesia, hija mía, pero esas almas, esas almas consagradas, muchos de ellos, han confundido el camino, hijos míos, pobres almas, pagarán por su pecado; y más por todas las almas que arrastran hacia el abismo.

Hijos míos, seguid haciendo vigilias, me agradan tanto, hijos míos, me agradan tanto... y esta plegaria favorita que es el Rosario, hijos míos, es mi plegaria, con mi plegaria ayudaréis a salvar muchas almas.

Levantad todos los objetos, hijos míos, serán bendecidos, hijos míos, recibirán gracias especiales, para la salvación de las almas, y para la curación de los enfermos.

Hijos míos, os voy a dar mi bendición, pero quiero estar presente durante todo el Rosario, para implorar al Padre por la salvación de las almas, hijos míos. Os bendigo, como el Padre os bendice, por medio del Hijo, y con el Espíritu Santo".

Amparo tarda en volver a una recuperación solamente parcial, ya que el resto del Rosario lo pasó enajenada por la presencia de la Santísima Virgen; por eso suspira profundamente y con satisfacción. No acordándose de rezar el Gloria al Padre, la Stma. Virgen se lo advierte en un susurro:

- Gloria.

En el tercer misterio, Amparo por indicación de la Stma. Virgen pidió por las almas consagradas de la forma siguiente:

- Este misterio lo vamos a ofrecer por las almas consagradas, para que pidan gracias a la Santísima Virgen, para ser buenos hijos de Dios y que correspondan a esa gracia y a su vocación.

(Aquí Amparo pregunta a la Virgen): - ¿Pido también por el Obispo?

(La Santísima Virgen le contesta en un susurro): - Sí, hija mía.

(Amparo continúa) :

- Y por el Obispo Angel, para que el Espíritu Santo le ilumine para gobernar el pueblo de Dios.

(La Santísima Virgen por medio de Amparo dice): - Se llama el pueblo de Dios, hija mía; muchos se llaman hijos de Dios, pero pocos son los escogidos.

(Amparo continúa su petición): También vamos a pedir por los religiosos y religiosas, para que pidan a la Santísima Virgen, a su Inmaculado Corazón, gracias, que lo tiene lleno de gracias para derramarlas sobre toda la humanidad.

Se meditaron los misterios dolorosos, ya que los gozosos, que correspondían por ser jueves, ya se habían rezado en un Rosario anterior a las seis y media en el Santuario de la Virgen de Gracia de San Lorenzo.

En el cuarto misterio de dolor, Amparo meditó de la siguiente forma:

El Señor con la cruz a cuestas por la calle de la amargura; vamos a pedir en este misterio, por todas estas personas que el Señor les manda cruces, y que no las saben aceptar con humildad, para que acepten con humildad esas cruces que Dios les manda, porque esas cruces les sirven para la salvación de sus almas, y para la salvación del mundo entero; que sepan aceptar con humildad todas esas cruces, (ahora habla la Virgen): - Que me pidan gracias, que Yo les ayudaré a llevar esa cruz...

- Padre nuestro...

Al comenzar a rezar la tercera Avemaría, de la decena del cuarto misterio, de nuevo habló la Virgen diciendo:

- Soy vuestra Madre, hijos míos, soy Madre de la Iglesia porque vosotros sois los templos, los templos. No los quiero los templos muertos, quiero templos vivos, hijos míos, por eso soy Madre de la Iglesia, porque vosotros formáis mi Iglesia, hijos míos.

Quinto misterio: Jesús muere en la cruz. - De nuevo por medio de Amparo la Santísima Virgen habla:

- Sí, hijos míos, Jesús murió en la cruz para salvar a la humanidad; pero vosotros sois cobardes, no sois capaces de dar la vida por Cristo. Mi Hijo quiere cirineos para que le ayuden a llevar la cruz, pero la desprecian, la pisotean, ultrajan su Divino Cuerpo; Jesús muere por redimir el mundo, y las almas le corresponden con pecados y crímenes, no sois capaces, hijos míos, de dar la vida por Jesús; El dio la vida por sus ovejas, pero vosotros no sois capaces de dar la vida por El. Todo el que niegue a Cristo en la tierra, los ángeles le negarán ante el Padre. No seáis fariseos, hijos míos, no neguéis a Cristo, no os avergoncéis de hablar de Cristo, El no se avergonzó muriendo en una cruz por salvaros a to- dos, hijos míos; por eso os pido que le ayudéis a mi Hijo a llevar la cruz, y si es preciso, dad la vida por El, hijos míos. Padre nuestro...

Tras rezar las diez Avemarías, la Virgen, que va dirigiendo el Rosario le recuerda a Amparo el Gloria... Después de rezar la oración acostumbrada al Padre Eterno, dada por la Virgen en otra ocasión a Amparo, se despide de todos diciendo:

- Gracias, hijos míos, os sigo repitiendo, oración y sacrificios, hijos míos, para ayudar a salvar a la humanidad. Adiós, hijos míos, adiós".

A este santo Rosario asistieron aproximadamente unas quinientas personas; muchas del pueblo y otras muchas de fuera especialmente de Madrid,también de Alcalá de Henares y de Zaragoza.

Terminando Amparo el rezo del Rosario, notó como alguien la empujaba y dijo a su hija que estaba a su lado:

- No me empujéis.

A lo que Lourdes la contestó que no había nadie que pudiera empujarla. Amparo insistió en que la estaban empujando y al comprobar todos los que estábamos alrededor que efectivamente nadie la podía empujar, comprendimos y ella, así nos lo dio a entender que era el propio Satanás, quien la arremetía con golpes para hacerla caer, como en otras ocasiones ya lo había logrado. Los hombres que había alrededor se pusieron para protegerla junto a ella; Félix y Miguel se colocaron delante para que si la tiraba, no se diera contra la piedra, y Julián y su yerno Vicente y otros, a su alrededor, pero el maligno siguió haciéndola daño, pues ella se quejaba. Terminado el Rosario, entre los hombres se la llevaron bien agarrada, y por el camino, el enemigo logró darla un empellón y hacerla casi caer con los que la llevaban cogida, aunque no logró hacerles caer del todo. Así da a entender el enemigo cuánto odia a Dios y a su Santísima Madre y cómo desea e intenta destruir las cosas de Dios y asustar, aunque no lo consigue, pues la ayuda de Dios es más fuerte y el amor de su Purísima Madre nos protege de todo mal.

(EJEMPLAR GRATUITO)

http://web.jet.es/virgendolorosa


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