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18 - 01 - 2026
DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO.
(JN. 1, 29-34.)
...Éste es el Cordero de Dios.
Con esta proclamación solemne: "He aquí el Cordero de Dios", saluda a Jesús su precursor, Juan el Bautista, la primera vez que aparece en el Evangelio de San Juan. Esta frase, es de gran importancia mesiánica; es una definición del Misterio y de la misión de Jesús. Tiene un sentido bíblico grande y profundo, trascendental, está cargada de imágenes, de pensamientos y aspiraciones de Israel.
Las palabras del Bautista, "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo", es la parte más original y la que concreta el sentido de la metáfora, "Cordero de Dios". Ciertamente sólo Dios puede perdonar pecados. Hay, sin embargo, en el A.T. un oráculo famoso que sugiere la idea del "Cordero que quita el pecado del mundo". El canto del Siervo de Dios, que nos trae Isaías (53.7), es en el que el Siervo de Yahveh es comparado al cordero llevado al degüello.
La gloria de la que el Padre rodea a Jesús, consiste en ser hasta el último instante, el Hijo, que tiene que beber hasta la última gota del Cáliz que le presenta el Padre. Y consiste en resucitarlo en este acto supremo de amor. Al entregar su Espíritu en el acto supremo, se convierte, por la Resurrección, en un ser capaz de dar su Espíritu Santo a toda criatura.
Se pone, al mismo tiempo, la identidad del resucitado con el Jesús del Calvario y una forma nueva de estar con nosotros.
Los creyentes, somos desde ahora, una sola cosa con el Padre y el Hijo.
LA SANTÍSIMA VIRGEN, SEGUIRÁ SIENDO NUESTRO ASIDERO EN TODAS NUESTRAS DIFICULTADES.
PAZ, AMOR Y UNIÓN PARA 2.026