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Durante el tiempo que permaneció,
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Jesús en su purísimo seno,
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La vida de Dios fue la vida de María.
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La propia sustancia de la Madre,
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Nutre y alimenta a su Hijo,
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Que es Dios, y,
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Dios transmite, a su vez, a su Madre,
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Todas sus ideas y sus sentimientos,
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¡Qué revelaciones!
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¡Qué afectos!
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¡Qué sentimientos!
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¡Qué océano de Luz y de Amor!
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¡María tiene al Cielo mismo en su corazón!
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El que es prudente, es un gran sabio.
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Y por ello, la Santísima Virgen,
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Es tan prudente.
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La Virgen, tuvo siempre,
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La Luz y la Ciencia de Dios.
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Por las que veía clarísimamente,
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Todas las cosas,
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Dando a cada una su peso y su medida,
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Acertando siempre con lo más conveniente.
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No la cegaban las pasiones,
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Que a nosotros nos hace ver,
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Las cosas de modo distinto,
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Y por eso,
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Juzgamos y apreciamos mal.
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María,
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Era humilde,
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Era pura,
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Era sencilla,
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Era fervorosa,
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Era vigilante,
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Nada la ofuscaba,
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Nada la apartaba,
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De los ojos de Dios,
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Todo lo veía en Él,
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Y a través de Él,
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Con Luz sobrenatural y divina,
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Con espíritu de fe,
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Con amor encendido de Dios.
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¿Es extraño, pues, que fuera,
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Tan prudentísima en todo?
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¿Es extraño que siempre supiera,
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Elegir lo mejor y lo más,
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Agradable a los ojos de Dios?
A que estas maravillas de Nuestra Madre nos ayudan a intentar imitarla, sabiendo que Ella nos va a ayudar en todo momento a conseguirlas.
M.S.G.