Antes de su ascensión, Cristo capacita a su Iglesia, para que a su vez enseñe a los hombres todo cuanto es necesario para la vida eterna.
Cristo ha venido a enseñar lo que concierne al Reino de los Cielos, es decir, lo que hay que creer y lo que hay que practicar para agradar a Dios y vivir como hijos de Dios.
Y este supremo poder de Cristo, que El tiene con relación a todos lo hombres, es el que confiere a los suyos poco antes de subir a los cielos.
La escena que refiere Mateo ocurrida en los Montes de Galilea (Mt. 28,20); la escena final que nos narra Marcos, después de haber comido con sus discípulos, y que encierra las mismas ideas (Mc 16,15):
Es el poder maravillo que Cristo traspasa a los suyos: El enseñar en su nombre. El valerse de ellos como instrumentos vivos para transmitir sus mismas enseñanzas.
2.- Cristo confiere a los suyos el poder de gobernar.-
Como Cristo organiza una sociedad, en la que se va a vivir según sus enseñanzas y como corresponde a hijos de Dios, forzosamente ha de conceder también a su Iglesia el poder de dictar las disposiciones necesarias para regir ese conjunto de seres humanos.
Es necesaria la autoridad en toda organización o sociedad, a fin de conseguir los fines propios de tal sociedad.
Esto es lo que Jesús prometió de modo especial, un día en momento solemne, a Pedro: