
BIBLIA - SÍNTESIS.80
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26-01-22
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Pues sabemos que para él, Cristo es Dios desde toda la eternidad. Nos consta con toda claridad por el texto clásico y magnífico -tal vez un himno cristiano anterior al Apóstol y que él hace suyo- que Pablo utiliza en la carta a sus amados filipenses:
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«El cual siendo de condición divina, no reputó codiciable tesoro
el mantenerse igual a Dios» (Flp 2,6).
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Cristo, pues, es Dios desde la eternidad. Y lo será para siempre.
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La ilusión esperanzada del cristiano, que aquí en el mundo valientemente lucha y sufre, se cifra en la última aparición triunfal de Cristo Dios. San Pablo nos alienta a la lucha cristiana confiado en:
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«... la venida gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Cristo
Jesús» (Tit 2,13).
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Y como el convencimiento íntimo de Pablo es que la persona de Cristo siempre fue y sigue siendo verdadero Dios, no duda en afirmar sin restricción alguna de espacio y tiempo, con toda aseveración:
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«En Cristo habita toda la plenitud de la divinidad corporalmen
te» (Col 2,9).
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Resumiendo la maravillosa figura de Cristo, Hombre-Dios, nos dice el Concilio Vaticano II en su Constitución Pastoral «Gozo y Esperanza»:
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«El Verbo de Dios, por quien todo fue hecho, se encarnó para que, Hombre perfecto, salvara a todos y recapitulara todas las cosas. El Señor es el fin de la historia humana, punto de convergencia hacia el cual tienden los deseos de la historia y de la civilización, centro de la humanidad, gozo del corazón humano y plenitud toda de sus aspiraciones». (GS 45).
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M.S.G. |