BIBLIA - SECTAS

  • TESTIGOS DE JEHOVÁ

  • "ERRORES Y REFUTACIONES"

  • SECTAS.38

    22-5-24

    La Iglesia después de la muerte de los Apóstoles.

    • Los Apóstoles tuvieron sucesores, como hemos visto. Esto era absolutamente necesario y se desprende además de las mismas palabras de Cristo:

    • Predicad en todo el mundo y a toda criatura (Mc 16, 15);

    • y estar con ellos hasta la consumación de los siglos, supone sucesión, puesto que aquellos apóstoles no iban a poder predicar en su corta vida a todas las naciones, a todas las criaturas, ni iban a vivir hasta el fin de los siglos.

    • Admitido el principio de la sucesión apostólica, y vista la posibilidad de ser adulterada la doctrina (incluso con buena voluntad, como nos da la experiencia de las innumerables denominaciones o sectas surgidas en el protestantismo, aunque prácticamente todos reconocen como único libro inspirado la Biblia);

    • se impone, pues, una autoridad visible que pueda declarar, en forma definitiva y tajante a todos, lo que es verdadero y lo que es falso.

    • Si examinamos la Iglesia primitiva, que salió de manos de los Apóstoles, veremos que todos reconocen, sin duda alguna la primacía de Pedro;

    • y que desde el mismo siglo I se reconoce la primacía del sucesor de San Pedro (por ejemplo, San Clemente, obispo de Roma en el siglo I, interviene autoritativamente en Corinto en vida aún de San Juan).

    • El hecho es que termina por imponerse en todo el mundo cristiano esta autoridad del Obispo de Roma, aunque Roma hubiera dejado de ser residencia de la corte imperial, pues la causa de su superioridad espiritual era otra:

    • Había sido la Cátedra de San Pedro, primer Vicario de Cristo; y en sus sucesores se perpetuaba el Primado sobre toda la Iglesia.

    • Conocida es la frase lapidaria de San Agustín -siglo IV a V-, Obispo de Hipona, en el norte de Africa, que expresa el sentir común de la Iglesia toda:

    • "Roma locuta est causa finita est", "Roma ha hablado, el asunto está zanjado".

    • Este magisterio de la Sede Romana nos garantiza que la fe que profesamos y la moral que practicamos hoy los católicos son las auténticas, las que Cristo trajo, las únicas que pueden salvarnos.

    • Mientras, a nuestro alrededor, vemos pulular centenares y centenares de sectas, cada una con una doctrina distinta -prueba del error-, e impidiendo sean cumplidos los deseos del propio Cristo, en su oración sarcedotal al Padre: "¡que todos sean uno... !" (Jn 17, 21).

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M.S.G.