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Jesús redime con el sufrimiento.
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Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte,
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que fuera del evangelio nos envuelve en absoluta obscuridad.
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Él escoge la cruz para salvarnos, asume el MAL RELATIVO del dolor y la muerte,
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lo redime y lo transforma, salvándonos del MAL ABSOLUTO (muerte eterna).
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Dios no es lejano ni insensible a nuestros sufrimientos,
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sufre con nosotros, confirma con su vida, con su pasión y muerte que está con nosotros.
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los que lloran... los que padecen... los que sufren...” (Mat 5,5 ss). |
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Jesús se conmueve ante el sufrimiento: la viuda de Nain, la muchedumbre hambrienta, ante su amigo Lázaro muerto, etc.
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Está tan íntimamente unido a los que padecen que toma como propios los favores hechos al que sufre. “,,,porque tuve hambre y me distéis de comer...”
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(Mat.25,35ss) |
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Él mismo, en su naturaleza humana, no era insensible al sufrimiento, le costaba como a nosotros,
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en el huerto imploraba al Padre con gritos, lágrimas y sudor de
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sangre que pasase el cáliz de su Pasión. (Lc,22,42) (Heb. 5,7) |
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Jesús no cancela aún el sufrimiento físico, le urge más vencer al pecado y su consecuencia eterna,
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en cuanto al sufrimiento temporal en su día también desaparecerá,
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“...enjugará el Señor las lágrimas de sus ojos”
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(Is. 35,10); (Ap. 21,4)
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Jesús vence a la muerte con su Resurrección.
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El alma en gracia está ya viva, la muerte ya no tiene poder sobre ella.
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Lo único que puede matarla es el pecado grave.
- CONTINUA. M.S.G. - 6-2-26
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