
EL PADRENUESTRO
...HÁGASE TU VOLUNTAD… 2ª PARTE”
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Algunos pueden pensar que los ángeles pecaron, por lo que en el Cielo también se puede pecar. Es una confusión.
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El Cielo de que habla el Padrenuestro es la visión de Dios y eterna bienaventuranza, y los ángeles cuando pecaron, no habían alcanzado esa visión Divina;
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por lo tanto, no poseían el Cielo de que aquí se trata, si lo hubieran poseído, no hubieran podido pecar.
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Ni un ápice, ni un átomo de la voluntad Santísima de Dios se pierde allí.
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La voluntad de los bienaventurados, como transformados en la de Dios, se une, se identifica con ella de tal suerte, que cuanto Él quiere y como Él lo quiere se realiza puntualmente.
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Aquí en la tierra, para hacer la voluntad de Dios, tenemos que luchar con nosotros mismos, venciendo las tentaciones de pecado. ¿Quién lo consigue?
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El absoluto dominio de las pasiones que tenía Cristo Jesús, y que Él otorgó a su Madre Santísima, ¿quién lo alcanza?
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En el Cielo no hay esa lucha. En el Cielo, la voluntad de Dios se cumple sin contradicción y sin lucha.
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Los bienaventurados sienten inmensa felicidad de ver glorificado a Dios. Se cumple su voluntad no solo en lo que Dios manda, sino en todas las manifestaciones de ello, y se cumple poniendo la criatura su propia felicidad en ese cumplimiento.
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¿Qué pedimos a Dios? Pedimos que su voluntad santísima se cumpla siempre con rendimiento, generosidad y amor.
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Se cumpla para que los hombres guardemos los mandamientos, para que nos dejemos gobernar por el querer de Dios, aunque para cumplirla tengamos que soportar duros combates.
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Viéndonos a nosotros mismos tan lejos de nuestro ideal Divino, y viendo tan lejos a los demás, ¿cómo no repetir incesantemente, “Hágase tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo.”
AMOR, UNIÓN Y PAZ
(De Lecciones Sacras del Padre Torres, tomo 2)
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