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El amor de Dios en su infinita sabiduría hace que los sufrimientos que nosotros mismos hemos introducido en el mundo, puedan servir para nuestro bien.
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Dios utiliza ese dolor para educamos:
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“Los castigos no vienen para la destrucción” (II Macb. 6,12).
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“feliz el hombre que Dios corrige “ (Job, 5,17).
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“yo reprendo y corrijo a los que amo”. (Ap 3,19).
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“a quien ama, el Señor corrige”. (Prov.3,11)
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El sufrimiento y el dolor son medios que Dios utiliza para llamar la atención del alma.
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Es una llamada a la conversión, una llamada de Dios para que tengamos la vista puesta en lo alto no limitada a las cosas de la tierra.
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En algunos casos el dolor puede ser una consecuencia directa del propio pecado (alcoholismo, sida, las imnumerables enfermedades nuevas que tenemos...)
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Pero no es solo esto.
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En Job es una prueba para constatar su fidelidad:
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“la vida del hombre sobre la tierra es una prueba”. (Job. 7,1).
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Tengamos la confianza de que nunca se nos va a exigir por encima de nuestras fuerzas. (1 Cor. 10,13).
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Veamos en que sentido la prueba ayuda a alcanzar la meta:
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1) Despierta la conciencia aletargada.
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2) Muestra lo que realmente somos.
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3) Purifica, fortalece, eleva.
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4) Con el sufrimiento se merece el premio eterno.
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(1 Ped. 4,13) “...antes habéis de alegraros en la medida en que participáis en los padecimientos de Cristo, para que en la revelación de su gloria exultéis de gozo”.
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(II Cor.4,17) “Pues por la momentánea y ligera tribulación nos prepara un peso eterno de gloria incalculable”.