TESTIMONIO RECIBIDO, VÍA INTERNET, EL 21 – 9 - 2004

Me llamo Antonio. Siempre he sido religioso y he procurado acudir a Misa todos los domingos. Por la mañana, al ir al trabajo y cruzar la calle, veía en un escaparate una lámina con el rostro de Nuestra Madre la Virgen Dolorosa, y siempre le rezaba un Ave María.

Ocurrió que mi madre comenzó a tener dolores en una de sus muñecas de la mano. Acudió al médico y le diagnosticó un estrechamiento del canal carpiano, que oprimía el nervio que por él pasaba y le provocaba inutilidad, fuertes dolores y falta de fuerza. La única solución era pasar primero por el quirófano y luego una larga rehabilitación.

A esto hay que unir que mi madre cuidaba, por aquel entonces, de mi padre, enfermo de Alzheimer.

Le seguí rezando a la Virgen para que le ayudara, y unas amigas de mi madre, asiduas visitadoras del Prado, le trajeron agua de la fuente de Prado Nuevo. Mi madre que también es devota, y prácticamente desde siempre, comenzó a frotar su muñeca con el agua y suplicar a la Virgen que la curara, debido a la problemática que tenía en casa. Al tercer o cuarto día de comenzar a darse el agua, al hacer la cama por la mañana, sintió que ya no le dolía absolutamente nada la mano. Es más, tenía más fuerza en ella que en la otra muñeca.

El médico que le tenía que operar no supo darle una explicación, aunque se mostró escéptico cuando mi madre le explicó cómo se había curado.

Os cuento esto, que para mí en un verdadero milagro, para que según instrucciones de Nuestra Madre, sirva para dar testimonio y de ayuda a su Obra.

Desde entonces, mi fe y devoción a La Virgen se ha acrecentado. Ahora ya no tengo miedo, como antes, a pasar por el confesionario, y parece que Ella me anima cuando considera que debo hacerlo y pedir perdón de mis muchos pecados.

He ido a Prado Nuevo y quedé impresionado de la paz y la tranquilidad que se respira y se palpa en ese bendito lugar.

Deseo que este testimonio se una a los muchos que hay para impulsar esta Divina Obra.

Que el Señor y la Virgen nos bendigan a todos y nos guarden del mal, que por desgracia cada vez cobra más fuerza en nuestro mundo actual.

Un abrazo.

ANTONIO (Madrid).