TESTIMONIO de David Navas Sánchez de Madrid.

La Virgen María cambió mi corazón en Prado Nuevo. El Escorial.
 

Todo comenzó cuando un verano, no me acuerdo muy bien del año, creo que tenía 18 o 19 años, fuí a Prado Nuevo en El Escorial. La verdad que sin quererlo, llegué a aquel prado acompañando a un grupo de mujeres que se reunían en sus casas para rezar el rosario; mi Madre que es una mujer muy religiosa acudía asiduamente a estas reuniones. Una vez fuí a recogerla con el coche a uno de estos encuentros y me atreví a subir para ver que hacían; la verdad que quedé bastante impresionado porque aquellas mujeres, incluida mi madre, le pedían a la Virgen por sus maridos, por sus hijos, por toda la humanidad y lo que más me impactaba era como vivían esa fé, que a mi se me había ido apagando desde hacía mucho tiempo. Estas mujeres, las cuales no tenían una vida demasiado espectacular, eran capaces de arrodillarse ante una imagen y de pedir por gente que no conocían y de desear paz y amor a todo el mundo. Esto me hizo recapacitar y darme cuenta de que había algo más.

De pequeño, había sido un niño muy religioso, rezaba, iba con mi madre a misa, pero después de hacer la comunión, eso se fue enfriando y por la educación que me habían dado los profesores me había cuestionado mucho la existencia de Dios, hasta admitir que no existía, todo esto condicionado, por la teoría de la evolución, las injusticias del mundo, que nadie creía, etc. Durante estos años que cuestioné su existencia hasta llegar a negarla, sentía un vacío existencial que no tenía explicación, era un sentimiento atroz que me hacía sucumbir ante la soledad, el desamor, no se, la verdad que era bastante doloroso sentirse vacío, esa es la palabra, vacío era como me sentía. Pero todo esto acabó, cuando Dios en su inmensa misericordia se fijó en mí y me demostró lo importante que era para él.

Cuando llegué a Prado Nuevo, la verdad es que estaba un poco aturdido, pensaba que la gente que había allí era muy rara y hubo un momento en el que me sentí fuera de lugar, pero de repente tuve una experiencia que cambió mi vida por completo. Estaba sentado en una piedra enfrente del árbol, donde se apareció nuestra queridísima Madre, y empecé a sentir una paz que nunca en la vida había sentido; tenía muchísimas ganas de llorar y eran un cúmulo  de sensaciones difíciles de explicar. Yo no vi nada, ni se presentó la Virgen, ni tuve un éxtasis, ni nada de eso, yo simplemente empecé a sentir un amor que me rebosaba, e interiormente empecé a sentir la presencia de Dios. La verdad, me asombro cada vez que lo recuerdo, porque sin conocerle directamente, sabía que esa presencia era de Jesucristo y sin haber tratado directamente con Él, sabía que era Él, que Él me conocía y me amaba y que yo también le conocía aunque había negado su existencia, porque desde siempre había estado en mi corazón. De repente, empecé a llorar, no sé si de emoción o de qué, pero mi alma se alegraba porque estaba viendo en mi interior a Dios. No sé explicar la sensación, pero sentía un amor espectacular y veía dentro de mí la figura de Jesucristo, que me miraba de una manera increíble. Sus ojos me decían que me amaba y que había estado muriéndose de ganas porque llegara ese momento en el que se iba a mostrar a mí. La verdad, se me saltan las lágrimas cada vez que me acuerdo.

Yo, ajeno a todo lo que estaba pasando fuera, me harté de llorar y en mi interior, vi que Jesucristo estaba lleno de heridas, con un montón de sangre por la cabeza, el pecho, casi no se distinguía su cara. Ante esa imagen interior, descubrí que esa sangre la había causado mis pecados y que también era causa de que no le conocía. Dios estaba sangrando porque no le amaba, me sentí realmente mal al ver cómo Jesús sufría por mí y que Él era una víctima de mi desidia. Pude ver reflejado en Él el sufrimiento de toda la gente a la que había echo daño, y sentí que con mis actos había causado mucho sufrimiento a algunas personas y a Dios. De repente, yo,  cubierto de pena y dolor, sin saber qué hacer ni que decir, pero a pesar de todo, con una enorme paz y amor, a Jesús se le quitaron todas las heridas y desapareció toda su sangre; estaba como curado de repente, me miró con una mirada de amigo, de padre, de amante, no se, sentí de todo cuando Dios me miraba y me dijo: Ves, tú antes estabas muerto, por  eso sentías ese vacío y yo estaba lleno de dolor, pero ahora me conoces y vas a tener vida, porque yo voy a estar en tí y te la voy a dar. Me dijo que ya no iba a sufrir, porque me tenía a mí y que yo iba a sentirme libre, amado y lleno de Él.

Esta experiencia cambió mi vida, me encontré directamente con Jesús, lo ví todo claro, Dios me amaba, no me lo podía creer, todo el vacío que había tenido hasta ese momento, había acabado, era realmente feliz y estaba totalmente lleno de Dios. De camino a mi casa, estaba como en una nube y no era capaz de articular palabra, estaba totalmente descolocado.

Lo primero que hice, cuando realmente fui consciente de lo que me había pasado, fue ir a la Iglesia y darle gracias a Dios, me confesé y empecé a ir a misa. Iba muchísimo a El Escorial y compraba rosarios y estampas que repartía a mis amigos. Me confirmé, y al día de hoy, tengo a Dios presente cada día que pasa. Sé que soy el peor de sus hijos, y que por más que intento no cambio, que he necesitado tener esta experiencia para creer, como el discípulo que decía que hasta que no metiera los dedos en su costado no creería y tuvo que ir Jesús y decirle que lo hiciera. Eso me ha pasado a mi, hasta que Dios no se dio de bruces conmigo, fui incrédulo. Dichosos los que creen sin ver, a mi me hizo falta ver para creer.

Actualmente, tengo 28 años e intento ser cada día mejor. Es muy complicado en el mundo que vivimos, pero sé que Dios a pesar de todo nunca me dejará. El amor que sentí aquel día, lo recuerdo como si fuera hoy mismo y me emociono cada vez que lo recuerdo.

Yo, lo único que sé, es lo que yo sentí, que me cambió la vida totalmente y ahora soy feliz, por lo tanto, esto que a mi me ha hecho tanto bien, no puede ser una farsa. Evidentemente, todo está en manos de la Virgen y podrán negarlo, criticarlo, lo que quieran, pero sé que esto es de Dios y al final todo el mundo lo verá.