TESTIMONIO de María Fernanda Luján Bettaglio Spangenberg

El primer sábado de enero del corriente año (2008), viajamos a Prado Nuevo mi familia y yo; mi esposo, hija y mi mamá, quién se encontraba de visita en Alemania, donde residimos; ella vive en Argentina.

Llegamos el jueves por la tarde a San Lorenzo, nos hospedamos en la pensión del pueblo y ansiosos esperábamos el sábado.
Ya el viernes por la tarde visitamos el Prado. Y conversamos con el Sr. Pedro, quien nos relató hechos muy interesantes ocurridos allí.

El sábado, el tiempo se preparaba para lluvia y estaba un poco frío. Fuimos todos a la Nave y escuchamos al sacerdote quien además de explicar muy concienzudamente temas candentes de la Santa Iglesia, respondía pacientemente preguntas de los peregrinos.
El rezo del Santo Rosario transcurrió sin lluvia , salvo de vez en cuando una cierta llovizna.

Al volver a la pensión después del Rosario, fui hasta la habitación de mi madre  y no sé por qué me sentía tremendamente irritada hacia  ella.
(Ya en Alemania, en casa, unos días antes de viajar, habíamos comenzado a discutir por tonterías. Le dije en aquel momento que mejor sería no discutir, ya que el enemigo trataba de que no rezáramos juntas).
 
En ese momento, sintiendo que no era completamente yo, comencé a reprocharle cosas del pasado y a lastimarla en forma muy hiriente, ella por el dolor que esto le causaba, callaba y rezaba, me contó después  por qué no me miraba a los ojos  y solo rezaba una oración de protección de la Sangre Preciocísima de Cristo.

Al ver que ella no reaccionaba a mis ataques verbales, me retiré indignada, sintiéndome totalmente incomprendida, no querida y rechazada. Directamente impotente.
Ya en mi habitación no podía comprender qué había pasado y solo podía llorar.
No tenía ya fuerzas ni para ir hacia ella y disculparme.

En la madrugada, entre las seis y siete de la mañana, me desperté de repente, frente a mi estaba el ropero de madera marrón (armario), sobre la superficie de la puerta se veía perfectamente una forma como si fuera el velo que lleva Nuestra Señora de los Dolores, solo eso veía, y empecé a rezar y pedirle perdón a Dios y rogarle que por favor me perdonase. Le pedía a la Sma. Virgen María que me consolase, ya que yo solo quería que mi madre me comprendiese y me mimase como cuando era pequeñita, que no había querido lastimarla.

Una luz blanca, en una forma pequeña como un punto, apareció frente a mi, no sé como describirlo. Esa luz empezó a agrandarse y a moverse, a cambiar de forma, luego aparecieron dos rosas que palpitaban, primero una, luego la otra; estaban unidas por algo que parecía una espada muy delgada ó algo así; de repente esas rosas empezaron a escarcharse, se ponían delante de mi, se abrían y cerraban, aparecían también otros colores como el naranja, celeste, verde plateado, rosa, era hermoso. Y agua , como agua mineral con gas bajaba no sé como, todo componía una imágen. de esa imágen emergió una firgura primero pequeñita, luego se fue agrandando, hasta convertirse en una paloma color fuccia, que revoloteaba delante mío, sus alas se abrían como un abanico. Era todo tan hermoso, yo no sabía qué era, pero rogaba que no terminase nunca.

Mi corazón se fue tranquilizando hasta sentir una gran paz interior. Pude sentir la presencia amorosa e imponente, además del oído atento, del Senor a mi oración, y la presencia dulce y llena de paz de la Sma. Virgen María, su compañía tierna y cariñosa.
Mi agradecimiento es infinito.

Mi madre por su lado también vivió una experiencia esa noche, no tan hermosa.
Luego de nuestra discusión, no podía dormirse. Se sentía muy mal emocional y físicamente, tiene 74 años.
Comenzó a rezar el Santo Rosario, del susto y la angustia que sentía rezó los veinte Misterios seguidos.
Mientras rezaba vio frente a si lo siguiente:

Se vio a sí misma más joven y a mi, pequeñita con 8 años; las dos estábamos en un lugar desconocido, una habitación llena de tierra, muebles viejos y maderas; de repente del suelo emergía una figura negra de forma humana, pero mucho más alta, que tendía los brazos hacia nosotras. En ese instante ella me decía - "Escóndete allí, debajo de una mesa". Ella no atinó a esconderse también; en el mismo instante miró de frente a esa figura y dijo con toda la fuerza de su alma y con todo su corazón, llena de un gran terror: JESUS EN VOS CONFÌO. BENDITO Y ALABADO SEA EL SEÑOR (tres veces).
Entre ella y esa figura se abrió en el suelo un cráter profundo y negro que se tragó todo, no quedando nada alrededor nuestro, solo ceniza como cuando se quema algo muy grande. Ella quedó aterrorizada.

Mi madre es profundamente creyente, ha hecho la Alianza con la Sma. Virgen María en el Movimiento mariano de Schönstatt hace más de 15 años, es intercesora en un grupo carismático católico en Buenos Aires. Y adoradora ferviente de la Sta. Eucaristía.

Estos hechos tan personales, podríamos haberlos guardado para nosotrso, pero si hemos recibido del Señor y de Su Sma. Madre, la dulce Virgen María, tantos regalos, bediciones y sobre todo, tan gran sanación, es nuestro deber como cristianas y marianas, el dar estos hechos a conocer para mayor Gloria de Dios.

Alabado, bendecido y glorificado sea el Santísimo Sacramento del altar.
Alabado, bendecido y glorificado sea Jesús, Nuestro Señor y Redentor.
Alabada, bendecida y glorificada sea la Sma. Trinidad.

Bendita seas María que nos trajiste a Jesús
Bendita seas Madre Eterna.
Bendito  sea tu Inmaculado Corazón.
Puerta del Cielo, Reina de los Angeles.

Con todo mi amor, humildemente, para nuestra Madre del Cielo, y mayor Gloria de Dios.

Atte.

Ma. Fernanda Luján Bettaglio Spangenberg
Am Hang 105
61118 Bad Vilbel - Hessen
Alemania