TESTIMONIO DE CRISTINA, DE MADRID
RECIBIDO EL 30-11-2007

Sirva el presente para detallar una vivencia personal que me aconteció hace dos años en Prado Nuevo.

Si no lo he contado hasta ahora, fue porque egoístamente quería guardarlo para mí, pero teniendo en cuenta los ataques que están recibiendo y pensando que pueda hacer algún bien y, sobre todo para ayudar a la obra en la que tanta fe tengo, creo que debo de compartir lo que viví durante la Semana Santa del 2005.

Después de 10 años de no ir y no saber nada de lo que había sucedido en Prado Nuevo, decidí que debía hacerlo siguiendo con mi promesa de dar gracias a la Santísima Virgen porque finalmente mi hijito Javi había nacido y estaba bien.

Obviamente había pasado mucho tiempo y ya no tenía ningún contacto del lugar, de las horas del rezo, de cómo ir, no sabía si todo lo que yo había conocido en 1981 seguía en pie.  Pero sin saber cómo, sólo con el deseo de ir, todo fue acoplándose a mi favor.

Según iba en el tren mentalmente iba pidiendo a la Santísima Virgen que me esperase porque finalmente después de una década llegaría al lugar que tanto deseaba.  Era un sentimiento difícil de describir, es como el fuerte deseo que tienes de ver a una madre o una amiga a la que has adorado y hace años que no la ves, y así iba yo bajando por la cuesta que va desde la estación hasta Prado Nuevo, pidiendo que me esperara porque iba llegando... y en estos pensamientos estaba cuando me pareció que olía como a incienso, pero al hacer hincapié para percatar más el olor, este desaparecía.  No había por el camino nada que me hiciese pensar que olor provenía de alguna lumbre o fogata.

Cuando llegué por fin al Santo Prado, mi emoción fue enorme… De repente volvieron a mi memoria todos aquellos recuerdos que había vivido junto a mis padres y hermanas hacía tanto tiempo, cuando íbamos a rezar todos juntos a aquel árbol que tantas gracias y satisfacciones nos había dado.

Y estando así dando gracias y recordando durante el Vía Crucis, me iba y venía una fragancia a rosas que, igualmente cuando me percataba e insistía en olerlo más desaparecía.  Fue sin embargo durante el Santo Rosario cuando desde el comienzo del primer misterio hasta el final, el olor se mantuvo continuo y fuerte y esta vez sabía de donde provenía, venía del árbol en el que la Santísima Virgen se había aparecido.  Pueden imaginar mi emoción fue como si la Virgen me hubiese recompensado el que después de tanto tiempo volviera a Ella, era como si no hubiera sido yo la que fue a dar las gracias, sino Ella la que vino a agradecerme que hubiese vuelto a su casa…

Cuando lo cuento siempre lo recuerdo como el día en el que la Santísima Virgen salió a recibirme…Y la historia termina para no hacerla muy larga que una vez regresé a casa saqué de mi bolsita las alianzas matrimoniales que había llevado para que la Santísima Virgen me las bendijese, las mismas que fueron también pasadas por el árbol, pues bien, al sacarlas de mi bolsita y estando contándole a mi marido la experiencia que había vivido, empezó inmediatamente el cuarto a oler a rosas.

Fue una experiencia tan grande para mí, que la he estado guardando estos años, pero creo que debo dar testimonio de aquel recibimiento de la Santísima Virgen, que sin yo esperarlo salió a mi encuentro.

C.-