TESTIMONIO RECIBIDO, VÍA INTERNET, EL 02 – 01 - 2006

DE UNA PEREGRINA DE PORTUGAL

Me llamo Maria Antonieta da Cunha Coutinho, soy casada y madre de 6 hijos (la más niña tiene 5 años y la mayor tiene 17 años). Trabajo y vivo en Lisboa con mi marido, yo soy veterinaria y él es médico.

Fui por primera vez a Prado Nuevo el pasado mes de Diciembre, días 3 y 4, integrada en la peregrinación de Lisboa, Portugal, liderada por Dr. Nogueira. Unos días antes de la partida yo oraba delante del Santísimo para que obtuviera muchos frutos espirituales de mi peregrinación.

Un viaje tan largo fue tan ligero, no me sentí fatigada y llegué tan reposada o más que antes de partir. Las gracias espirituales que recibí han sido muchísimas. Pero se ha pasado un caso de una cura física que yo me gustaría de mencionar.

Cuando estaba en Prado Nuevo, el sábado día 3 de Diciembre, y La Virgen Dolorosa entró en procesión yo, tal como todo el grupo, estábamos de espaldas terminando la Vía Sacra y sentí un calorcito muy especial en mis espaldas, me volví y miré la imagen de la Virgen Dolorosa entrando en la procesión, e instintivamente dí una mirada hacia al cielo y veo  el sol como un disco metálico muy bien dibujado con un halo muy brillante en todo el contorno y color rojo y amarillo en su entorno. Me quedé como que atraída por esa visión del sol y seguí mirando por unos instantes. Mientras miraba pensaba, “¡mirar el sol sin protección va hacer daño a mis ojos! ¡Me voy quedar con quemaduras!”. Pero la atracción por tan espectacular visión no me dejaba quitar los ojos del sol y seguía mirando.  El día siguiente, Domingo día 4, volví al Prado Nuevo y después de ir a recoger un poco de agua para traer para Portugal, tuve la misma imagen del sol, por unos instantes, y tal como el día anterior me quedé fijada en el sol y pensé: “¡si mis ojos no se quedaren quemados se quedarán mejores con certidumbre!, pues Dios ¿me iba hacer daño?”.

Todo pasó y volví a Lisboa y el pasado día 29 fui a mi médica de los ojos en visita de control. La visión de mi ojo derecho no era muy buena pues de joven había tenido varias infecciones (uveítis y queratitis) que me han dejado secuelas. Cuando la médica después de observar mis ojos en varias maquinas me puso a leer las letras en la pared,  con una expresión muy admirada me preguntó: “¿qué ha hecho a su ojo derecho?”. Yo le contesté que no había hecho nada. Pero ella continuaba diciendo: “Algo le pasó, porque usted tenía sólo 80% de visión y tal como le había ya dicho por diversas veces, ¡¡¡este ojo era para seguir empeorando y nunca para mejorar!!! Y, ¿que veo yo? ¡¡¡Que usted está con el 95% de visión!!!”. Yo, de pronto le contesté, porque me acordé de inmediato del sol de El Escorial y de la Virgen Dolorosa: “¡Fue un milagro!”. Ella se reía. Yo no me reí, porque yo sé que fue una grande Gracia de Nuestro Señor.

Quería dejar aquí este mi testimonio y agradecer a Dios por haberme concedido esta Gracia por intercesión de La Virgen Dolorosa de El Escorial.

Saludos,

Antonieta