MENSAJE DEL DÍA 1 DE DICIEMBRE DE 2001, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Hija mía, aquí estoy otra vez más como Madre y Señora de todo lo creado, Madre de los pecadores, de los afligidos. Vengo a hacer un llamamiento a la oración y a la penitencia, hija mía. Cada día, hija mía, los hombres tienen menos fe, en sus corazones; el mundo está de mal en peor(1). Dios es olvidado y ultrajado, y la naturaleza humana se rebela contra los soberanos derechos del Creador.

 

     EL SEÑOR:

     Sí, hija mía, los hombres se quieren convertir en creadores del mundo. ¡Hasta dónde van a llegar! ¡Cómo destruyen la vida humana! Te dije, hija mía, hace mucho tiempo, que el hombre estaba estudiando con el ser humano, sin darle miedo a convertirlo en un ser sin sentimientos. En muchos lugares, hija mía, están estudiando y mira qué monstruos.

 

     LUZ AMPARO:

     ¡Ay, ay, qué horror! ¡Ay!

 

     EL SEÑOR:

     Hasta ahí quieren llegar, hija mía. El hombre sin Dios no tiene vida, porque es una vida vegetativa; por eso os pido, hijos míos: orad, orad para que el hombre no sea tan soberbio y orgulloso que quiere quitar el puesto al Creador... ¡Y nadie como Dios! Porque el hombre es creatura creada por Él. El mundo está corrompido, hija mía, los hombres no tienen moral. ¡Hasta dónde, creaturas de Dios, queréis llegar! El mundo está así porque los hombres han perdido el sentimiento; por eso pido oración; sólo la oración y la penitencia pueden ayudar a que el hombre baje la cerviz y se limite a no traspasar la Ley de Dios.

 

     LA VIRGEN:

     Orad, hijos míos, acercaos a los sacramentos, amad mucho a Jesucristo y refugiaos en nuestros Corazones. El hombre está deshumanizado, y cuando el hombre no tiene sentimientos es peor que una fiera, arrasa todo lo que pilla. Por eso pido: amaos los unos a los otros, hijos míos, es lo que falta en el mundo; la caridad es el amor.

     ¿Qué más voy a decir, hijos míos, si ya lo he dicho todo? Sólo os pido que oréis y que no os durmáis, hijos míos. En la oración os comunicáis con Dios, y el que tiene a Dios, no tiene que temer a nadie, nada le falta.

     Sed humildes, hijos míos, y amad a los que os persiguen y os calumnian. Acudid a este lugar, que seréis bendecidos.

     Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos para los pobres pecadores.

     Hijos míos, os repito: orad, oración y penitencia, que al hombre se le ha olvidado orar; por eso el hombre no se conforma con su naturaleza, que cada uno cambia porque no está conforme con lo que Dios ha hecho en él. El hombre no es capaz de aceptar la ley divina y por eso se marcan ellos sus leyes, no se aceptan como son; y repito: el hombre quiere ser mujer y la mujer quiere ser hombre; no se aceptan a vivir limpia y puramente y aceptar la voluntad de Dios y a ser cada uno como es. Se está convirtiendo el mundo como Sodoma y Gomorra, hija mía; será horrible andar hasta por las calles. No os dais cuenta del peligro del mundo ni de las asechanzas de Satanás. Vigilad vuestra alma, hijos míos, vigilad.

     Os bendigo, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

 

 

 

 

 

 

 

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(1) “De mal en peor”= Locución adverbial en castellano; ya explicada en nota (7-VI-1997).