MENSAJE DEL DÍA 4 DE MARZO DE 2000, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Hija mía, ya estoy aquí, como tantas y tantas veces, como Madre de los afligidos, como Madre de los pecadores. Sólo vengo a pediros, hijos míos: os ruego que permanezcáis en la fe, en la caridad y que no desfallezcáis, hijos míos. Que todas estas gracias que recibís de este lugar, hijas mías, sepáis aplicarlas para la salvación de vuestras almas; para cambiar vuestras vidas.

     Orad, hijos míos, orad, que el mundo está falto de oración y de sacrificio. Pido a todos, hijos míos, que os reunáis para orar y que cambiéis vuestras vidas y oréis por la situación del mundo, hijos míos.

     Orad por aquellas almas desvalidas que se han ido de mi rebaño, para que vuelvan; por mis sacerdotes queridos de mi Corazón, para que sean fuertes y no tengan miedo a nada ni a nadie y hablen con claridad las verdades del Evangelio; para que fructifiquen en sus almas los frutos y las verdades que hay en el Evangelio; pedid para que sean fuertes, hijos míos.

     No seáis cobardes, hablad con claridad a las almas y que vuestra voz llegue a lo más recóndito de sus corazones. Os lo pide María, la Madre de Jesús, Madre de la Iglesia, a la que tanto ama mi Corazón. Y como Madre de la Iglesia os suplico, hijos míos, que no os abandonéis, que no estáis solos; yo, como Madre de la Iglesia, estoy con todos vosotros. Pero lo que mi Corazón pide es que vosotros estéis conmigo, hijos míos. La situación del mundo es grave, aunque los hombres están ciegos y no ven la consecuencia del pecado en los desastres que hay en el mundo.

 

     EL SEÑOR:

     Pido a los seglares que sean buenos cristianos, buenos practicantes; y a mis sacerdotes, que sean buenos pastores y que recojan todos los rebaños que hay esparcidos por todas partes. Todos los que colaboráis, hijos míos, en esta Obra, os prometo un lugar en el Cielo, hijos míos. Sed firmes y valientes y buenos trabajadores, hijos míos, porque hay mucho que trabajar, muchas ovejas perdidas que el lobo las está acechando para devorarlas; no dejéis que los lobos las devoren, hijos míos. Orad, haced penitencia y oración, practicad la caridad, hijos míos, y permaneced en la fe.

     Todos los que acudís a este lugar, hijos míos, os prometo que derramaré gracias sobre vosotros y sobre vuestros familiares, y sobre vuestras almas en especial, hijos míos. Aseguraos el Reino del Cielo; sólo se consigue con buenas obras, hijos míos. Guardad mis mandamientos, especialmente el nuevo mandamiento: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”, hijos míos. Amad nuestros Corazones, hijos míos, que nuestros Corazones están sedientos de almas: de almas fieles, de almas humildes y de almas sacrificadas.

 

     LA VIRGEN:

     Levantad todos los objetos, hijos míos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la conversión de los pobres pecadores...

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.