MENSAJE DEL DÍA 5 DE FEBRERO DE 2000, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     EL SEÑOR:

     No te avergüences, hija mía, ni te humille; yo soy el que te hiero, el que te enfermo, para reparar las ofensas de los hombres, las desobediencias de los pastores, muchos de ellos.

 

     LA VIRGEN:

     Gracias, hijos míos, por todos los que acudís a venerar mi nombre. Cada avemaría que rezáis en este lugar es un pétalo de rosas que tendréis en el Paraíso. El Rosario... los hombres lo han olvidado: ¡una plegaria tan hermosa para las familias!, y todos los principios religiosos los hombres los han echado en el olvido. Sólo piensan, hijos míos, en tener carreras, en aprender, y cuanto más aprenden y más sabiduría se creen que tienen, menos comprenden a Dios y menos creen en la sabiduría de Dios. ¡Ay, hijos míos!, ¿qué han hecho los hombres, del globo terrestre?; sólo están pensando en la materia; ¿y el espíritu, hijos míos?

 

     EL SEÑOR:

     Mirad, yo cojo lo flaco y lo hago fuerte, y lo inculto y lo hago sabio. ¡Ay de la sabiduría que viene de Dios, ésa es la que puede regir al hombre en el cuerpo y en el alma! Pero, ¡ay, todos aquéllos que sólo piensan en carreras y cuál de ellas mayor, para ver cuál es el mayor, y han olvidado la mayor grandeza, que es la grandeza de Dios!

     Por eso digo, hijos míos: el que se crea el mayor, que se reconozca como menor. Y no despreciéis, hijos míos, ni anuléis a los más incultos, porque pueden ser los más sabios, hijos míos. La sabiduría no se aprende en un libro, la sabiduría viene del Corazón de Dios, ésa es la reina de las sabidurías; las otras sabidurías sirven al hombre para indagar y querer llegar a las alturas para ser dioses. Ésas son sabidurías humanas, que muchas veces le sirven al hombre para condenarse más que para salvarse; y ¡cuántas almas incultas, humildes, tienen la sabiduría de Dios, sin haber leído un libro, hijos míos!

     ¡Ay, hijos míos, no os enloquezcáis por los que se creen sabios y poderosos! Son por los que más sufre mi Corazón, porque la soberbia no les deja ser seres humildes y sencillos, se creen superiores a todos los seres humanos. Sed limpios de corazón, hijos míos; amaos unos a otros; pensad con el mismo pensamiento de Dios; vivid en unidad y amor, eso es lo que agrada a mi Corazón. ¿De qué sirve un hombre sabio, si no sabe amar, ni compartir, ni comunicarse con los demás? ¿Dónde iba yo, hijos míos?: a buscar a los pobres, a los necesitados, a los incultos, a los desvalidos. Yo soy vuestro Maestro, y el Maestro es más que el discípulo. El amor, ésa es la carrera más importante, que la habéis olvidado, y el mundo se está destruyendo, porque los hombres no tienen amor unos con otros, han perdido la alegría, la ilusión, porque sus corazones son bloques de hielo. Yo soy fuego que derrito los corazones. Venid a mí, que yo derretiré vuestros corazones y haré vuestro corazón semejante al mío, para que compartáis unos con otros vuestras penas, vuestras alegrías, y os comuniquéis unos con otros, hijos míos. ¿Qué hubiera sido de vosotros si yo me hubiese ocultado y no hubiese salido al mundo a enseñar a los hombres las verdades para salvarse?

     Unidad pido unos con otros y que nadie se crea superior a otro. Por eso está el mundo en estas condiciones, porque cada uno se cree mayor que el otro, en rango.

     ¡Qué palabra tan hermosa la sencillez y la humildad! Quien buscaba a Jesús lo encontraba, y a María la buscaban y siempre estaba dispuesta a estar con los pobres y los necesitados.

     Sed flores vivas, no seáis flores ajadas. La oración tiene que servir para ablandar el corazón, no tiene que ser de rutina. Quiero corazones ardientes de amor divino. ¿No veis que el mundo está en esta situación por falta de amor? Los hombres no se aman, se desprecian, se creen superiores unos a otros, han perdido la mirada de Dios, todo lo han hecho una rutina y se han olvidado de la grandeza del Creador.

     Sed humildes, hijos míos, y retiraos de aquéllos que os halaguen y os den palmadas en la espalda, y de aquéllos que os den títulos y honores. Sed sencillos y humildes, y haced vuestro corazón semejante al de Jesús.

     Acudid a este lugar, hijos míos. ¡Cuántas almas se han salvado viniendo a este lugar! Mis pastores no quieren reconocerlo, pero ¿veis, hijos míos, por qué no quieren reconocerlo? Porque a la mayoría de ellos les falta la humildad para reconocer que a una mujer inculta puedo manifestarme y comunicarle mis grandezas. No son humildes, hija mía, para reconocer que Dios puede hacer y deshacer lo que quiera. Por eso no son capaces de aceptarlo y están constantemente clavando el aguijón y a ver cómo os van rodeando para atacaros, hijos míos. Tenéis que defenderos con palabras humildes y con la verdad. No vais con la mentira, hijos míos; la verdad es Cristo, y si vosotros estáis conmigo no estáis contra mí. ¿Por qué os tienen que despreciar y anular de esta manera, hijos míos? Sois hijos de la Iglesia, reconocidos por la Iglesia, aunque muchos de ellos no quieran reconocerlo. Vosotros, hijos míos, amad mucho a la Iglesia, amad al Santo Padre, acercaos a los sacramentos y pedid ayuda para poder soportar todos estos ataques directos e indirectos. Pero sed valientes, hijos míos, y no os acobardéis, porque vosotros cumplís con la Iglesia y servís a la Iglesia.

     Sobre todo, os pido, a aquéllos que vivís en comunidad, que seáis valientes, y os repito que sois hijos de la Iglesia, aunque no quieran, muchos de ellos, reconoceros como hijos de la Iglesia. Pero no os arrinconéis y no os defendáis (1); defenderos con la verdad, hijos míos. Sed humildes y amaos unos a otros.

 

     LA VIRGEN:

     Y gracias, hijos míos, por vuestras oraciones y por tantas y tantas avemarías como escucho en este lugar. Acudid a este lugar, que recibiréis muchas gracias, hijos míos, para vuestra salvación y para vuestra salud.

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los pobres pecadores...

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

_______________________________

(1) Construcción gramatical extraña; es como si dijera: “No os quedéis arrinconados, ni dejad de defenderos, sino defendeos con la verdad”.