MENSAJE DEL DÍA 4 DE DICIEMBRE DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     EL SEÑOR:

     Hija mía, oración pido; oración, sacrificio, penitencia. El mundo está en esta situación porque los hombres se han olvidado de la oración, del sacrificio y de la penitencia. Sí, hija mía, la Iglesia está pasando por unos momentos... Mira el Santo Padre, hija mía.

 

     LUZ AMPARO:

     Está el Santo Padre en un habitación muy grande; está apoyado sobre una mesa, muy triste, fatigado, enfermo, desconsolado; hay muchos sacerdotes, obispos y cardenales a su alrededor.

 

     EL SEÑOR:

     Hija mía, mira todos los obispos; el Santo Padre cree que son amigos fieles de él; la mayoría, hija mía, son falsos amigos; muchos de ellos no cumplen las órdenes que él da y se rebelan contra sus palabras; otros, mira, hija mía, cómo son sumisos, obedientes a la Iglesia y al Santo Padre, los de esta parte; pero estos otros, hija mía, son infieles, no son leales.

     ¡Ay, hijos míos, empezasteis con el espíritu y habéis terminado con la carne!

 

     LUZ AMPARO:

     Empujan como para demoler la Iglesia los de esta parte, pero estos otros la sostienen con su fidelidad y con su amor.

 

     LA VIRGEN:

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados y ofensas como se cometen contra mi Iglesia...

     ¡Sacerdotes de mi Iglesia, dejad el mal y haced el bien! Predicad el Evangelio y dad frutos buenos de la palabra de Dios. ¡Oración, sacrificio, penitencia! Que lo habéis olvidado, hijos míos.

     Ora por ellos, hija mía, haz sacrificio y penitencia.

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día de las tinieblas...

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.