MENSAJE DEL DÍA 1 DE MAYO DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     EL SEÑOR:

     Hijos míos, si es verdad que me amáis, respetad mis leyes y amad mis leyes, porque los hombres se han abandonado en Dios. Los padres sólo piensan que sus hijos estudien buenas carreras, y tienen, la mayoría, atados el pensamiento y el corazón a los libros; quieren mejor que sean hombres de ciencia que hombres de Dios. Pero ¿hasta cuándo, hijos míos, puede todo un Dios estar avisando a los hombres, del gran peligro que acecha al mundo? Sois sordos a mis palabras y ciegos a la realidad de lo que hay en el mundo. Y todo es porque falta Dios en los hombres. La mayoría de los hombres son desertores de Dios; han desertado, y donde no está Dios no puede reinar la paz.

 

     LA VIRGEN:

     Orad mucho, hijos míos, orad, que se ha olvidado el diálogo con Dios. Los hombres sólo mueven los labios y no meditan las palabras que hay en el Padrenuestro. Y fue el mismo Jesús el que enseñó a los hombres esa oración.

     Digo que mis palabras se acaban, pero mis gracias seguiré derramándolas sobre todos vosotros. Acudid, hijos míos a este lugar; son tiempos muy graves, y aquí os enseño a amar a la Iglesia, amar a Dios y a todo lo que compone el camino recto y seguro para llegar al Cielo. ¡Ay, cómo los hombres desaprovechan tantas y tantas gracias y tantos y tantos frutos como hay en este lugar!

     Que los hombres no hagan la guerra entre las familias, ni entre las comunidades. Ya hay bastantes desertores y almas que no quieren saber nada de Dios, para armar guerras, matanzas, destrucciones. ¡Qué pena de almas! ¡Todo un Dios pidiendo a sus criaturas que cumplan las leyes; la ley del espíritu, que a los hombres se les olvida esa ley!

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas y tantas ofensas como se cometen contra nuestros Corazones...

     Sed humildes unos con otros y reuníos todos para practicar unos con otros, y que se conserve la unidad entre los hombres. Quiero amor entre vosotros, hijos míos, y unidad.

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los pobres pecadores...

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo con el Espíritu Santo.