MENSAJE DEL DÍA 3 DE ABRIL DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Aquí estoy, hija mía, otra vez. Aquí está la llena de gracias, para enseñar a los hombres las virtudes y para que no se les olvide la principal virtud que es la caridad, vínculo de perfección. Hija mía, mis palabras dije que serían cortas; pero los hombres, hija mía, echan en olvido todas las palabras que se les recomienda.

     Toda esta multitud que viene a este lugar, ordenada y unida, sería una gran jerarquía para la Iglesia. Hijos míos, todo lo que habéis aprendido y las gracias que habéis recibido de este lugar, los hombres no saben aprovecharlas.

     Estad todos juntos, hijos míos, tened una misma voluntad, amaos unos a otros y no os desunáis ni separéis. Todo lo que es separado, te repito, hija mía, está roto y destruido; por eso pido que os unáis unos a otros y que viváis juntos la palabra de Dios. Toda desunión no es buena, hija mía; por eso pido que todos viváis la Ley, la Ley del Evangelio, que la tenéis olvidada. Y es lo que quiero enseñaros, hijos míos: a conocer a mi Hijo, porque mi Hijo es el gran desconocido.

     Y todos, hijos míos, unidos en amor y unidad viviréis vida de ángeles y estaréis viviendo un cielo; pero cuanto más os separéis, hijos míos, menos cumpliréis la Ley. Y es lo que vengo a deciros a todos, hijos míos: que Dios está con todos vosotros y el Espíritu Santo está para enseñar a las almas. Estad muy unidos y amaos unos a otros; este mandamiento hay que repetirlo constantemente.

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas ofensas como se cometen en el mundo...

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la conversión de los pecadores...

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.