MENSAJE DEL DÍA 6 DE MARZO DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     EL SEÑOR:

     Hijos míos, una vez más, hago mi presencia, y no vengo a deciros nada nuevo, hijos míos, porque ya os lo he dicho; pero no escucháis mi palabra. Yo soy la Puerta del Cielo, y mi Madre es el Puente para venir a la Puerta. El que no pasa por esta Puerta es un ladrón que quiere echar[1]

a mi Iglesia, pero no vive para la Iglesia. Hijos míos, si fueseis sordos o ciegos tendríais disculpa, hijos míos, pero ni sois ciegos ni sordos y no queréis ver ni escuchar mi palabra; sois salteadores. Muchos de vosotros os saltáis lo que queréis, y todo el que no pasa por esta Puerta, no tendrá vida eterna. Recoged los rebaños que hay esparcidos, hijos míos, y llevadlos al aprisco, porque yo he dado mi vida por todos.

     ¿Cómo rechazáis a los que queréis y os quedáis con lo que os agrada, hijos míos? El que no está contra mí, está conmigo; muchos sois asalariados y no queréis oír mi voz; huís del rebaño y dejáis solo ese rebaño, porque os importa más el salario que las almas. Hijos míos, el pastor que es bueno no abandona a sus ovejas y no huye cuando viene el lobo; y vosotros huís cuando oís hablar del lobo. Yo tengo un rebaño al que he redimido con mi Sangre y vosotros no queréis saber nada de él. Yo he ido llamando a este rebaño y mis ovejas han conocido mi voz y me han seguido, tal como yo he pedido. ¿Por qué sois tan necios, hijos míos, y no queréis escuchar mis palabras? ¡Pobres de vosotros, no tendréis disculpa, porque mi palabra es la verdad y nada va en contra! ¡Sed pastores de almas y no seáis funcionarios ni asalariados, dedicaros a las almas, que hay mucho trabajo, hijos míos!

 

     LA VIRGEN:

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas ofensas como se cometen contra nuestros Corazones...

     Hijos míos, sed humildes, porque vuestra soberbia no os deja ver, y ¿quién sois vosotros para limitar a Dios? Acudid a este lugar, que recibiréis gracias muy especiales, hijos míos, para vuestra salvación.

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para la conversión de los pobres pecadores...

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.



[1] “Echar”; tiene aquí el significado de “derribar, arruinar, asolar”.