MENSAJE DEL DÍA 2 DE ENERO DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES,
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
LA VIRGEN:
Hija mía, mi Corazón está muy afligido por la ingratitud de los hombres. Los hombres no aceptan mi palabra, les cansan mis mensajes, y vengo a recordarles el Evangelio. Sólo vengo a decirles lo que está escrito, que Cristo lo dejó escrito, y no creen. ¿Cómo iban a creer en cualquier doctrina que se les quisiera enseñar, hijos míos?
EL SEÑOR:
Sólo digo, hijos míos, que vendré a la Tierra y no encontraré amor entre los hombres, ni paz. Y dije: “Yo bajaré con mi Padre y con el Espíritu Santo y moraré con aquéllos que hayan cumplido los mandamientos y, sobre todo, con aquéllos que se amen unos a otros”; eso es lo que he venido a recordar a los hombres, y los hombres cierran sus oídos a mis palabras. ¡Ingratos!
Y tú, hija mía, no te angustien ni los anónimos ni las calumnias ni las palabras. Son seres diabólicos, que se han dejado arrastrar por el enemigo y ellos tienen la verdad en su mentira porque hablan por la boca de Satanás. ¿Quieres hacerme un gran regalo, hija mía?: ámalos con todo tu corazón, ora por ellos y sacrifícate, sé víctima de reparación por ellos. No van contra ti, van contra mí, hija mía. Por eso te pido: sé muy humilde, hija mía, y te repito que el discípulo no es más que el Maestro. ¡Si a mí me llamaban Belcebú y tantas y tantas perversidades, hija mía!, ¿cómo vas a ser tú más que el Maestro?
Ora por ellos, hija
mía, y no guardes en tu corazón ningún resquicio. Yo prometo que con todos tus
sufrimientos, todas esas calumnias, hija mía, y toda esa persecución, vendrán
muchas almas a mi redil. Y prometo no desaparecer de este lugar. Mis
palabras se acabarán pero mi presencia seguirá.
LA VIRGEN:
Acudid, hijos míos, a este lugar que recibiréis gracias en abundancia.
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.