MENSAJE DEL DÍA 3 DE OCTUBRE DE 1998, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Hijos míos, aquí está otra vez vuestra Madre. Mi Corazón está lleno de dolor por la situación del mundo. Aunque muchas veces mi Corazón siente un gozo de tantas y tantas avemarías como suben al Cielo de este prado. Pero aunque los hombres se empeñen que el mundo está bien, el mundo está cada día peor, hija mía. Los hombres están ciegos y no quieren ver. Las madres no quieren dejar nacer a sus hijos. Los hijos no respetan a los padres. Los hogares están destruidos. Los religiosos, muchos de ellos, después de haber hecho votos y promesas, buscan una vida más fácil y se salen de los conventos para ser funcionarios en el mundo, no ministros de Dios. Muchos de los conventos, hija mía, están marchitos. La moral en la juventud se ha perdido; el pudor, la modestia no existen, hija mía. Y dicen los hombres que el mundo está muy bien. Sólo los ciegos, que no quieren ver, protestan contra los mensajes, porque no les conviene escucharlos, hija mía.

     Mi Corazón siente gozo de tantas y tantas almas como se convierten en este lugar y tantos y tantos años retirados de los sacramentos y del camino del Evangelio, y han vuelto a nuestro rebaño. Pedid, hijos míos, para que los padres enseñen a los hijos el camino del Evangelio, antes que las carreras y los estudios; que sólo se preocupa el hombre por el estudio y por las carreras, olvidando la carrera más importante, que es la carrera del Evangelio.

     Amad mucho a la Iglesia, hijos míos, amad mucho al Santo Padre. Pedid por los sacerdotes y por aquellos religiosos que son fieles a su ministerio. Seguid acudiendo a este lugar, hijos míos, que derramaré gracias especiales sobre vuestras almas.

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los pobres pecadores... Todos han sido bendecidos, hija mía, con bendiciones especiales para los pobres pecadores.

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.