MENSAJE DEL DÍA 1 DE AGOSTO DE 1998, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     EL SEÑOR:

     Yo, el Hijo de Dios vivo, el Hijo de María, Jesús, quiero que conozcáis su nombre, quiero que sepáis el poder de María. María tiene poder de aplastar la cabeza del enemigo. María es la Joya pura del Cielo. María es el Canal de todas las gracias. María es la Medianera de los hombres y yo. ¿Cómo los hombres no acuden a María? Es la hora de María y yo he puesto el mundo en sus manos.

     ¡Qué alegría siente mi Corazón cuando los hombres van a María a comunicarle su dolor, su pena, sus alegrías, sus tristezas y angustias; y Ella con sus manos maternales me las presenta a mí! Yo no puedo negar a mi Madre las gracias que me pide, por eso pido que se conozca el nombre de María y que no la rechacen los hombres; y ¡ay de aquéllos que merodean por estos lugares, picando aquí y allí, con mentes destructoras, enfermizas, para destruir mi Obra! ¿No se dan cuenta que todo lo que estorba en ella lo he ido retirando? Lo mismo va a pasar con vosotros, hijos míos, aquéllos que os dedicáis a coger de aquí y de allí calumnias, mentiras, guerras, para destruir esta Obra, que he puesto en las manos de mi Madre. ¿No tenéis miedo a la Divina Majestad de Dios? ¡Mentes enfermas por la soberbia y por el pecado, cómo perdéis el tiempo queriendo destruir mi Obra y las almas! Días cortos os quedan en la Tierra, como sigáis intentando destruirla. ¡No perdáis el tiempo, que toda la vida lo habéis estado perdiendo en destruir vuestras familias y en el pecado y en la ofensa a Dios vuestro Creador! Sed humildes y arrepentiros, hijos míos, y pedid perdón de vuestras culpas, y vuestras culpas quedarán perdonadas; pero no os unáis todos los que estáis en tinieblas, que os buscáis unos a otros para maquinar en la oscuridad la mentira y el engaño.

     Haced penitencia, y no pidáis largos años, porque pedís largos años, porque no me conocéis, y os da miedo presentaros ante lo desconocido, porque todo el que me conoce no le da miedo de mí. Aquéllos que temen, hija mía, es porque no me conocen; soy un desconocido para ellos y piden aplazar su vida. No les importa las guerras, no les importa el pecado, la destrucción; destruyen hasta a sus propios hijos, porque sus corazones están llenos de tibieza.

     Penitencia pido, hijos míos, penitencia y sacrificio. Amaos unos a otros; éste es el mandamiento que más insiste Dios en que cumpláis. Sed humildes, hijos míos; acudid a este lugar y seréis revestidos de mi gracia.

 

     LA VIRGEN:

     Levantad todos los objetos, hijos míos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los pobres pecadores...

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.