MENSAJE DEL DÍA 5 DE JULIO DE 1997, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Hijos míos, aquí está vuestra Madre, la Virgen Pura Dolorosa. Mi Corazón sigue sufriendo por los pecados de la Humanidad. Los hombres no cambian. Cada día, el ser humano está más deshumanizado, y los hombres no quieren comprender ni entender los misterios de Dios, ni cumplir sus leyes. Por eso hago un llamamiento: sacerdotes de Cristo, despojaos del espíritu que os obstaculice en vuestro camino y no os siente bien, y regocijaos del Espíritu de Dios y aprended de Él su sabiduría y llenaos de Él, y explicad a las almas que esta vida no es el final de todo.

     Muchas almas están confundidas, porque hay sacerdotes que confunden la doctrina, y creen que, con la muerte, aquí se acaba todo; por eso muchos, hijos míos, cuando llega este momento de este desenlace fatal, miran a su alrededor y no encuentran nada más que tinieblas y oscuridad; para ellos es un horror, un gemir y un sufrimiento. Y llegan ante Dios y Dios los manda a otro lugar, porque no han querido saber nada de Él, y por eso no pueden estar con Él; tienen que estar donde Él no esté, porque lo han rechazado y no han querido saber las verdades ni los caminos de Dios. Eso es terrible, hijos míos, cuando llega ese momento para estas almas. Por eso os pido, hijos míos: arrepentíos, confesad vuestras culpas; amad a la Iglesia, hijos míos, que en ella hay un banquete que, si coméis de él, conseguiréis la vida eterna. Id a ella y amadla, y veréis la grandeza que hay en ella y la hermosura.

 

     EL SEÑOR:

     Hijos míos, sacerdotes que camináis por el sendero de Cristo, no os acobardéis, y enseñad a las criaturas las verdades que hay en el Evangelio. Y os pido a todos, hijos míos: sed mansos y humildes; con humildad conseguiréis no rebelaros contra Dios. El hombre quiere ser más que Dios, y cuántas veces he dicho que ¡nadie como Dios! El hombre se queda en lo humano y olvida lo divino, pero, cuando llega ante Dios, nada puede hacer, porque Dios tiene que aplicar su justicia; los hombres sólo piensan en su misericordia, y ¿dónde dejan la justicia de Dios? Dios os ama a todos, hijos míos, pero a todo el que quiere doblar la rodilla ante Él y pedir perdón de sus culpas.

     Por eso os digo, hijos míos: venid a mí, todos los que estáis agobiados y todos los que tenéis angustia, que yo aliviaré vuestra carga y curaré vuestras angustias, hijos míos. No penséis que Dios no os ama, hijos míos; Dios os ama, pero ¿le amáis vosotros a Él? Por eso, hijos míos, en vuestra libertad, os salváis u os condenáis. Porque yo os quiero, hijos míos, pero no os obligo. Por eso os pido, hijos míos, que busquéis a Dios, que todo el que busca halla. Y yo espero, como el padre pródigo, que llegue el hijo pródigo. Y cuando llegan los hijos pródigos a mí, los perdono y los visto con las mejores vestiduras y hago una fiesta en el Cielo; porque esas almas estaban perdidas y las he recuperado. Por eso os pido oración y penitencia, hijos míos. Sin oración y sin penitencia, el hombre se deja arrastrar por las asechanzas del enemigo.

     Sed muy humildes, hijos míos, y acudid a este lugar, que os daré la gracia de la conversión, y amad mucho a la Iglesia de Cristo, hijos míos, a su Vicario, y respetad a los obispos. Por eso sigo repitiendo que el que no deja a su padre, a su madre, a su hermano, a su hermana por mí, no es digno de llamarse hijo mío. Muchos han dejado el mundo, pero tienen tanto apego a las cosas carnales que aman antes a cualquier ser humano que al Creador. Venid, hijos míos, que os espero con los brazos abiertos, para bendeciros y para perdonaros. Confesad vuestras culpas e id al sacramento de la Eucaristía. Veréis cómo encontráis paz en vuestro espíritu. Sed humildes, hijos míos.

 

     LA VIRGEN:

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la conversión de los pobres pecadores...

     Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.