MENSAJE DEL DÍA 5 DE ABRIL DE 1997, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     EL SEÑOR:

     Hija mía, el mundo está cada vez peor, los hombres se han recrudecido, hija mía. Mira cómo está el mundo: el hombre no quiere aceptar la Ley de Dios. Dios es despreciado, hija mía. Los hijos no respetan estar bajo el mandato de Dios, ni bajo el mandato de sus padres, ni la obediencia, hija mía. Ya te dije que el mundo está tan corrupto, desde sus cimientos, que los pecados ya han colmado todo el globo terrestre, hija mía. Los hombres sin Dios son fieras salvajes, hija mía; no intentan nada más que destruir; se destruyen ellos mismos y destruyen a la Humanidad. El hombre sólo piensa en sus intereses. El hombre, hija mía, Dios ha aparecido de su pensamiento, pero él le ha hecho desaparecer. Todos sus pensamientos están en el desenfreno del mundo; cada uno mira para sí mismo. Los pecados, la inmoralidad, el desamor, los crímenes, todo, hija mía, es lo que rodea al globo terrestre. Y aquí está todo un Dios paciente, a pesar de los hombres ser tan crueles, esperando aplicar la misericordia sobre todos los que quieran llegar a mí.

     El hombre ha perdido la fe. El mundo sin amor perece, hija mía. Yo quiero amor, buenas obras; no quiero palabras, y los hombres sólo se quedan en la palabra. ¿Hasta cuándo, hijos míos, todo un Dios tiene que estar esperando al hombre que se convierta y pida perdón? El mundo camina hacia la destrucción, hija mía; por eso pido y hago un llamamiento a aquéllos que llevéis una vida correcta, aquéllos que améis a Dios y cumpláis sus leyes. Hago un llamamiento a todos, hijos míos: a obispos, sacerdotes, familias, jóvenes, viudos, a todos los que amáis a Dios, hijos míos: ofreced sacrificios, penitencias, oración, para nivelar la balanza, que está desnivelada, con vuestras buenas obras, vuestros sacrificios y vuestras penitencias; pero sobre todo, hijos míos, el hombre que no ama no tiene vida; el amor es vida. Yo vine por amor a dar vida a los hombres; por eso hoy, hijos míos, os repito que todos los que améis mi Divino Corazón y el Inmaculado Corazón de mi Madre, no tengáis miedo a nada ni a nadie, pues yo os protegeré pase lo que pase, hijos míos.

 

     LA VIRGEN:

     Y yo, hijos míos, os cubriré con mi manto a todos, porque al final mi Corazón Inmaculado triunfará.

 

     EL SEÑOR:

     ¡Qué pena de mundo! ¡Si todo se volviera a su lugar, el mundo cambiaría! Si las familias —están destruidas— se reunieran en el santo temor de Dios; los sacerdotes que se han retirado del camino del Evangelio fueran obedientes a sus obispos, al Santo Padre... Si las parejas se respetasen y no hubiese esta inmoralidad, todo el mundo estaría en calma y en paz, y Dios reinaría en cada uno de estos corazones. Por eso hago este llamamiento a todos aquéllos que renunciáis a vosotros mismos, a los placeres del mundo, a las comodidades; y aquéllos que hacéis buenas obras, hijos míos: la caridad es lo que falta en el mundo; el hombre ha olvidado que tiene corazón.

     ¡Ay, hijos míos!, cambiad vuestras vidas y volved...

 

     LUZ AMPARO:

     ¡Ah..., lo que puede suceder, Dios mío!

 

     EL SEÑOR:

     Volved vuestra mirada y cumplid, hijos míos, los mandamientos de la Ley de Dios. Confesad vuestras culpas. Acercaos al sacramento de la Comunión y de la Penitencia; y vosotros, pastores, aquéllos que os habéis retirado del camino recto y seguro, volved a vuestro camino, que yo os espero, hijos míos, y os colmaré de gracias, y llenaré vuestros corazones de amor, y pondré imán en ellos, para que podáis conquistar a las almas. Para que el mundo cambie, hijos míos, tenéis que cambiar todos. Os repito: el mundo sin amor camina hacia una destrucción.

     Acudid a este lugar, hijos míos, que todos los que acudáis a él tendréis gracias muy especiales y nada de lo que pueda suceder os afectará. Pero os pido, hijos míos: tened cuidado, porque hay mucho falso profeta. Mira, hija mía, por todas partes, los falsos profetas están invadiendo el mundo; no vayáis detrás de ellos, hijos míos. ¿Sabéis cómo se conoce el profeta que no es falso?: por su obediencia a la Santa Madre Iglesia, por sus mensajes universales para el mundo, por no creerse superiores a los demás; por su humildad. Pero muchos de vosotros vais detrás de ellos, porque os gusta que os digan que estáis salvados, que sois escogidos, que tenéis un puesto que cumplir en la Tierra, porque Dios os ha escogido a cada uno; y ¡cuántos de vosotros, hijos míos, vuestra vanidad os pierde! Dios viene a corregir a los hombres, no viene a alabarlos ni a glorificarlos. Ahí es donde tenéis que daros cuenta si es un profeta enviado del Cielo. Retiraos de los que os halagan, y aceptad, hijos míos, la corrección. Muchos profetas falsos no obedecen a la Iglesia, y cuántos han destruido a muchos sacerdotes y teólogos buenos, diciéndoles que son escogidos y que tienen una misión, y van detrás de ellos, haciéndolos ídolos. ¡Cuántas, hija mía, almas son arrastrados por todos ellos!; quieren sacar a las almas del lugar donde Dios manda gracias y se manifiesta, para ellos tener su propia secta. Sí, hija mía, muchos de ellos no dan un men...

 

     LUZ AMPARO:

     ¡Ay, qué horror, todos los que van detrás!

 

     EL SEÑOR:

     Son engañados, porque les gusta, hija mía, porque no dan un mensaje universal al mundo, sino un mensaje para cada uno. No les dicen: “Compartid con los demás, amad a vuestro prójimo, hijos míos; no seáis soberbios, sed humildes”. Al hombre no le gusta nada más que la alabanza; no le gusta la corrección ni el consejo; por eso muchos —míralos, hija mía— van detrás de ellos, porque no se les nota; muchos de ellos Satanás los dirige, hija mía. Cuántos dicen que hablan con el Espíritu Santo por teléfono, que hablan con Dios Padre; pero, hijos míos..., pero, ¿hasta dónde queréis llegar? ¿No tenéis miedo a la Divina Majestad de Dios, hijos míos? Cometen sacrilegios con la Eucaristía, diciendo que tienen comuniones místicas. ¡Ay, cuando os presentéis ante Dios, hijos míos, vuestro juicio será terrible! Dios viene a enseñar al hombre y a recordar al hombre el Evangelio, la unidad, el amor, la entrega, la pobreza, la oración, el sacrificio; pero muchos de vosotros sólo movéis los labios en esas reuniones, hijos míos, sin distinguir la falsedad y la hipocresía. ¡Qué pena siente mi Corazón! Todo es una manera de sacar a las almas donde Dios se manifiesta para confundirlas, envanecerlas y destruirlas. Todos son centros que quieren llamar la atención. Tened cuidado, hijos míos, que hay muchas almas que se dedican a destruir.

     No quiero que te aflijas, hija mía; ya sé que el mundo te ha tratado mal, hija mía, desde muy niña; pero desde muy niña fuiste escogida para sufrir, padecer por el bien de la Humanidad; y para corregirte tus miserias apliqué mi misericordia, hija mía; pero no quiero que nada te aflija. Yo dije, hija mía, que no te angustiaras, que yo pondré en tu camino almas que ayuden a sacar esta Obra adelante; piensa que es una Obra de Dios y Dios te pondrá en el camino a las almas, para ayudarte.

     Muchos se benefician de estas manifestaciones para lucrarse de ellas, no para los pobres, hija mía, y muchos se lucran vendiendo cosas religiosas para emplearlo en orgías y pecados de inmoralidad. ¡Qué pena me dan esas almas, hija mía! Pedid por ellos y amaos unos a otros como yo os he amado, y sed humildes, hijos míos, muy humildes; sin humildad no se consigue el Cielo.

 

     LA VIRGEN:

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas ofensas como se cometen a mi Inmaculado Corazón...

 

     EL SEÑOR:

     Hija mía, tu corazón está triste; tú me has pedido que corte de ti por donde quiera. Yo estoy cortando, hija mía, y corto; pero todo, hija mía, tiene un valor para la conversión de las almas. No te entristezcas, hija mía, tu corazón sufre mucho.

 

     LUZ AMPARO:

     (Entre sollozos). Señor, ayúdame, Señor..., ayúdame. Ayúdame, Señor. ¡Ay, ay, ay, ayúdame, Señor! ¡No me abandones, Señor; ay, yo sin Ti no puedo vivir! ¡Ay, ayúdame...! Te pido, Señor, que me ayudes y me pongas a personas para ayudar a sacar esta Obra adelante... Por mí sola no puedo nada, Señor, pero Tú lo puedes todo. (Con fatiga). ¡Ay, ay, ay...! Señor..., también, si no puedo ver a mi hijo... Tú lo quieres por el bien de la Humanidad... Hago tu voluntad, Señor... ¡Ay, ay, ay...! ¡Ayúdame, Señor, a ser humilde..., a ser paciente, Señor...!

 

     EL SEÑOR:

     Te he dicho, hija mía, que te pondré almas buenas en el camino; y en sí, muchas veces, te las he puesto.

 

     LUZ AMPARO:

     Es una Obra tan grande la que quieres, Señor...

 

     EL SEÑOR:

     Ya se verá la luz, hija mía.

 

     LUZ AMPARO:

     Ayúdame, que no tengo fuerzas, Señor... No tengo fuerzas...

 

     EL SEÑOR:

     Soy la Fortaleza, hija mía; de mí sacarás la fuerza para caminar y para que todo crezca como yo te he pedido, hija mía.

 

     LUZ AMPARO:

     Perdóname, Señor, por mi soberbia... Perdóname, Señor.

 

     LA VIRGEN:

     Vuelve a besar el suelo, hija mía, en reparación de los pecados de la Humanidad...

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día de las tinieblas, hija mía...

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.