MENSAJE DEL DÍA 1 DE JUNIO DE 1996, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     EL SEÑOR:

     Hija mía, ¡cuánto sufren nuestros Corazones, sigo repitiendo, porque los hombres no hacen caso a mis palabras!; no se dan cuenta de la gravedad y de la situación que hay en el mundo. Los hombres quieren alcanzar al Creador; pero, ¿de qué forma quieren hacerlo, hija mía?: no cumpliendo las leyes que el Creador ha impuesto para su salvación, sino haciéndose ellos “creadores”(1).

     El hombre hace más caso a las palabras de los hombres que a las palabras de Dios; su soberbia, hija mía, los va a hacer destruir el planeta terrestre, hija mía; quieren crear nuevas razas, y lo que van a hacer es crear fieras, para que desaparezca la raza humana. Nunca el hombre podrá ser creador de un ser humano, porque sólo Dios tiene poder para crear el alma, que es lo que hace racional al hombre. Un cuerpo sin alma no es un ser racional, y el alma, hija mía, sólo la puede crear el Creador Increado. ¿Hasta dónde queréis llegar, vosotros que os creéis sabios?, ¿hasta la destrucción del planeta Tierra y de vuestras propias almas?

     El hombre no tiene entrañas, hija mía. El ser humano va a unas velocidades hacia la destrucción. Orad mucho, hijos míos, para que esas mentes que son dirigidas por Satanás, destruya el Ángel de la Verdad todos sus planes para la destrucción del globo terrestre. Será horrible, hija mía, pero es que los hombres están desnaturalizados, no piensan en Dios Creador, en Dios Salvador, en el Dios Increado; se piensan ellos mismos seres privilegiados para crear. ¿Hasta dónde y hasta cuándo, hijos míos, os voy a estar avisando que no os metáis en los planes de Dios, hijos míos, que nadie puede llegar a la sabiduría de Dios?, porque Dios fue increado, existía antes de todos los siglos, y Él es el que tenía poder para crear; pero vosotros, que en vez de aprovechar vuestra sabiduría en hacer el bien a los seres humanos, la aprovecháis para convertiros en “creadores” (1)de destrucciones.

     El hombre está como las fieras; su corazón está bloqueado; y no piensa, hija mía, en el ser humano, sino cada día más se introducen en misterios ocultos, que no saben el mal que pueden causar a la Humanidad. Seguid las leyes de Dios, hijos míos, y no investiguéis tantas cosas que pueden hacer daño a la Humanidad. Razonad como seres humanos; no os creáis sabios y poderosos; sólo Dios es poderoso y sabio para crear. Pero, ¿qué queréis hacer vosotros del mundo, hijos míos? Orad mucho, porque será terrible si esto lo llega a realizar el hombre. No perdáis el tiempo, hijos míos, para destruir la raza humana. Ganad el tiempo para salvar vuestras almas y para ayudar a los pobres y necesitados.

     ¡Qué pena y qué falta de fe tienen los hombres! Dicen que quieren construir cosas nuevas para hacer el bien a la Humanidad, y lo que hacen es destruir esta Humanidad que Dios creó para que participasen de su divinidad. Todo lo quieren cambiar, hija mía. No ven los pecados donde el pecado existe, ni la virtud; porque Dios, para ellos, no existe; porque se forman un Dios a su manera y a su antojo; si no, su soberbia no les llevaría tan lejos, hija mía.

     Vivid el Evangelio, hijos míos, y caminad por el camino de la salvación. Amaos como hermanos y dejaos conducir y escuchad mis palabras, hijos míos. Será tremendo el caos que puede venir sobre la Humanidad. Orad todos juntos y pedid unos por otros, que reine la caridad entre todos.

     Y tú, hija mía, no te angusties porque los hombres no tengan entrañas para hablar; piensa que los míos no la tuvieron para mí. ¡Cómo va a ser más el discípulo que el Maestro, hija mía! No tengas ningún remordimiento, hija mía, porque tú has luchado para criar a tus hijos, trabajando con el sudor de tu frente, para sacarlos adelante, hija mía. Te he probado desde muy niña, y te he enseñado el sufrimiento y el dolor. Nada te puede afectar ahora, hija mía, ni las palabras ni las calumnias de los seres sin entrañas, porque sólo un ser sin corazón puede escribir esas palabras. Por eso te digo, hija mía, que ya estás acostumbrada a sufrir; luego que no te quede ninguna herida en el corazón por esa crueldad de los hombres. Tú has dicho a los hombres las palabras que yo te he comunicado, y sigue repitiéndolas, hija mía, porque, ¡ay, madres, repito, que introducís a vuestros hijos en los placeres del mundo para darles libertinaje! ¿Qué va a ser de vosotras? Y ¡ay, padres, que no los sabéis educar en el santo temor de Dios!; y que no tenéis excusa, porque muchos de vosotros no podéis luego excusaros de que no teníais tiempo, de que teníais que trabajar. No, hijos míos, preferís que vuestros hijos se pierdan en el mundo, estudiando grandes carreras, y se os olvida lo más importante: la palabra de Dios, hijos míos.

     Tú, hija mía: nadie te enseñó la palabra y te di un marido enfermo y siete hijos para mi gloria, y tuviste, hija mía, que trabajar mucho para sacar a tus hijos adelante. Si entre ellos siempre hay una oveja que se desvía..., pero tú no te encuentres responsable, hija mía, porque tú has estado pendiente de ellos, y no hagas caso a las palabras crueles de esas almas sin corazón. No seas tan sensible; sé fuerte. La santidad no es débil, tiene que tener fortaleza para aceptar todo lo que venga de la mano de Dios y de los hombres. Yo lo permito, hija mía. ¡Y piensa que Satanás destruye, no construye, hija mía!; y tú intentas construir, no destruir. Todo está claro, hija mía, y todo se puede ver a la luz; pero a veces, donde menos te figuras, hija mía, hay un judas que te vende y te traiciona.

     Orad mucho, hijos míos, y pide por esas almas tan necesitadas de la gracia. Yo doy la gracia, hija mía, pero mira lo que hacen con ella: pisotearla muchas almas. Yo amo a los que son fieles, pero rechazo la infidelidad de las almas. Amo la nobleza y rechazo los dobleces. El alma que tiene dobleces, hija mía, no tiene limpieza de corazón, siempre tendrá discordias y guerras fuera y dentro de sus hogares. ¿No he dado bastante, hija mía? Pero, ¿cuántas almas tenían que estar día y noche, de rodillas, dando gracias por tantas gracias que se les ha dado? Y mira qué reacciones tienen ante la corrección, ante las palabras y ante la verdad. Yo odio la hipocresía; los soberbios y los que no son limpios de corazón los desprecio, porque son hipócritas fariseos. ¿Quién me vendió a mí, hija mía? El que más cerca estaba. ¿Cuáles fueron los que me llamaban Belcebú y se asustaban porque...? (Luz Amparo expresa admiración). Sí, mira esas escenas, hija mía; porque hacía la caridad en sábados. Mira qué insultos...; mira, hija mía, lo que yo recibí. La caridad no tiene día: todos los días son buenos para aplicar la caridad.

     Hija mía, sabes que todo el que ama a Dios con todo su corazón es perseguido y calumniado. Refúgiate en nuestros Corazones y no desfallezcas, sino con aliento de águila, hija mía, un día darás un vuelo muy alto donde te encuentres con tu Creador. Vale la pena sufrir, porque son los que te siembran el camino de la salvación. Te pido mucha humildad, hija mía, y mucha fortaleza, pues sabes que tu felicidad no está aquí abajo; está arriba, hija mía.

 

     LA VIRGEN:

     Acudid a este lugar, hijos míos, que recibiréis gracias muy especiales para vuestra salvación. ¡Qué ingratos sois aquéllos que habéis recibido gracias para salvar las almas de vuestros seres queridos, y no sabéis corresponder a la gracia! ¡Qué pena me dais, hijos míos! Amaos como hermanos y estad unidos siempre en el amor, como Cristo vino a enseñar a los hombres.

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas y tantas ofensas como se cometen contra Dios el Creador...

     Levantad todos los objetos; todos los objetos serán bendecidos para la conversión de los pobres pecadores...

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

 

 

 

 

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(1) “Creadores” de destrucciones; es decir, “hacedores” de destrucción, debido al mal uso de la inteligencia y sabiduría, que utilizan para provocar el mal.