MENSAJE DEL DÍA 1 DE OCTUBRE DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Hija mía, aquí estoy una vez más cumpliendo mi promesa de manifestarme a los hombres, para derramar gracias sobre todos ellos. Aflige mi Corazón mucho la incomprensión de los hombres, hija mía; ¿quiénes son los hombres para poner a Dios un límite?

 

     EL SEÑOR:

     Yo vine a salvar a la Humanidad, soy el Hijo de Dios vivo, el Cristo Verbo hecho hombre para salvar a los hombres. Yo me manifiesto a las almas humildes y sencillas para comunicarles mis misterios. Pero los hombres, con su soberbia, no aceptan que yo me manifieste a los humildes e incultos para revelar mis misterios, y se los oculte a los grandes sabios y poderosos. Me manifiesto a los humildes, porque su humildad me llena de gozo y entienden mejor mis palabras que los grandes y los poderosos. Su soberbia no les deja ver que yo revele a un alma sencilla los misterios de mi Iglesia. Tú no te aflijas, hija mía, y habla con la misma sencillez; que Dios se manifiesta a los humildes y sencillos para confundir a los poderosos. Las almas, hija mía, no buscan nada más que títulos y subir de nombre, pero no subir su espíritu hacia el Creador; no entienden la doctrina, que Cristo vino la primera vez a un pesebre a traer la luz al mundo. Y luego se ocultó en el sagrario para quedarse con los del mundo. Ahí está la grandeza del misterio de Dios.

     Y ¡cuántos guías de la Iglesia confunden a las almas, porque no entienden o no quieren entender la doctrina de Cristo!, y predican una doctrina pobre y no enseñan a las almas las grandes riquezas que hay en la Iglesia. Hay canales que desembocan en fuentes de agua viva para sanar a los hombres de todos sus males. Acudid, hijos míos, a esa fuente y bebed de ella, porque todo el que beba de esa fuente no morirá. Os preocupáis más por los alimentos corruptos que por el alimento incorrupto, hijos míos. Ahí en mi Iglesia hay un alimento incorrupto, que todo el que come de ese alimento vivirá eternamente. Y yo me valgo de las almas sencillas y humildes para derramar mis gracias y mi amor y me refugio dentro de sus corazones, porque encuentro solaz en ellos para olvidarme de los pecados de los hombres. ¡Hay tan pocos corazones humildes y sencillos donde refugiarse!..., que cuando encuentro un corazón sencillo y humilde, lo modelo a mi gusto y me refugio en él y me encuentro a gusto en él. ¡Es tan reducido el número de almas capaces de olvidarse del mundo y de las cosas del mundo, para glorificar a Dios, su Creador!

     También gozo de aquellas almas que se entregan a mí con ese voto de virginidad; me glorifican más que los ángeles, porque los ángeles no han luchado contra las miserias para conservarse como los ángeles, y estas criaturas luchan contra las miserias humanas y conservan su virginidad y su humildad. Tienen más mérito que los ángeles, porque ellos no han conocido esas miserias. Por eso pido que todas esas almas que se han entregado a Dios, su Creador, sean fieles y construyan su casa en el Cielo, luchando contra todas las tentaciones del enemigo. Dios es despreciado y ultrajado; por eso yo escojo almas para reparar los ultrajes que los hombres hacen a la Divina Majestad de Dios.

     ¿Hasta cuándo tengo que avisar que no seáis soberbios y que Dios es el Creador y está por encima de todas las creaturas?

 

     LA VIRGEN:

     Seguid acudiendo a este lugar, que recibiréis gracias muy especiales para vuestra salvación.

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo.

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los pobres moribundos...

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.