MENSAJE DEL DÍA 6 DE AGOSTO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Hijos míos, vengo a deciros una vez más que os fortalezcáis en Cristo; Él tiene la fuerza y el poder; Él es el Hijo de Dios vivo y Dios le ha dado poder y majestad para reunir a los hombres.

 

     EL SEÑOR:

     Ceñid vuestra cintura con la verdad; revestid vuestro espíritu de justicia; calzad vuestros pies con celo por el Evangelio; buscad el estandarte de la Cruz; no hagáis caso de serpientes que muerden el alma y la dañan. Guiaos, hijos míos, por el Evangelio. Habéis tenido tiempos malos y vendrán tiempos peor, pero con la oración y con el sacrificio venceréis la astucia del enemigo.

     Yo revestiré con una corona de chapitel (1) a aquéllos que sean fieles y celosos en mi Evangelio y gozarán por su celo eternamente de las glorias de Dios.

 

     LA VIRGEN:

     Sí, hijos míos, sed humildes, hijos míos, amaos unos a otros. No os durmáis, hijos míos, y estad en vela, pues el demonio nunca duerme. Yo os prometo, hijos míos, por tantas y tantas avemarías rezadas a mi Corazón, cuando me rogáis: “ahora y en la hora de mi muerte”, que yo no os abandonaré ni en esta hora ni en la otra. Pero tenéis que ser fieles testigos de Cristo, hijos míos, y tenéis que renunciar a muchas cosas del mundo. No se puede servir a dos señores, porque los hombres no se ocupan de Dios, porque están sirviendo a otro señor, que es el mundo; es el que arrastra a los hombres a la tiniebla.

     Hija mía, tienes que ser firme; te dije que habías nacido para sufrir, y cuando hoy repetías unas palabras, hija mía: que te habían regalado un rosario sin Cristo y decías: “¿Tiene valor la cruz sin Cristo?; falta el Crucificado en él”. Crucifícate, hija mía, por el amor a los hombres. Ahí falta el Crucificado, como tú has dicho, una cruz sin Cristo no tiene valor.

     Mis palabras son cortas, hijos míos, porque ya he dicho tantas cosas. He venido a repetir el Evangelio y los hombres siguen fríos y obstinados en los placeres del mundo y en las vanidades.

     Mira, hija mía, cómo está mi Inmaculado Corazón rodeado de espinas sangrantes, que están tan profundas que no podrás tocar ni una sola, hija mía. Las oraciones son tan pobres, de los hombres, que no salen las espinas de mi Corazón.

     Quiero que vuestras oraciones, hijos míos, salgan de lo más profundo de vuestro corazón. Os pido humildad, hijos míos, si no tenéis humildad y caridad, por mucho que mováis vuestros labios, vuestras oraciones son vanas, hijos míos.

 

     EL SEÑOR:

     Quiero formar un gran rebaño, hijos míos, y reuniros a todos; pero todos con la fuerza del Evangelio, sin miedos. Y retiraos de aquellas almas que os dañen, hijos míos. Todo lo que dañe vuestra alma tenéis que arrancarlo y tirarlo muy lejos.

     Levantad vuestro espíritu a Dios, vuestro Creador, Él ama a sus creaturas.

 

     LA VIRGEN:

     Acudid a este lugar, hijos míos, que os sigo repitiendo que para mi Corazón no hay distancias, hijos míos; la distancia es corta. Y las gracias las recibís igual, hijos míos, desde aquel lugar que desde éste, hijos míos.

     Sed firmes y luchad para caminar por el Evangelio de Cristo.

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados como se cometen en el mundo... Y refúgiate en nuestros Corazones, y todo lo que obstaculice tu camino, retíralo, hija mía.

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día de las tinieblas...

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.