MENSAJE DEL DÍA 2 DE JULIO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     EL SEÑOR:

     Hija mía, ¿ves cómo a tu dolor hay una recompensa? Siempre te he dicho, hija mía, que daré el ciento por uno a las almas. Yo te he dado ese ciento por uno. Nada te angustie, hija mía; piensa que esos hombres de mal espíritu, que sus venganzas y sus odios los vuelcan contra vosotros, hijos míos.

     Pero, ¡cuántas veces voy a decir que el Creador está por encima de la creatura! Hay creaturas, hija mía, en la Tierra que descienden del mal, que dentro de ellas hay un mal espíritu.

     Al perder la gracia, el hombre se convirtió en una bestia, y yo vine a morir en una cruz, para que su espíritu alcanzara la gracia, hija mía; pero muchos espíritus no quisieron recibir esa gracia, ni aun muriendo por ellos. Por eso los hombres de mala voluntad actúan como bestias contra vosotros, hijos míos.

     No niegues la verdad, hija mía, ni tengas temores por las palabras de aquéllos que hablan de la Iglesia sin amar a la Iglesia; ¿cómo ellos van a entender de Iglesia si se encuentran en la tiniebla, hija mía? Que ni la muerte ni la vida, ni los poderosos, que se creen poderosos en la Tierra, ni ninguna criatura te haga negar mi palabra, hija mía. Nada te asuste, hija mía; el que está en la luz busca la luz, y el que está en la tiniebla busca la tiniebla. ¿Cómo pueden decir los hombres que Dios sólo es amor y que no es un catastrofista(1), hija mía? Son los hombres los que cometen las catástrofes, porque no aceptan la gracia; y poco entienden esas almas de la palabra de Dios que está escrita. Yo dije que el Hijo de Dios vendría a formar la guerra, no la paz, contra aquellos hombres de mala voluntad, y que enfrentaría a la suegra con la nuera, al padre contra el hijo, al hermano contra la hermana, y todo esto está sucediendo en mi profecía, hija mía. ¿Cómo los hombres dicen que el mundo está mejor que nunca, y que hay una juventud bella y hermosa, cuando la juventud está corrupta, hija mía, y en el mundo hay un cáncer que se va extendiendo cada día más, porque los hombres no aceptan la palabra de Dios y ese cáncer sólo Dios puede curarlo? Todos aquéllos que se acerquen a mí, aunque hayan puesto su mano sobre mi garganta y el látigo sobre mis espaldas, les abriré los brazos. Pero, ¡ay de aquellos pastores que predican una doctrina fría y confundida! ¡Ay, más les valiera no haber nacido, hija mía! Enfrentan a los hombres en vez de enseñar al rebaño las verdades del Evangelio. Dios es amor, pero Dios es justicia.

     Hay un Cielo y un Infierno, hijos míos, un Cielo para los justos y un Infierno para los ingratos.

     ¡No, hija mía, yo no soy el que los condena!, se condenan ellos mismos, hija mía, porque no aceptan mi Ley. Ellos se aplican la Ley a su manera y se dejan guiar por los espíritus malignos, y luego se llaman “hijos de la Iglesia”.

     ¡Arrepentíos y convertíos, hijos míos, y haced penitencia! Si queréis llegar a mí, tenéis, hijos míos, que guardar mi Ley. Las Leyes quedaron para los hombres, porque yo mandé al Consolador para que consolase a los hombres de buena voluntad; pero muchas almas ingratas han rechazado al Espíritu Santo y se dedican, hija mía, a la mentira y a la hipocresía.

     ¿Qué clase de doctrina habéis aprendido, hijos míos?

     ¡Ay aquéllos de mala voluntad que intentan hacer desaparecer el nombre de mi Madre de este lugar! ¡Ay de aquellos pastores, repito, que predican una doctrina fría y falsa! ¡Ay de aquéllos que no enseñan los mandamientos, de aquéllos que se llaman Iglesia y se sirven sólo de la Iglesia para negociar en ella! Pedid por ellos, hijos míos, y no tengáis miedo, porque yo todos los días pido a mi Padre por vosotros; y el que está conmigo, está con mi Padre, y el que no está conmigo, no está con mi Padre.

     Amaos los unos a los otros. Ése es el verdadero mandamiento, no los odios ni los rencores, ni las mentiras, ni las falsedades, ni las hipocresías. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; el que me siga tendrá vida eterna.

 

     LA VIRGEN:

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en la Humanidad...

     Hija mía, sé muy humilde y nada te angustie. Nuestros Corazones están contigo, hija mía.

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales...

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.