MENSAJE DEL DÍA 4 DE JUNIO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     EL SEÑOR:

     Hija mía, te dije que la lucha iba a ser larga, y así actúan los hombres, hija mía. Todo aquél que es buen cristiano, hija mía, y ama a Dios y lo sigue con todo su corazón, es perseguido. Yo traje un decreto del Cielo, que me dio mi Padre: era morir en la Cruz para enseñar a los hombres el amor, para que los hombres se amasen como hermanos; pero las criaturas, hija mía, con su soberbia y su altivez, reniegan de Cristo; están metidos en un abismo de maldad y de malicia y de odios, que los deja ciegos, y ellos mismos creen sus propias mentiras. Yo bajé del Cielo y me hice hombre y me igualé al hombre en todo menos en el pecado, para dar testimonio de la verdad. Pero, ¿qué ha hecho el hombre de todo esto, hija mía? Lo ha desfigurado. No piensan en el amor, hija mía, sólo piensan en guerras sangrientas, donde miles y miles de almas mueren inocentes.

     Sed fuertes y no tengáis miedo; estoy más cerca de vosotros que nunca. Yo haré que resplandezca la luz. ¿Cómo voy a permitir que los hijos de las tinieblas destruyan mis obras? Reuníos todos y animaos unos a otros como los primeros cristianos. Era tanto el amor que sentían unos por otros, que sólo los odiaban por ese amor que se tenían. Así fueron caminando hacia el martirio, hija mía. Hay muchas maneras de ser mártires; a veces la impiedad de los hombres y maldad, y la injusticia, las calumnias, pueden llegar a hacer mártir a la criatura.

     Cada día crece más el rebaño y, por eso, Satanás cada día está más revolucionado. Sois un gran número, hijos míos, los que camináis por el camino de la verdad y del Evangelio, pues el camino por el Evangelio es la verdad. Todo aquél que camina recto y seguro, practica el Evangelio de Cristo. Hay pocas almas, hijos míos, que vivan el Evangelio como lo vivieron aquellos cristianos. Por eso, hijos míos, que vuestra arma sea el Rosario y vuestra defensa sea una justicia santa.

     ¡Ay, Pueblo!, ¿cómo sois capaces, hijos míos, de tratar a las criaturas con esta impiedad? ¿No veis, hijos míos, que los hombres de mala voluntad lo que quieren es dividir a los hombres? ¿Qué os han hecho estas criaturas, para que os comportéis con ellos así, hijos míos? No os dejéis engañar, pueblo de Dios; pensad, hijos míos, que Satanás tiene mucha astucia y, con palabras conquistadoras, os ofrecerán grandes cosas que luego no cumplirán. ¿Cómo Dios puede estar en esas almas que desunen, si Dios es unidad, si Dios vino a enseñar a los hombres el amor?

     Sed pacientes, hijos míos, que la luz resplandecerá. Si os he dicho que nada tenéis que ocultar, nada temáis; Dios está por encima de todas las criaturas. Amaos como yo os he amado, dice el Señor; amarás a tu Dios con todas tus fuerzas, con todo tu corazón, y al prójimo como a ti mismo. El que no ama al prójimo no ama a Dios.

     ¿Hasta dónde queréis llegar, criaturas despiadadas? Averiguad por todos los lugares, hijos míos, que aquí no hay nada que no vaya encaminado al Evangelio. Para vosotros Cristo es un sectario; y las sectas dividen. Y estáis dividiendo a los pueblos con palabras mentirosas y con maldades y rencores que tenéis dentro de vuestro corazón. Arrepentiros y convertiros, que todavía estáis a tiempo, hijos míos, pero no sembréis vuestras maldades entre los hombres, porque vosotros odiáis al Creador.

     Y vosotros, criaturas inocentes, que os dejáis arrastrar sin saber dónde os llevan con promesas mentirosas y engañosas, ¿cómo os dejáis vender así, hijos míos, si el alma no tiene precio? Guardad vuestra alma para el Creador, que el Creador la puso dentro de vuestro cuerpo, hijos míos. No sembréis maldades ni mentiras. Amaos como buenos cristianos, hijos míos. Donde no hay paz no está Dios; y vosotros no hacéis nada más que buscar la guerra, hijos míos. Amaos como hermanos, que yo di mi vida por toda la Humanidad y no tuve distinciones de razas ni colores, hijos míos, porque todos fueron creados por la mano del Creador. Respetad la libertad de los cristianos como ellos respetan vuestra libertad.

     Pedid por ellos, hijos míos, pues muchos siguen las patrañas del enemigo sin conocer las verdades, hijos míos. Pedid para que vean la luz y no se contagien de la tiniebla.

     Seguid acudiendo a este lugar, hijos míos, y venid de todos los puntos del mundo, que yo derramaré gracias para todos vosotros. Y pedid por vuestros enemigos, pues son dignos de compasión. Sed humildes, hijos míos, pero defendeos con la justicia, con esa justicia santa, no a golpes como ellos, porque el que a hierro mata, a hierro muere.

     Para mí no hay distancias, hijos míos, os he repetido. Os han quitado ese lugar sagrado, pero yo sigo en él y la distancia para el alma no existe; sólo existen las distancias para el cuerpo. Por eso parece que las criaturas se han quedado sin alma y les gusta distanciar a los cristianos. Reuníos todos y animaos, como aquellos primeros cristianos se animaban unos a otros para ir al martirio. Yo estoy con vosotros, hijos míos, y la luz puede más que la tiniebla. Y cada día voy derramando más gracias sobre las almas.

 

     LA VIRGEN:

     Hijos míos, mi Corazón dolorido sufre por todos vosotros; uníos a mi Corazón, pues yo fui Corredentora con Cristo del género humano; y ¿cómo una madre no va a sufrir por sus hijos?

     Sed pacientes, hijos míos, y humildes, y amad mucho nuestros Corazones. Amad a la Iglesia con todo vuestro corazón, amad al Vicario de Cristo, amad a los sacerdotes, hijos míos.

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados y tanta crueldad como tienen esos corazones...

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los pobres pecadores...

     Pedid por este pueblo, para que aquéllos que no creen, crean y vean la luz de la verdad.

     Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.