MENSAJE DEL DÍA 7 DE MAYO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Hija mía, aquí está vuestra Madre Dolorosa, que también participa de vuestro dolor.

     Pensad, hijos míos, que, aunque los hombres dicen y piensan en el pasado y en el futuro, yo estoy en el presente sufriendo con mis hijos; pues mi Hijo me dejó como Madre de los mortales, y una madre sufre cuando ve sufrir a sus hijos. Hijos míos, tenéis que ser muy humildes, pues la guerra, hijos míos, cuando los hombres malvados la empiezan, tardan en acabarla. No tengáis miedo, tened gozo, porque Cristo os ama y Dios pone sus delicias en vosotros y el pórtico del Cielo está abierto para todos los que sufren y padecen persecución por mi causa, hijos míos. ¡Bienaventurados los que sois perseguidos a causa de la justicia, porque entraréis en el Reino de los Cielos!

     ¡Qué tristes están nuestros Corazones por la perversidad de los hombres! Conservaos en la verdad, hijos míos; la verdad está en Cristo, y Cristo es la Vida, y el que no está en Cristo está muerto.

 

     EL SEÑOR:

     ¡Ay, hombres malvados que habéis apostatado de vuestra fe y empleáis mi nombre para vuestras maldades! Los ángeles se entristecen cuando en vuestros labios oyen la palabra de Dios, porque no la empleáis para convertiros ni arrepentiros, sino para hacer el mal y dividir a los hombres. ¡Ay de aquellos pastores de la Iglesia que, en vez de dirigir a las almas, dirigen los partidos! Mi mano seguirá cayendo sobre ellos y aplicaré mi justicia. Yo soy testigo de vuestras maldades, de vuestra perversidad, hijos míos, de la persecución hacia los cristianos; y el día del Juicio seré testigo de vuestras mentiras, vuestras calumnias.

     ¡Qué ingratos sois, hijos míos! Alimentáis vuestro vientre de la corrupción y de las maldades y luego vuestra boca vomita ese mal que maquináis sobre la religión, hijos míos. Dejad a los cristianos que cumplan su misión, y, si vosotros no entráis en el Reino de los Cielos, dejad que entren ellos. No hay nada oculto, hijos míos, podéis averiguar, si tanto os preocupa, hijos míos; ¿por qué no hacéis vosotros lo mismo: dejáis vuestros bienes a los pobres y vivís como viven estas criaturas? ¡Yo os convertiré en yesca y haré arder la yesca junto a vuestros pecados y cae... caeréis reducidos en cenizas. ¡Cómo os dedicáis a dividir a los hombres de buena voluntad! ¿Cómo, hijos míos, no pensáis nada más que en maquinar el mal y hacéis que los hijos contra los padres y las familias se pongan en contra, hijos míos? Ya he repetido que soy testigo de todos vuestros males; y vuestros males serán juzgados, porque han traspasado la bóveda del cielo. ¿Hasta cuándo queréis estar persiguiendo a los cristianos, hijos míos? Habláis del Dios de misericordia, y vosotros no sentís en vuestro corazón nada más que odios y rencores. ¿Vosotros conocéis y aplicáis la misericordia, hijos míos? ¿Cómo decís que Dios es misericordioso, que Dios no es justo? Dios aplica la justicia sobre los malvados y la misericordia sobre los justos y sobre los pecadores arrepentidos. Dejad ya de dividir los pueblos y de armar contiendas, que sólo os preocupáis, hijos míos, de maquinar el mal.

     Vosotros, hijos míos, juntaos todos humildemente; orad mucho para ser fuertes y no escuchéis sus palabras, porque quieren guerra, hijos míos; no os metáis en su guerra y en su mentira.

     Bebe unas gotas del cáliz del dolor, hija mía... Esta amargura siento yo por la perversidad de la Humanidad, hija mía. Mira mi rostro, cómo lo ponen los pecados de los hombres y, especialmente, hija mía, algunos pastores infieles que se dedican a encizañar a los pueblos, en vez de poner paz y predicar el Evangelio tal como está escrito, no como vosotros, algunos pastores, lo confundís... (Pausa larga en la que Luz Amparo expresa dolor).

     No hagáis caso, hijos míos, de palabras vanas, ni de insultos, ni ultrajes; sólo puede hablar así el que no tiene a Dios, el que tiene dentro a Satanás, porque Dios es amor, Dios no es discordia; y todo el que se dedica a la discordia y a la desunión está con Satanás, hijos míos. Sed fuertes y orad, la oración lo puede todo.

     ¿De dónde queréis, ingratos, echar de un pueblo a unos cristianos (que el único mal que han cometido es dejar sus bienes para los pobres y recoger a los pobres), engañando a la gente con calumnias y con mentiras? ¡Ay, pobres de vosotros, hasta dónde habéis llegado! Vuestro odio y vuestro rencor os están consumiendo. No sólo queréis hacer desaparecer el nombre de María, sino que queréis hacer desaparecer a los católicos, porque odiáis a Cristo. No engañéis al pueblo, que el pueblo sabe, la mayoría, cómo sois, hijos míos.

     Pueblo, no os dejéis engañar, ¿no veis que están llenos de mentira y de odio, hijos míos?

     Desde niños enseñáis a vuestros hijos a odiar y a despreciar a las criaturas, ¿cómo vais a tener paz dentro de vuestra alma? Y soy yo, el Hijo de Dios vivo, el que lo dice, porque yo tengo poder para manifestarme, donde quiero y cuando quiero, a los hombres. Yo vine a la Tierra con un mensaje de amor y los hombres han destruido ese mensaje, por odios y guerras.

     Amaos los unos a los otros como yo os he amado; ése es el verdadero mandamiento de la Ley de Dios.

 

     LA VIRGEN:

     Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados como los hombres cometen contra nuestros Corazones...

     Mira, hija mía, mi Corazón está rodeado de espinas por todos ellos, y ¡qué profundidad tienen las espinas! Retiraos de las almas perversas, y orad y haced sacrificios, hijos míos; la oración lo puede todo.

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la salvación de las almas...

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.