MENSAJE DEL DÍA 4 DE SEPTIEMBRE DE 1993, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     LA VIRGEN:

     Hija mía, mi Corazón viene abierto, lleno de heridas, porque los hombres siguen obstinados en pecar y hacerse daño unos a otros.

     ¿Hasta cuándo, creaturas, vais a seguir siendo perseguidores de Cristo? Yo me manifesté en este lugar, para que todos bebieseis de la fuente de gracias que derramo en él y vosotros, hijos míos, queréis convertir este lugar en juegos y recreos. ¡Ay, hombres de mala voluntad, que sólo pensáis en los galardones de la Tierra y no habéis ofrecido vuestra hacienda a Dios vuestro Creador! ¡Ay, sólo buscáis apariencias, hijos míos, y os perderéis los galardones del Cielo! Yo os he pedido este lugar para orar y para hacer obras de amor y misericordia, y vosotros sólo pensáis en explotarlo, hijos míos, en hacer desaparecer mi nombre de él. ¡Pobres almas! ¿De qué os sirve la apariencia y los galardones terrenos? Y vosotros, hijos míos, no os amedrentéis, porque los hombres de mala voluntad fomentan el poder para hacer el mal y para dividir los pueblos.

     ¡Ay, hijos míos, no habéis querido beber las gracias que se han derramado en este lugar! ¿Cómo habláis, hijos míos, que sois demócratas y hacéis unas leyes a vuestro antojo y perseguís a los cristianos? ¿Dónde está la libertad, hijos míos? Sois dictadores y siempre os habéis quejado de la dictadura. ¡Pobres almas! Para ser dictadores, hijos míos, tenéis primero que saber dictar. Habláis de paz y dentro de vosotros lleváis la guerra. ¡Ay, hijos míos, vuestros planes y vuestros proyectos serán derribados! ¿Pero cómo pensáis que Dios Creador tiene menos poder que vosotros? Los hijos de la luz no se rinden. Los cristianos fueron capaces de morir por Cristo, lo que vosotros no hacéis ni por vosotros mismos.

     Reuníos, hijos míos, de los cuatro continentes y orad en este lugar y haced penitencia por tantos males y tantas ofensas de los hombres de mala voluntad, que hacen a nuestros Corazones. ¡Ay, ingratos! Si queréis destruir, y vosotros, hijos míos, sois los que contamináis el agua para que los hombres no acudan a este lugar. Todos los manantiales del mundo son potables; es la gracia de Dios en la Tierra, para que los hombres beban y sacien su sed. ¿Cómo sois capaces de hacer daño, hijos míos, a criaturas inocentes y almas de buena voluntad que acuden a este lugar, dejando mezclar el cieno con el agua? ¡Pero qué rencores tenéis dentro de vuestro corazón, hijos míos, qué odios, os repito, por un pasado, que no os importa que caigan inocentes y perseguir a los hijos de la Iglesia por el hecho de ser cristianos, hijos míos! No han hecho otro daño contra vosotros, nada más que el de amar a Dios. Intentáis hacer desaparecer mi nombre y os dije que, dentro o fuera, no dejaría de manifestarme. No me moveré de este lugar, hijos míos, donde las almas reciben las gracias y donde tantas y tantas almas han llegado al Paraíso por medio de estas gracias, hijos míos.

     Sí, hija mía, los malvados no les importa calumniar, perseguir, difamar. Con la mentira quieren subir al poder; pero yo haré arrancar su rastrojo y sembrar un nuevo trigo donde salgan frutos buenos.

     Sois hierba seca, hijos míos, y quitaré las pocas flores buenas que quedan entre vosotros y las trasplantaré entre el trigo bueno.

 

     LUZ AMPARO:

     ¡Ten compasión de ellos, Madre mía! También te pido por ellos. ¡Ellos también tienen un alma!

 

     EL SEÑOR:

     Hija mía, si ellos abrieran sus labios para pedir perdón, mi Corazón está abierto de par en par para todos los hombres, pero la cizaña es mala, hija mía, y perjudica la cosecha. Están haciendo desaparecer todas las cosas que elevan el alma a la Divina Majestad de Dios. ¿Qué han hecho de la Creación, de los campos, si todo lo que eleva el espíritu quieren destruirlo, hija mía? El mundo cada día va peor, porque los hombres de mala voluntad gobiernan sin Dios y, sin Dios, el hombre no tiene sabiduría para gobernar. Quiero que se construya en este lugar una capilla donde día y noche esté expuesta la Eucaristía olvidada por los hombres. Y sigo pidiendo una casa de amor y misericordia.

     ¿Pero, vosotros os preocupáis por los necesitados, hijos míos? Decís que ayudáis a los que os necesitan y cada uno vivís cómodamente en vuestros hogares sin echar una mano al necesitado; sólo os importa hacer desaparecer todo principio religioso.

     Os dije, hijos míos, que estaban trabajando en la oscuridad y saldría a la luz. La luz la ven tiniebla y la tiniebla la ven luz; la verdad la ven mentira y la mentira la ven verdad. Yo descargaré mi cólera sobre ellos y pondré mi mano, y les haré beber de la misma amargura que ellos hacen beber a los cristianos.

     ¿Hasta cuándo vais a estar con esos odios y esos rencores contra la Divina Majestad de Dios? ¡Ay de vosotros, hombres de poca fe, que queréis arrastrar a los hombres al camino de la mentira y de la destrucción! ¿Cómo un ciego puede guiar a otro ciego? ¡Si estáis ciegos, hijos míos! Y esto os lo dice el Hijo de Dios vivo. ¿Y quién sois vosotros para decir dónde la Divina Majestad de Dios tiene que hacer su manifestación o dónde queréis que me manifieste, hijos míos? ¿Os tiene que pedir todo un Dios a vosotros, creaturas, dónde y cuándo el Creador puede y debe hacer sus obras?

     Yo he permitido que mi Madre se manifieste en este lugar para avisar a los hombres la verdad del Evangelio, y quiero que todos os reunáis en él y que nadie os amedrente ni os asuste, hijos míos. La fuerza la lleváis dentro, porque lleváis a Dios, y los hijos de Dios no se rinden ante las injusticias.

     Hija mía, yo amo a todos por igual, pero ellos desprecian nuestros Corazones, nuestras gracias y no quieren dones divinos. Quieren resplandecer en la Tierra y les importan los galardones y los halagos terrenos; no quieren eternidad, y por eso se quedarán en el tiempo.

     Orad mucho y luchad con humildad, y amad a la Iglesia con todo vuestro corazón. Amad al Papa, hijos míos, y reuníos como los primeros cristianos. Todos unidos, todos juntos, defended la palabra de Dios.

     Mira cuántos bienaventurados han llegado a este lugar, por medio de tantas y tantas gracias como han recibido. Y muchos de ellos, sí, porque han bebido del manantial.

     Pero, ¿cómo podéis decir que no es potable el manantial, cuando años y años y peregrinos de todos los lugares han bebido de él? Ésa es vuestra jugada, hijos míos: cerrar el manantial, para que los hombres no acudan a rezar. ¿No pensáis que los hombres de buena voluntad acuden a este lugar sin manantial y con manantial?

     Seguid luchando, hijos míos; y el arma del Rosario es poderosa contra los enemigos de la Religión. Acercaos a la Eucaristía y confesad vuestras culpas, hijos míos, y estaréis fuertes para vencer todas las batallas. Que no os venzan, hijos míos, que os dije que os perseguirían y os rodearían con aguijones de avispa, y eso están haciendo, hijos míos. ¡Hay tantas cosas donde preocuparse y sólo se ocupan de vosotros y sólo os persiguen a vosotros! ¿Por qué, hijos míos?, por un solo fin: por ser hijos de Dios. Sed fuertes y animaos unos a otros. Intenten lo que intenten hacer a este lugar, no dejéis de acudir a él.

 

     LUZ AMPARO:

     ¡Ay, Dios mío, ay, qué grandeza! ¡Ay, cuánta grandeza!

 

     LA VIRGEN:

     Todo para los bienaventurados.

     Desde ese lugar también ellos os ayudarán a no hacer desaparecer el nombre de aquí.

     Sed humildes, hijos míos, y amad a vuestros enemigos; pero con la lucha del rezo del Rosario, que es lo que va contra Satanás.

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los moribundos, hijos míos. Todos estos rosarios son bendecidos con grandes bendiciones para la conversión de los pecadores.

     Invocad al Espíritu Santo, hijos míos, que de Él recibiréis los dones y la luz para actuar como hijos de Dios. No hagáis lo que hacen los hijos de las tinieblas en sus escondrijos: maquinar el mal para emplearlo contra sus hermanos. Que os conozcan por el amor.

     Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.