MENSAJE DEL DÍA 7 DE NOVIEMBRE DE 1992, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

 

     EL SEÑOR:

     El fuego de mi amor, hija mía, ha traspasado tu corazón...

 

     LA VIRGEN:

     Aquí estoy, hijos míos, como Madre de dolor, pero también vengo llena de amor. Gracias, hijos míos, a todos los que habéis correspondido a esta gran Obra. Os dije hace tiempo, hijos míos, que querían hacer desaparecer mi nombre de este lugar. No lo permitáis, hijos míos. Orad y luchad para sacar mi Obra adelante.

 

     EL SEÑOR:

     Yo soy el Hijo de Dios vivo, hijos míos. Y vengo a repetir a los hombres cómo se disputan un lugar sagrado. Unos para beneficio, otros para hacer desaparecer mi Nombre y el nombre de mi santa y pura Madre. Yo me manifesté en este lugar e hice manifestarse a mi Madre. Como Dueño y Corredentora, porque donde está el Hijo, está la Madre; Ella es Corredentora conmigo y yo soy el Redentor. Todo me pertenece porque todo fue creado por mis manos. ¿Cómo sois capaces, hijos míos, de negociar tantas veces con este lugar sagrado? ¡Ay, aquéllos que os llamáis católicos practicantes y no sois capaces de dar un pequeño trozo de vuestra hacienda para los fines que pido, hijos míos! ¿No sabéis que soy dueño de vuestras vidas y de vuestra hacienda, y que os puedo dejar sin vida y sin hacienda? ¡Ay, qué poco correspondido soy a tantas gracias como os he dado, hijos míos! No os falta de nada, y vuestro corazón está pendiente de atesorar y atesorar en la Tierra.

     Y vosotros, apóstatas, que habéis renegado a vuestra fe y no habéis querido cumplir las leyes de Dios, ¿cómo vais a ser capaces de cumplir bien las leyes de la Tierra?, con engaño y con mentira, hijos míos. También a muchos de vosotros habéis recibido gracias suficientes para seguir mi camino y habéis apostatado de la fe de Cristo. No sentiré dolor por vuestros males ni oiré vuestros gritos, hijos míos; he venido a vosotros y vosotros no me habéis correspondido. ¡Ay, pueblo ingrato, cuando os presentéis ante mí os gritaré!: “¡Fuera de aquí, que no sois de mi estirpe!”. ¡No pensáis nada más que en materiales corruptos, y habéis abandonado lo incorrupto! ¡Ay, pobres de vosotros cuando os presentéis ante mi divina mirada! Seréis rechazados, porque os he dado mucho, y ¡qué mal habéis correspondido a ese amor! Yo pedí el corazón de algunos de vosotros y vosotros habéis convertido vuestros corazones en bloques de hielo y en destrucción. No habrá excusas cuando os presentéis ante mí, porque habéis tenido una buena enseñanza. ¡No os habéis dejado dirigir por Dios, vuestro Creador, y os dejáis dirigir por criaturas ciegas! Que ¿dónde os pueden guiar esas criaturas? Si un ciego nunca puede guiar a otro ciego a la luz, porque los dos carecen de esa luz.

     ¡Ay, dictadores de vuestras propias familias, que ni amáis a Dios ni dejáis que ellas lo amen! ¿No os da pena, hijos míos, de enseñar a vuestros propios hijos a renegar de Dios? Yo di una libertad al hombre, ¿por qué vosotros se la quitáis? Vivid mi verdadera vida y seguid mis pasos y escuchad mi dulce voz desde la cuna de Belén, que siendo el Hijo de Dios, Rey de reyes, nació pobremente para enseñar a los hombres que las riquezas no son buenas para el alma.

     Muchos de vosotros decís que vuestro ideal es ayudar al pobre. Hipócritas fariseos, vivís para vosotros mismos y construís vuestras grandes casas sin pensar en el necesitado ni en aquél que tiene hambre y os pide ayuda. ¡Ay de vosotros engañadores!

     Este lugar me pertenece a mí, como toda la Tierra, y yo escojo el lugar que quiero. ¿Quién sois vosotros para decir si aquí o allí, si yo lo he creado todo? Sois como el pueblo de Israel, hijos míos, y seréis castigados como el pueblo de Israel. No me compadeceré de vosotros ni oiré vuestros lamentos, si vosotros no sois capaces de humillaros ante vuestro Creador. Todo el que dice vivir mi vida y no practica los mandamientos, vive una vida falsa. Y vosotros, dueños de esta hacienda, teníais que estar dando gracias de que el mismo Dios mandó a su Madre a posarse en este lugar, y que alguno de vosotros podíais estar siendo pasto de gusanos y habéis recibido gracias suficientes haciendo volver a la vida; y todavía vuestra soberbia y vuestra avaricia... ¿No lo entendéis, hijos míos, que habéis recibido gracias suficientes para dar gracias? No discutáis más y dad a Dios vuestro Creador lo que os pide. Vivís en la abundancia y no os acordáis del rico Epulón. Mira dónde se encuentra el rico Epulón, hija mía; ¿de qué le sirvieron tantas riquezas y tanta servidumbre si su corazón estaba endurecido y no daba ni las migajas al pobre Lázaro? Pero mira, hija mía, el pobre Lázaro hoy es el rico Lázaro, y el rico Epulón hoy es el pobre Epulón. No estéis tan afanosos y penséis tanto en el dinero, hijos míos. Yo pido vuestro corazón para poner en él fuego de amor y para que viváis el Evangelio según está escrito, hijos míos. Recapacitad, hijos míos, todavía estáis a tiempo.

     Y vosotros, apóstatas, es grave apostatar de vuestra fe. No seáis dictadores y dejad a vuestros hijos libremente que sean bautizados y vivan el camino del Evangelio. ¿Cómo renegáis de Dios si sois criaturas del Creador? Despertad, hijos míos, yo he venido a vosotros y vosotros no me habéis oído. No enseñéis a vuestros hijos el camino de la destrucción y del engaño. Dejadlos vivir como buenos cristianos.

     Y vosotros, todos los que acudís a este lugar, hijos míos, vivid el Evangelio, ayudad a vuestros hermanos, amad a la Iglesia, que la Iglesia es de Cristo. No os fijéis tanto en las faltas que los guías del Pueblo cometen. Pedid por ellos, hijos míos, y mirad vuestras propias faltas; ayudad a la Iglesia de Cristo, amad mucho al Vicario de Cristo; no tiene fuerzas para seguir luchando y caminando. Pedid por él, hijos míos.

     Haced sacrificios y penitencias, y amaos unos a otros como yo os he amado; éste es el mandamiento principal de la Ley de Dios. El que ama no hará daño a nadie, ni querrá intereses ajenos ni los suyos propios; repartirá con los demás lo que ha recibido.

     Tú, hija mía, grita y extiende el mensaje por todo este pueblo y grita que es como el pueblo de Israel, y como el pueblo de Israel será castigado porque he derramado gracias suficientes y han cerrado los oídos. ¿Hasta cuándo quiere el hombre que Dios Creador se humille a la criatura?

     Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los pobres pecadores... Todos han sido bendecidos, hijos míos. Y bendigo a todos los que acuden a este lugar con bendiciones muy especiales...

     Humíllate ante Dios tu Creador, hija mía... La humildad es un don muy especial para el alma.

     La paz os dejo.